Un pedazo de historia atrapado en el tiempo


13/12/2018

Un pedazo de historia ha quedado detenido en el tiempo. A un costado del céntrico y recién restaurado Parque de la Libertad, y a pocos pasos del Hotel Louvre, una porción del siglo XIX escapa de entre tanta modernidad, ahora afianzada por el halo de la wifi que parece inundarlo todo en la ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas, que acaba de cumplir sus 325 años de fundada.


Museo Farmacéutico de Matanzas. Fotos de la autora

 

Allí cada objeto ocupa su lugar primigenio. Las 1 276 vigas que sostienen la estructura, resguardan tesoros inigualables, imposibles de encontrar en su conjunto en cualquier otro sitio del orbe.

Colecciones importantísimas de porcelana encargadas especialmente a orfebres para este lugar, una bella escalera de mármol de Carrara que conduce a la casa, y la mesa dispensarial diseñada por el propio doctor Triolet, son algunos de los elementos que resaltan y atraen a los curiosos, que no esperan encontrar rastros del país galo en la ciudad.

El Museo Farmacéutico de Matanzas es la única botica francesa de finales del siglo XIX, original y completa, existente en el mundo. Fundada en enero de 1882 por el Doctor Ernesto Triolet, quien decide trasladarla desde Sagua la Grande hasta la Atenas de Cuba, se convierte en 1964 en museo al ser donada a Patrimonio por su hijo, el Doctor Ernesto Triolet Figueroa, quien trabajó allí hasta su muerte en 1979.

Cuentos que son historia…

En la amplia reja que establece el paso a otra época, da la bienvenida una de las guías. Ella se encuentra capacitada para mostrar cada rincón, pues una particularidad del sitio es que todas las visitas son dirigidas, al no existir los pies de exponentes característicos de otros museos. Sin embargo, no se puede hablar de la institución sin conversar con Marcia Brito, su directora por más de tres décadas.

Sin tentar mucho a la memoria puede narrar episodios increíbles de la familia Triolet Figueroa o de cada una de las ocho salas existentes, con una humildad tremenda que incita a escucharla, porque cuando la historia es mostrada como un cuento, atrapa y estimula.

A través de ella supe de la predilección de los dueños de la botica por las ciencias. La doctora Dolores de Figueroa, esposa de Ernesto, fue la primera mujer farmacéutica de Cuba, graduada en la Universidad de Nueva York y pionera en establecer en 1886, en su tesis de doctorado, la composición de las aguas de los manantiales de la Purísima Concepción, hoy conocido como Ciego Montero.

De esta unión nacieron tres hijos: Alfredo, Ernesto y Celia. Los dos primeros se dedicaron también a la actividad científica, mientras que su única sucesora se inclinó por las artes plásticas, de ahí que conserven una sala con su nombre, en uno de los entresuelos donde antes estuvo su estudio. Allí se exhiben y venden piezas de vitral confeccionadas con la técnica tifian por artistas restauradores, quienes tienen su taller en la última planta, perteneciente antiguamente al secadero de hierbas.

Mientras dialoga, el oyente quiere saber más de lo que encierran las antiguas, pero bien preservadas paredes, porque en el Museo no se ha variado ni la más mínima pieza desde que el 16 de enero de 1964 cambió sus funciones.

Un museo excepcional

De una de las salas la llaman: una pareja de peruanos quiere saber qué contiene uno de los frascos. “Es veneno de alacrán”, y explica el procedimiento para obtenerlo; mientras, pienso que quizás contemplo una de las pócimas más añejas del mundo.


 

“Este resulta un museo especial”, me dice al reanudar la entrevista. “No es montado. Los locales tienen la misma estructura que en el momento de fundación de la botica y conserva todos sus bienes patrimoniales. Sus frascos se encuentran en el mismo sitio y contienen los productos originales hasta la fecha en que funcionó.

“Las colecciones son únicas, de alto valor patrimonial, y poseen un carácter excepcional. Tal es el caso de los libros de asentamientos de recetas, de los cuales se conservan 55 tomos en los que se describen por días las fórmulas preparadas, el nombre del médico que las prescribía, la composición, el uso, el precio y el número consecutivo de todas ellas, llegando al millón y medio.

“Además, guardamos el instrumental original hecho en cobre y bronce, con un perfecto estado de funcionamiento. También, una colección de más de 400 000 etiquetas, más de 146 000 frascos de cristal realizados para esta botica y la colección de frascos de farmacia más numerosa del mundo perteneciente a una misma botica, confeccionados en Nueva York”.

A ello se une el placer de observar los valores artísticos del modo de presentación del producto farmacéutico en aquella época, así como la belleza de las estanterías y del inmueble construido en solo 10 meses.


 

“Cuando se inaugura la Torre Eiffel, el Doctor Triolet lleva 11 productos patentados por él a la Exposición Universal y obtiene medalla de oro; todo eso lo guardamos aquí”, añade como si fuera poco el patrimonio que atesoran.

Un soplo de modernidad

Si bien es incalculable el valor que encierra el céntrico inmueble de la calle Milanés, ¿qué sería de él sin sus visitantes? Solo historia contenida. Por eso llevar a la comunidad los valores que resguardan es un objetivo cardinal para sus trabajadores.

“Se realizan actividades con los centros docentes, las escuelas vinculadas a las ciencias médico-farmacéuticas de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, con centros especiales, y del mismo modo en la periferia de la ciudad, hacia donde nos trasladamos con piezas, colecciones, conversatorios, conferencias, y formamos círculos de interés a través de los cuales niños y jóvenes se vinculan al trabajo museológico”, explica Marcia.

“Un museo es un lugar complejísimo. Cada pieza lleva procesos de conservación —en este caso muy especializados—, de inventario y documentación, vinculados al trabajo de investigación y eso lo socializamos”, añade.

Desde otros lares llegan visitantes franceses, latinoamericanos, canadienses, rusos y norteamericanos, fundamentalmente estudiantes de universidades, grupos de científicos y artistas, incluidos en las categorías que pueden visitar Cuba.  

También se encuentran inmersos en los preparativos para presentar a la Unesco un expediente con el propósito de declarar la institución Patrimonio Cultural de la Humanidad, ya que reúne los requisitos para ello. Un elemento importante es que la plaza donde se sitúa el Museo se haya mejorado constructivamente, pues ese ha sido uno de los frenos para alzarse con la condición en otros momentos. De ser así se convertirían en el primer Museo Farmacéutico cubano que tuviera esa categoría.


 

“Ya presentamos a la Unesco el expediente para que los libros de asentamiento de recetas formen parte de la memoria mundial. Esperamos que se apruebe sin ninguna dificultad”, amplía la directora de la institución.

En la actualidad se involucran en la jornada dedicada al aniversario 55 del Museo, que se extenderá hasta mayo de 2019, y está dedicada al doctor Eusebio Leal Spengler, uno de los defensores más auténticos del patrimonio y de esta botica que ama y disfruta.

Casi al final del largo diálogo, encuentro la frase ideal para culminar este reportaje y que demuestra la esencia de esta mujer que ha dedicado su vida a proteger el legado de una familia a la historia de la humanidad. “El Museo no tiene sentido si la gente no lo conoce, lo visita, lo ama y lo reconoce como parte de su identidad. Eso para nosotros es lo más trascendental”.

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