Una historia de parrandas

Mairyn Arteaga Díaz
20/12/2018

 Parranderos de la Región Central de Cuba festejan la declaratoria como Patrimonio Cultural
Inmaterial de la Humanidad. Fotos: Arelys María Echevarría Rodríguez

 

Desde el surgimiento mismo de la parranda, allá por el Remedios de 1822, ninguna noticia tuvo tal relevancia para la tradición como la declaratoria, en noviembre de este 2018, del Complejo Parrandero de la Región Central de Cuba como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconocimiento que otorgara la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Con vítores recibieron los parranderos la buena nueva y el 14 de diciembre último, durante la entrega oficial del título, Remedios volvió a ser cuna de un movimiento que se extiende a 18 poblados de las provincias de Villa Clara, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila; una jornada donde confluyeron las distintas formas de hacer y sentir la parranda y donde, quizás por primera vez, barrios contrincantes entre sí, se unieron para dar vida a un jolgorio gigante que superó los límites de toda geografía.

En la región central de la Isla se mantiene vivo un hecho cultural de casi 200 años.
 

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Cuentan que fue en un año de mucho frío cuando nacieron por casualidad las tradicionales fiestas: corría 1822 y el fraile Francisquito tuvo la brillante idea de reunir a un grupo de muchachos de los alrededores de la parroquia, quienes, armados con latas y palos, recorrieron la villa en pos de despertar a los feligreses para la Misa del Gallo.

Desde ahí, lo que fuera un ingenuo incentivo para una celebración religiosa devino una de las tres celebraciones más populares de Cuba, junto a los Carnavales de Santiago y las Charangas de Bejucal.

Y hasta hoy, Remedios no puede vivir sin sus parrandas. Divididos fundamentalmente en dos barrios: El Carmen y San Salvador, los habitantes de la ciudad se toman muy en serio su condición de rivales por un día; relatan algunos que en una casa donde haya un matrimonio mixto, dígase un carmelita y un sansarí, hay divorcio durante la jornada, aunque a la siguiente se hagan las paces.

Cada elemento juega un papel fundamental en los festejos: la música, las carrozas, los trabajos de plaza, los voladores y su estrépito casi de guerra. Y así, se repite el panorama en cada una de las 18 comunidades que conforman el complejo.

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A 179 metros sobre el nivel del mar, en las Alturas de Bamburanao, se encuentra Buena Vista, localidad perteneciente al propio Remedios y que viera nacer las parrandas alrededor de 1901. Ana María Ruiz, 75 años, nacida en La Sierra y fanática de este barrio, ha pasado por varios de los roles que componen la fiesta y todavía se siente orgullosa de este momento que constituye para Buena Vista, su mayor suceso cultural.

Ana María Ruiz, parrandera nacida en La Sierra, Buena Vista, se siente orgullosa
de formar parte de las celebraciones más populares de Cuba.

 

Dice Ana María que del poblado venían los habitantes hasta Remedios para disfrutar del 24 de diciembre, y que así se sembró la semilla que un buen día hizo que el peninsular José Anastasio Gómez armara, en el centro del pueblo, algo que él llamaría el primer trabajo de plaza de Buena Vista. El armatoste no tenía figura concreta, pudo haber sido la máquina de volar de Da Vinci o alguna especie de pájaro, pero Gómez lo alumbró, lo llenó de andariveles y, a la luz de mechones, celebraron los vecinos con vivas a Gómez y a su ocurrencia.

Desde entonces cada segundo sábado de noviembre salen La Sierra y La Loma a regalar el espectáculo que, con sus altas y bajas, se realiza con el mismo entusiasmo y desprendimiento de antaño, porque eso, dice Ana María, es lo principal para que la parranda suceda.

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Ahora, Dixán González es el proyectista del barrio Occidente, el del perro, en las parrandas de Zaza del Medio, Sancti Spíritus. Dixán es nacido y simpatizante del Oriente, el del chivo, y las circunstancias lo han obligado a elegir, por sobre todo, la tradición. Sí que ha perdido amistades de toda la vida, y al principio tenía que hacer caso omiso a los comentarios esos de “qué hace aquí ese chivo” y cosas por el estilo, pero lo enorgullece que la parranda siga más allá de afinidades con uno u otro bando.

 Dixán González, proyectista del barrio Occidente, en las parrandas de Zaza del Medio, Sancti Spíritus.
 

En Zaza del Medio la celebración se hizo habitual en el año 1930, dicen que por unos remedianos que se habían asentado en la zona para trabajar en la industria tabacalera. Antes, los barrios se identificaban con el río y la loma, pero desde 1970 cambiaron a los actuales apelativos. De todos los pueblos parranderos, es tal vez Zaza del Medio el que más obstáculos ha tenido que enfrentar para llevar a cabo el jolgorio; sin fecha fija para hacerlos, quizás la más constante sea el último fin de semana de marzo o el primero de abril.

Por eso Dixán espera que ahora, tras la declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, sea tomada la parranda con más seriedad por las autoridades competentes y tenga un día solo para ella, lo que, a fin de cuentas, es beneficioso en temas de proyecciones y planificación.

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La noche del 14 de diciembre de 2018 las piezas de fuego surcaron el cielo en tributo a cada pueblo que mantiene vivo un hecho cultural de casi 200 años. Treinta y seis morteros rompieron el silencio, las congas recorrieron la plaza José Martí de la octava villa, los estandartes, banderas e insignias se avivaron entre la multitud que celebró con júbilo la mayoría de edad de quien ha sido padre, hijo, sitio de esparcimiento…

De suceso histórico lo calificó Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, y se habló de las parrandas como esas fiestas impregnadas de un carácter profundamente popular, lo que se refleja en sus trabajos de plaza, carrozas y el arte de la pirotecnia, donde cada portador se convierte en un artista, en un creador del diseño, la música, la danza, la arquitectura.

Para Erick González, director del Museo de las Parrandas, institución rectora de la celebración en el centro del país, el nombramiento, más allá de ser el anhelo cumplido de los parranderos, representa un compromiso, no solo para las comunidades portadoras que ahora deben emprender nuevos caminos desde otra perspectiva, sino también para los gobiernos locales y la dirección del Partido en cada uno de estos sitios, pues al ser la Isla un Estado parte de las convenciones de la UNESCO, debe asumirlas con una responsabilidad mayor.

Erick González, director del Museo de las Parrandas, institución rectora
de estas celebraciones en el centro del país.

 

Por lo pronto, este 22 de diciembre arrancarán las parrandas de Punta Alegre, en Ciego de Ávila; y el 24 Remedios desplegará las suyas en un año que se recordará tanto como aquel de 1822 en que el fraile Francisquito llamó a la misa del gallo a fuerza de música y algarabía.

 

Pueblos parranderos de la región central de Cuba

AÑO LOCALIDAD BARRIOS
1822 Remedios El Carmen (la globa y un gavilán); San Salvador (gallo)
1892 Caibarién La Marina y La Loma
1894 Camajuaní Los Chivos y Los Sapos
1894 Placetas Zaza y Fortún
1894 Zulueta Guanijibes y La Loma
1896 Yaguajay Sansarí y La Loma
1900 Vueltas Jutíos (gavilán) y Ñañacos (gallos)
1901 Buena Vista La Sierra y La Loma
1904 Mayajigua La Campana (gavilán) y Puerto Arturo (gallo)
1910 Encrucijada Chivos y Sapos
1913 Punta Alegre El Yeso y La Salina
1923 El Santo Carraguao y Pavo Real
1923 Taguayabón Gallo y Gavilán
1924 Calabazar de Sagua Sapos y Chivos
1925 Guayos Cantarrana y La Loma
1930 Zaza del Medio Oriente (chivos) y Occidente (perros)
1935 Chambas La Norte (gallo) y Narcisa (gavilán)
1940 Quemado de Güines La puya y El Perejil