Waldo Leyva.Cierto color violeta y la partida. Acrílico sobre papel. 
 

Ama la superficie casta y triste

Sé el que eres.
Píndaro

Ama la superficie casta y triste.
Lo profundo es lo que se manifiesta.
La playa lila, el traje aquel, la fiesta
pobre y dichosa de lo que ahora existe.

Sé el que eres, que es ser el que tú eras,
al ayer, no al mañana, el tiempo insiste,
sé sabiendo que cuando nada seas
de ti se ha de quedar lo que quisiste.

No mira Dios al que tú sabes que eres
—la luz es ilusión, también locura—
sino la imagen tuya que prefieres,

que lo que amas torna valedera,
y puesto que es así, sólo procura
que tu máscara sea verdadera.


Ay, Cuba, Cuba...

Ay Cuba, Cuba, esa musiquita ahora, de las entrañas, que conozco como un secreto que fuera mío y no tuyo, tú que eres porque no te has conocido nunca, óyeme, no te vayas detrás de esos extraños como una provinciana ilusionada por un actor de paso que la deslumbra con trajes gastados de teatro, acuérdate de la portada azul con lomerío atrás lejano, acuérdate del “mecido” como de cuna sobre la hoja, y el “va y ven” que entra y sale como un mar del olor del jazmín de noche, acuérdate de tu pulcro vestidito “de tarde”: no te vayas detrás de esos extraños, que cuando abras los ojos ya te habrán secado el alma y demudado el rostro que yo amaba. Erguida, modesta, valiente ay!, no serás nunca madre nuestra sino hija, Cuba, Cuba, loca mía, desvarío suave? Ay!, pudiera yo protegerte cantándote tus propios sones de conocimiento “color de arcano” , pudiera protegerte con tu propia rapidez tu honda lentitud! Pudiera decirte: no subas a esa alta montaña que tiene al pie todos los bienes de la tierra rebrillando aciagos, tú que nada supiste poseer, secreta y sola como alta palma, flor de desierto. Pudiera proteger los sones que me acunaron y que ahora oigo como si faltara ya poco tiempo para que fueras a morir. Escapa, escapa, pelota, pez, colibrí, escapa, a todas las posesiones, a todas las certezas, a todas las negaciones, a todas las dudas, escapa, cefirillo, de la nube negra al hondo azul. Azul es tu prestancia y lo azul tu secreto. Escapa, como mirada de preso, al aire y al espacio tuyos! 0 salta, enloquece, búrlate, “mi bien”, son suave, piérdete, acomete, abeja, miel, sinsonte, jilguerillo, a la sabana moteada, carmín, al “verdeclaro”. Que no te toquen, cuerpo glorioso, patria. Porque siempre fuiste “edén” de las primeras miradas que te vieron, “edén” de la trova humilde, principio y fin, paraíso: nada sino esto agarraste, nada sino esto entendiste, lejanía, nada sino que no era esto sino otra cosa que no podías entender bien. Ensoñación modesta, no te toquen. Yo sé que te vas y vuelves, vaivén! Que te meces y me meces, cadencia! Que te vas "lejos, pero no muy lejos", aquí en el allí. Yo sé que tus palmas no rindieron homenaje al Hijo sino a su Huida! Por eso te pido ahora: reconoce! Regresa, Ave, con la Salutación!


No, no, memoria...

No, no, memoria del pasado día
vengas sobre este sol y césped santo.
No vuelva yo a invocar refugio tanto
de lo que así se crece en despedida.

Quédeme tu intemperie y mi porfía
de caer, de volver de nuevo a alzarme,
no la raída pasamanería
que alza mi polvo y que tu luz deshace.

No me hartes de mí que hartazgo tanto
no soporta mi poca luz vencida.
Mas mi ayer fue tu hoy: no halle quebranto.

Volver a lo pasado no es mi ruego...
¿Pero y aquel aroma de la vida?
Retenga su promesa, no su fuego.

Si mis poemas

Si mis poemas todos se perdiesen
la pequeña verdad que en ellos brilla
permanecería igual en alguna piedra gris
junto al agua, o en una verde yerba.

Si los poemas todos se perdiesen
el fuego seguiría nombrándolos sin fin
limpios de toda escoria, y la eterna poesía
volvería bramando, otra vez, con las albas.

A aquel vago delirio de la sala...

A aquel vago delirio de la sala
traías el portal azul del pueblo
de tu niñez, en tu silencio abríase
una lejana cena misteriosa.
Cayó el espeso velo de los ojos
y al que aguardó toda la noche abrimos.
Partía el pan con un manto de nieve.
Con las espaldas del pastor huiste,
cuando volviste el rostro era la noche,
todo había cambiado y sin embargo
en la granja dormían tranquilas las ovejas.

 

Tengo para mí a Fina García Marruz (La Habana, 1923) como la más importante poeta cubana de todos los tiempos. Ya sé que una aseveración como esta es más que riesgosa, pues hay que navegar entre siglos y corrientes estéticas distintas; es decir, considerar tanto las obras de una Gertrudis Gómez de Avellaneda y una Luisa Pérez de Zambrana, en el Siglo XIX, como las de Dulce María Loynaz y Reina María Rodríguez, en el XX y el XXI, por sólo citar cuatro de las más notables.
Pero ya digo, es un asunto personal. Pues en ninguna otra autora nacida en esta isla encuentro tal hondura de pensamiento ni tan amplio registro estilístico, ni tanta naturalidad en el decir. Que si bien esto último no constituye una “categoría literaria” –lo que otros llamarían gracia– es ingrediente indispensable para el ejercicio de cualquier manifestación artística. Ya lo dijo el mexicano Efraín Huerta: “Solo a fuerza de poesía deja uno de ser un poeta a la fuerza”.
Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de La Habana, Fina se ha expresado con igual eficacia en la poesía y en el ensayo. Su primera obra publicada, Poemas, data de 1942, y a partir de ahí se convirtió en una de las voces más singulares del contundente grupo de escritores que, capitaneados por José Lezama Lima, se nucleó en torno a la revista Orígenes (1944-1956).
En el ensayo destacan las obras escritas a cuatro manos con Cintio Vitier, su esposo, otro imprescindible, las que tienen a José Martí, su vida y su obra, como centro temático irradiante.
Resalto entre su vasta bibliografía los poemarios Transfiguración de Jesús en el Monte (1947), Visitaciones (1970), Créditos de Charlot (1990), Habana del centro (1997) y El instante raro (2010). Sus ensayos más citados: “Los versos de Martí” (1968), “Hablar de la poesía” (1986), “La familia de Orígenes” (1997) y “Darío, Martí y lo germinal americano” (2001).
Fina García Marruz, quien recientemente cumpliera 95 años, ha recibido importantes galardones literarios, como el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2007), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2011) y el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2011). (AF)