Cada presentación de la Orquesta Sinfónica de Holguín es un acto de iniciación, asegura el maestro Oreste Saavedra, al frente de un colectivo que celebra su aniversario 21 apostando por el rigor interpretativo y la osadía en sucesos que marcan el ritmo cultural de una ciudad como Holguín, acostumbrada a momentos de alto valor artístico.

Oreste apostó por Fiesta Sinfónica, un proyecto que, ya en su tercera edición, reúne el esfuerzo de los músicos y la vocación pedagógica y humanista de la Orquesta, con la audacia de lograr un espectáculo que desplace al colectivo de sus escenarios habituales hasta espacios públicos y hacerlo junto a reconocidos intérpretes, poetas y otros invitados.

“Contar con una agrupación de estas características requiere la convergencia balanceada de varios factores en un mismo espacio de tiempo y lugar; pues no basta con tener un personal con el rigor técnico-musical adecuado, sino que es necesario sostener un proyecto motivador y aglutinador para los artistas y el público en general. Hay que pensar, además, en la madurez artística necesaria para abordar un repertorio que ya ha sido versionado hasta la saciedad con interpretaciones legendarias, y que debe asumirse con conocimiento de causa y sin concesiones artísticas”, comenta Saavedra.

Fiesta Sinfónica regresó al parque Carlos Manuel de Céspedes, más conocido como San José, frente a la vetusta iglesia católica y en las cercanías de El Angelote, monumento que ha sido testigo del crecimiento poético holguinero, pues a sus pies muchos de los más reconocidos bardos de la provincia han leído sus versos. Por eso y por la necesidad de la poesía en el sustrato de los pueblos, Saavedra apostó por que varios poetas acompañaran con sus versos, articulando una fluida dramaturgia entre música y literatura, la interpretación del repertorio por la Orquesta y los solistas invitados, en un concierto que recordó al Poeta Nacional Nicolás Guillén en el 120 aniversario de su natalicio, y nos demuestra la madurez de una de las instituciones más importantes de Holguín.

Lourdes González, Eugenio Marrón, Manuel García Verdecia y Luis Yuseff leyeron su obra, mientras caía la tarde y la noche, los sonidos y las sensaciones se adueñaban del parque.

Fiesta Sinfónica es “compartir el regalo de la música y sacar a la orquesta a la calle (…)”.

“Desde la idea fundacional —comenta Oreste Saavedra— el proyecto nació confiando en sus perspectivas futuras de desarrollo y ha tenido que bregar en medio de tiempos de escaseces; no solo materiales, sino espirituales y de valores. Pasados estos años, todavía nos estamos refundando. Todavía tocamos puertas para sensibilizar a factores decisores. Todavía soñamos música. El proyecto, más que pretencioso, era casi un imposible. ¿Cómo abordar un repertorio de alto nivel con una orquesta en constante formación? La orquesta es, además, un proyecto educativo con una vinculación directa al sistema de enseñanza artística. Ahí estaba la clave: convocar a los estudiantes que en un futuro cercano o a largo plazo integrarán las filas de nuestro colectivo. Si a esto le añadimos la presencia de voces emblemáticas y colectivos artísticos de nuestra ciudad, tendríamos los elementos ideales para una propuesta de alto vuelo”, como lo fue esta Fiesta Sinfónica.

Para ello la Orquesta vinculó a los diferentes niveles del sistema de enseñanza artística en la provincia: estudiantes de la Escuela Elemental de Arte Raúl Gómez García se integraron, con sus instrumentos, a la Sinfónica, de la misma manera que alumnos del Conservatorio José María Ochoa, y estudiantes de canto lírico de la filial de la Universidad de las Artes (ISA) interpretaron y escenificaron el clásico “Over the rainbow”, del musical El mago de Oz, que el propio Saavedra tradujo y arregló para el concierto. El espectáculo —auspiciado por la Dirección Provincial de Cultura y la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos Faustino Oramas— ayudó a la formación integral de estos jóvenes músicos, cantera de las próximas generaciones de creadores, y en un futuro, integrantes de la agrupación y de otras de la provincia y el país.

¿Cómo hacer arte y a la vez un espectáculo atractivo que nos haga cómplices de un momento de celebración y alegría? “Nos dimos a la tarea de poner en un mismo programa piezas de nuestro repertorio habitual de música de concierto y buscar nuevos arreglos y temas de música latinoamericana y mucha música cubana”, nos dice Oreste. Es así como confluyeron piezas del repertorio habitual de música de concierto con nuevos arreglos y temas del pentagrama latinoamericano y cubano; y clásicos internacionales interpretados por importantes orquestas del mundo, acompañaron a canciones que se sumergen en la sensibilidad de nuestra nación, en las honduras del alma cubana: desde “Variaciones Enigma IX”, de Edward Elgar; la “Danza ritual del fuego”, de Manuel de Falla, y “Oh melancolía”, de Silvio Rodríguez, en la voz de Nadiel Mejías. De la misma manera que “Son sencillo No. 6”, de Carlos Fariña, precedió a “Quiéreme mucho”, de Gonzalo Roig, interpretado por Indira Estévez, y “Danzón,” de Alejandro García Caturla, con el acompañamiento del Club del Danzón de Holguín. El programa de Fiesta Sinfónica incluyó, además, “Este amor que se muere”, de Juan Formell, por Nadiel Mejías; “Imagine”, de Lennon, en arreglo del maestro Joaquín Betancourt; “Volver”, de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, por Camilo Hijuelos; “Por quien merece amor”, de Silvio Rodríguez, en arreglo de Pucho López y en las voces de Indira Estévez, Eyesmela Diéguez, Helen del Río, Isabel Torres Rodríguez y Camilo Hijuelos, para concluir con un sugerente “Mambo” de Leonard Bernstein, y “Estampa de mi ciudad”, tema del propio Oreste Saavedra que unió en escena a los participantes del concierto.

Para Saavedra —quien es, además, el director artístico y general del proyecto— Fiesta Sinfónica es “compartir el regalo de la música y sacar a la orquesta a la calle. Es invadir el espacio público general, desde la perspectiva de nuestro quehacer, con una propuesta que, aunque no satisfaga todos los gustos, muestre diversas facetas de nuestro trabajo. Todas las grandes capitales y mecas musicales tienen proyectos similares y han fomentado la cultura de escuchar, y no tan solo oír, la música. Y también los realizan en espacios emblemáticos, patrimoniales y de larga tradición cultural. Nosotros decidimos aventurarnos y arriesgar” para “juntos abstraernos al mundo de los sonidos, timbres y sensaciones” y “que compartamos un poco de nuestro tiempo y rescatemos la tradición de sentarnos en un parque, en medio de la agitada vida moderna, y no hablar de problemas, carencias o diferencias; pues quizás más importante que el lugar donde estemos, o incluso lo que creamos, es no olvidar jamás de donde vinimos, nuestra identidad”.

Este hecho de aventurarse y arriesgar —en la selección de los temas, la preparación y nivel interpretativo de los músicos, la concepción de espectáculo que engloba la dirección artística y va desde el diseño de luces y escenario, hasta los conductores en escena— es una de las grandes apuestas de la Orquesta Sinfónica de Holguín por nuestra cultura.

Fiesta Sinfónica, como aseguró el escritor Eugenio Marrón, acogió en Holguín en sonoro diálogo a los poetas, los solistas y los músicos de la agrupación, y resultó un espectáculo digno de cualquier gran ciudad de América Latina y de otras partes del mundo. La Orquesta Sinfónica de Holguín, en su constante refundación creativa, sueña música y vida. Fiesta Sinfónica, en su tercera realización, constituyó un alto momento para el colectivo y nuestra cultura, cuyos ecos cuajarán en futuras ediciones al pie del Angelote protector.

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