“Como si fuera esta noche, la última vez…”

Una madre y su hija. Mercedes y Clara. Afectos, frustraciones, deseos, amarguras… todo se entrelaza para dar paso a reclamos, dudas, certezas, temores… para poner sobre la mesa la reflexión oportuna y necesaria sobre la violencia contra la mujer.

Las actrices: Yailín Coppola y Mariana Valdés. El teatro: la sede de la compañía Argos Teatro en La Habana. El público cercano. Los aplausos.

“La puesta es muy sutil, tiene un nivel elevado de minimalismo, es bella (…)”.

El pasado sábado 26 de marzo se estrenó la obra Como si fuera esta noche… El texto es de la española Gracia Morales, y con la producción de Argos Teatro y el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, la Coppola asume el reto de actuar y dirigir.

“Elegimos este texto por varias razones. La acción se centra en la relación entre madre e hija, y esta relación trasgrede los límites del espacio y del tiempo. Se habla del feminicidio, fenómeno que existe en el mundo y que, en nuestro país, aún no se visibiliza lo suficiente. Por ello tuve el interés en esta obra, para invitar a la reflexión en torno a un tema tan duro y que va más allá del trabajo de instituciones, porque cada persona debe asumir la responsabilidad en la educación de sus hijos, de enseñarles a tratar bien a las otras personas. Hago un llamado al ser humano”, explica la actriz.

“Se habla del feminicidio, fenómeno que existe en el mundo y que, en nuestro país, aún no se visibiliza lo suficiente”.

Tuviste una experiencia anterior en Desagüe… Esta vez, ¿cómo asumiste actuar y dirigir a la vez?

Ese doble rol ha sido muy complejo. Ha sido muy difícil porque montamos la obra en un mes. Ha sido intenso. Por suerte, el equipo de trabajo me ha ayudado. No obstante, en el escenario, defiendes el personaje y no tienes la mirada general de lo que pasa y se me complejiza todo. Debo confiar en lo que otros ven desde afuera, porque a la vez no puedo actuar y ver.

La puesta es muy sutil, tiene un nivel elevado de minimalismo, es bella. El silencio es clave y respondemos a la estética de Carlos Celdrán, director de la compañía, por lo que la investigación se mantiene coherente con la honestidad y la transparencia a la hora de defender a los personajes.

“El silencio es clave”.

He tenido la suerte de trabajar con Mariana Valdés Frías, mi amiga hace años. Estudiamos juntas en la ENA, en el ISA y hemos estado unidas en muchos momentos en la vida. Confía plenamente en mí y yo en ella, como artista y como mujer.

Agradezco además contar con Roger Fariñas, mi asistente de dirección y asesor dramatúrgico, siempre atento a todo lo que sucede, dándome las notas importantes. Todo el equipo de Argos Teatro me ha apoyado mucho, en especial, Jesús Darío Acosta, el diseñador de luces, que integra la compañía hace tiempo y su sensibilidad y su mirada aguda la tomo en cuenta siempre porque es un hombre que ha vivido para el teatro.

Mi esposo me ha acompañado todo el tiempo y es mi mejor crítico. Para él también mi agradecimiento y, por supuesto, a Carlos Celdrán, director y maestro, pero sobre todo amigo.

¿Nuevos proyectos?

Nuevos proyectos tengo muchos. No quiero dar detalles, no quiero adelantarme. Solo espero por las oportunidades en televisión, que sé que existen algunas muy seguras, y en teatro anhelo concretar todas las ideas que tengo.

Tengo necesidad de hacer teatro. Me fascina el teatro, sentir tan cerca al público, lo que algunos teóricos llaman el convivio. De manera inmediata puedo solo decir que estoy armando otra puesta en escena, pero no digo más, porque realmente estoy disfrutando esta.

“Me fascina el teatro, sentir tan cerca al público (…)”.

Con la colaboración de la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), Como si fuera esta noche… quiere ser, al decir de Roger Fariñas, “un homenaje a mujeres que hablan en voz alta mientras cosen u ordenan la casa, a mujeres que canturrean para apagar el silencio, a mujeres que esperan, que temen, que callan, que desean, que se sienten fuertes o desprotegidas. Esta historia, usando la cotidianidad y el lirismo, trata de mostrar un fragmento (la punta del iceberg) de una realidad que deberíamos seguir contando: la de la violencia contra las mujeres y sus consecuencias”.

A Yailín Coppola, en primera instancia, le interesa que, al salir de la sala, todos se hayan transformado de alguna manera.

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