Tenía miedo de que no se cumpliera la voluntad de la verdad o la verdad misma cuando concurrí, con los otros dos miembros del jurado, a deliberar el Premio Uneac de Poesía correspondiente al año 2012. Pero me equivoqué. Otros ojos, otra mente, fueron capaces de tener en cuenta una poesía en prosa escrita “sin ese drama autoconsciente que parece ser una parte constitutiva de ella. De modo que, si es poética, lo es probablemente porque trata de mantenerse cerca del modo en que hablamos y pensamos, sin esperar que lo que decimos sea recordado o registrado”, donde el pathos y la vitalidad de la comunicación humana ordinaria se convierten en poesía.[1] Nos referimos a Osos,[2] de Larry J. González, quien  también obtuvo el Premio David. Como un rasgo indudable de pertenencia de su autor a la más joven generación literaria, aquí se niega la enunciación lírica, pero se predica y protege lo imaginario, que —aunque semeja un territorio de azar— también establece un orden. Asimismo, en muchas ocasiones la disposición elíptica de lo que narra aproxima el discurso a la enunciación poética.

“Un solitario que pasa, describe, siente y abandona”.

Para la composición del libro se nutre de lo rizomático: no sigue una manera preconcebida o uniforme, ensaya muchas, casi todas atrevidas, sobre tribus urbanas. Desfilan y son protagonistas de sus páginas fisiculturistas, tatuadores, prostitutas, miquis, gays, entre otros arquetipos, conformándose una especie de enciclopedia que el escritor concibe y conforma, a fin de cuentas, como un solitario que pasa, describe, siente y abandona. Así, crea ficciones con las noticias que lee en la web, que terminan siendo más bien realidades recreadas por la imaginación, por ejemplo, sobre grandes magnates de la moda, top models, actores porno, etc.[3] Pues, como afirman los estudiosos sobre el tema en la actualidad, el aumento de la variedad de tribus urbanas se debe fundamentalmente al considerable incremento de la accesibilidad a la información por diferentes vías: internet o la introducción desde diferentes países de productos de comunicación audiovisual. Estas asociaciones espontáneas comparten un mismo estilo de vida (forma de vestir, peinado, gusto por un género musical, modo de comportamiento y proyección social, empleo del tiempo libre, entre otros factores). La imaginación, equívoca o certera, poetiza un mundo —la imaginación crea el misterio—, y las asociaciones no son ya filosóficas sino instintivas, en las que la ironía y el humor se invierten —fábula y cinismo empiezan a ensancharse juntos, fábula y vida cotidiana desgastante. Así, el tatuaje puede convertirse en un amuleto protector para la vida. En tal sentido, en la simbiosis entre forma y contenido que teje sobre estas realidades, inusuales dentro del hecho poético, legitima el relato inconexo o casi absurdo, ocurren escamoteos escalonados o continuos de los hechos, como manera inusual de contar la historia, donde abundan los argumentos fragmentarios, interrumpidos o irruptores, y se percibe el golpe nulo o camuflado de la consecutividad. El mosaico aparece como lo narrativo. “Lo indeterminado o discontinuo y la temida pérdida de una perspectiva única son característicos”[4]de este poeta que avanza entre las poéticas experimentalistas posmodernas o carnavaliza hechos sagrados e instituciones de prestigio ancestral a través de una estética a veces tribal, a veces gay.[5]También utiliza elementos del habla coloquial para rebajar el efecto desgarrador de lo que cuenta. O logra el escamoteo de lo emotivo aludiendo a un acto de azar: la vigilia encontrada en la superficie efímera, demostrando, al decir de Eliot, su función como poeta en relación con el lenguaje vivo.[6]

“Utiliza elementos del habla coloquial para rebajar el efecto desgarrador de lo que cuenta”. Foto: Tomada de la página de Facebook de la Editorial Casa Vacía.

Se describe un mundo sórdido donde comerciar te lleva a conservar lo más preciado de ti, donde conservar es un acto dialéctico. Se recrea la realidad abismada, y el sujeto en seducción por sus múltiples orillas. En el mundo, realmente cerrado de las tribus urbanas, el protagonista —el yo personaje y narrador— halla su verdadera salvación, después de haberla intentado por vías más expeditas, en la reverberación de clímax y anticlímax. Es el tribal que va de tribu en tribu, y que, sin negarlas, se separa, “subido” sobre su propia historia, después de haber aprendido que ”respetar a los muertos es piedad; y el imperio, sea cualquiera en quien resida, nunca debe conculcarse. Tu independiente carácter te ha perdido”.[7] Entonces la ironía muere en un sarcasmo dulce, chic, contento de su intrascendencia. Aunque una profunda y a veces imperceptible amargura se advierte en la nimiedad del cinismo que cuenta. Pero el pathos se oculta con el pathos, con aquel que irrumpe cuando se teje con demonio un mundo verdaderamente poético.

“Larry logra la originalidad y la intensidad, y es fiel a una poética que construye una balada de lo impreciso”.

Por eso, amén de advertir la presencia en Osos de una ruptura conceptual, el mismo se conecta con la tradición, de igual modo, porque sigue la idea de Lezama de que la poesía encarna en la realidad, porque, aunque lograda con una frase coloquial, se muestra aquí, en varias ocasiones, la dicotomía alto/bajo como señal de superación —trascendencia— del sentido del dolor, de lo efímero mediante la escritura.[8]

“Pareciera que este poeta ha llegado para asombrarnos siempre”. Foto: Tomada del sitio web del Festival Internacional de Poesía de Medellín.

Confundir el pasado con el presente mixturando lo intrascendente del pasado y lo trascendente del presente es una de las maneras en que Larry logra la originalidad y la intensidad, y es fiel a una poética que construye una balada de lo impreciso, donde son consustanciales la alusión, los ocultamientos, la codificación, las referencias, sutiles o complejas, a elementos específicos de una subcultura, la carnavalización, entre otras formas, pruebas de las múltiples texturas de que hacen gala estas construcciones bien urdidas. Lo que habla a favor de su autor, si pensamos en otros poetas jóvenes cubanos, más interesados en decir que en potenciar su discurso. Un ejemplo puntual de dichas referencias sutiles son los motivos de índole homoerótica que aparecen en las formas  más insospechadas o escurridizas, por no decir casi siempre intelectivas, ofrecidas  o no desde la simulación, dígase una película sobre el tema, un actor, un famoso bar, un reconocido artista plástico con esa condición, el significativo travestismo del “yo lírico”, la irrupción de un anhelo, etc.  Pareciera que el texto tiene un destino incógnito como la realidad —he ahí una de sus mejores virtudes—, pues hay un relato metafórico detrás de estas historias cotidianas y tribales que entrega, del solo y su bestiario, que encarna como misterio en lo real. Pareciera que este poeta ha llegado para asombrarnos siempre y desde su preludio, pues los caballos vencedores son los que se ven en el momento de partir.   


Notas:

[1] Peter Stiff. Entrevista a John Ashbery en Confesiones de escritores. Poetas. Los reportajes de The Paris Review, El Ateneo, Buenos Aires, 1997, p. 26.

[2]  Larry J. González. Osos. Ediciones Unión, La Habana, 2013.

[3]  En estos textos el sujeto se desdobla: puede ser él después de haber sido aquel que se quiere ser, y que ha seguido o descrito desde su llamativa  vida dentro de los medios. En su cualidad de texto posmoderno, se narra aquí una historia paralela, no lo que pasa en la película, sino lo que ocurre en la vida de los actores mientras  la filman, y el protagonista, especie también de “yo lírico” toma la piel de una de sus actrices, en los derroteros de su imaginación y alguna que otra coincidencia en sus historias de vida. Véase en este sentido el poema “Melancholia”.

[4] Martín Rodríguez Gaona. “Pirografía: El fantástico naturalismo inconsciente”, en  Jonh Ashbery. Pirografía. Visor, Madrid, 2003, p. 9.

[5] Véanse los poemas “Las tres holy”, “La mikansia”, y “La Trata I”. También avanza con parodia y desacralización, revistiendo el desgarramiento.

[6]  Encontramos líneas muy narrativas, pero también muy poéticas —metafóricas— que hablan del talento de su autor: “Estoy sobre el vertedero porque voy a hacer fotos en lo que queda de nuestra casa frente a los raíles”. Ver “El Erizo (Primer Viaje)”.

[7] Parte del exergo de la sección recogida en el libro bajo el nombre de “Vegas”, y parlamento del Coro en Sófocles, que se constituye, a mi modo de ver, en poética del libro. Allí también encontramos un exergo construido con un préstamo abierto de Teoría del alma china de Carlos A. Aguilera,  o el aparente contrapunto entre los títulos —que pueden ser citas del libro de la cultura tribal— y el contenido del poema, algunos de los rasgos que prueban la naturaleza posmoderna de Osos.

[8] “Justo minutos antes de caer rendido me pego al techo”.

“Abro los ojos. / Subo a la segunda planta. / Escribo y veo el bosque. / (secuoyas)”.

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