“¡Este es el tren de la música cubana! ¡Este es el tren de los Van Van!”. Y justo en ese momento, el artista de la plástica Lesmes Larroza González echó a andar en su imaginación todo un conjunto de ideas que le hacían visualizar el monumento homenaje al talentoso y reconocido músico cubano Juan Formell, fundador de esta emblemática agrupación del país.

Lesmes. Foto: Tomada del Facebook del entrevistado
 

Agradeció entonces haber tomado el ómnibus equivocado, después de rendirle tributo al destacado bajista y compositor luego de su muerte en mayo de 2014 y apearse de él precisamente allí en la Parcela Partagás, en La Habana Vieja. “Esa locomotora me conquistó al instante y quise utilizarla en una obra para ofrecerle mis respetos y los del pueblo cubano a Formell”.

Gestiones y contradicciones sobrevinieron. Luego de la aprobación para su ejecución y emplazamiento, la obra viajó por diferentes espacios de la capital, y en la actualidad está ahí, en el Parque del Agrimensor, al lado de la Estación de Ferrocarriles, motivo para organizar el primer parque temático ferroviario. Detrás se encuentra uno de los restos de la muralla que antiguamente protegía a la ciudad, El Arsenal de La Habana. Entonces Lesmes quiso más.

“El espacio es la base del proyecto Plataforma cultural El Arsenal con cuatro campos de trabajo: arte, pedagogía, patrimonio y comunidad, además de dos salas de exposiciones, el propio parque y áreas para los talleres.

“Es que no concibo que un artista se limite solo a crear su obra individual. Como escultor estoy convencido de que también tengo una responsabilidad social con mi tiempo histórico, con mi país, y creo que todos, ceramistas, dibujantes, pintores, ilustradores, orfebres, tienen que poner su creación y talento al servicio de su momento”.

La convicción de Lesmes Larroza lo ha llevado a ser el joven escultor cubano con mayor número de obras emplazadas en espacios públicos en los últimos tiempos, entre las que se pueden mencionar el Monumento al hombre común, en el Cementerio de Colón; el Monumento a la esperanza, en la entrada del Instituto Nacional de Oncología; el monumento al Héroe Nacional de las Artes Plásticas, en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro y el Conjunto escultórico a Benny Moré, en Radio Progreso. También ha dejado su impronta en México y Venezuela, donde se encuentra la Llave del Yakoó Yaüerá, en el estado de Miranda, como colofón de una exitosa labor pedagógica desde las artes plásticas.

Su vehemencia a la hora de defender la idea de que el artista debe estar comprometido con su tiempo ante todo, lo impulsa en su liderazgo actual como director de la Academia Nacional de Bellas Artes, donde antes fue profesor de la especialidad de escultura y subdirector.

En esta institución de enseñanza, la más antigua de su tipo en Hispanoamérica y la segunda más antigua de Cuba, no solo se trata de enseñarle a un alumno adolescente cómo ver el mundo y pensarlo desde las artes visuales. No solo nos interesa formarlo como pintor, ceramista, ilustrador, o en cualquiera de nuestras especialidades….

En la otrora Escuela Gratuita de Dibujo y Pintura nos interesa que los egresados sean excelentes creadores, pero también responsables con su entorno social y cultural. Nos motiva formar intelectuales que repiensen su momento histórico y se proyecten hacia un futuro desde la creatividad y la pedagogía.

Son dos siglos de prestigio, de convergencia entre la tradición y lo contemporáneo…

¿Te imaginas entonces cómo deben haber sido estos 200 años? La institución surgió en la etapa colonial, justo en 1818 cuando la fundó el artista francés Juan Bautista Vermay con el apoyo de don Alejandro Ramírez, superintendente general y director de la Real Sociedad Económica Amigos del País. Desde entonces hasta la fecha muchas han sido las contradicciones, y siempre el centro ha salido adelante.

Los profesores son un punto importante en ese prestigio alcanzado, y por lo general mantienen a la par su obra como creadores. Muchos son egresados de la propia Academia, o de la Universidad de las Artes; jóvenes y experimentados, todos unidos en el deseo de que nuestros egresados sean artistas con principios éticos, transgresores y que promuevan desde su arte la problemática en torno a nuestra sociedad. Buenos artistas, sí, y más que eso, buenos seres humanos.

Las especialidades se han incrementado…

Sí, desde su fundación. Tenemos las cátedras de Pintura, Escultura, Dibujo, Cerámica y más recientemente, de Ilustración, Orfebrería y Gráfica, Fotografía y Arte Digital.

Desde cada especialidad nos esforzamos por tender un puente entre historia y contemporaneidad, porque se aprenden las técnicas tradicionales pero, indudablemente, hay un ejercicio de criterio, que el profesor exige en el aula.

¿Cómo servirte de las técnicas tradicionales para asumir un discurso contemporáneo que problematice tu realidad, que tenga que ver con tus preocupaciones y que sea una obra plástica orgánica, inteligente y cuestionadora? Ese es el gran reto de la Academia Nacional de Bellas Artes.

Después de 200 años, ¿hacia dónde se encamina la Academia?

Vamos todos, profesores y estudiantes, artistas en general, hacia un futuro mejor y no es un slogan vacío. Hay que ser optimistas, y si hemos llegado a dos siglos de trabajo, es porque el espíritu de esta Academia sigue siendo el de primar como la decana de las artes visuales. Sin la Academia San Alejandro sería imposible escribir la historia del arte cubano de hoy.