Hace apenas unos días terminó el primer ciclo de Bailando en Cuba (BEC), una propuesta de RTV Comercial para la Televisión Cubana que se transmitió en horario estelar de domingo, e intentó conciliar lo bello y lo útil mediante la convocatoria y puesta en concurso de 16 duetos danzarios seleccionados por un jurado, sin pretensiones de representatividad territorial.

foto de la pareja ganadora de Bailando en Cuba
Jara y Osmani. Pareja ganadora de Bailando en Cuba. Fotos: Página web del Programa


Concebida como una plataforma para la comunicación a toda costa con amplios sectores de público, y animada por el éxito de Sonando en Cuba (segunda temporada), BEC echa mano a los recursos comunicacionales básicos de los eventos de su tipo, que se transmiten continuamente por los canales de entretenimiento del mundo entero.

Hace quince o veinte años, el consumo de los programas extranjeros que emula BEC, se hubiese reducido a la importación individual de materiales en soporte video, por personas muy señaladas que además dispusieran de la tecnología necesaria para su reproducción. Tales exigencias confinaban esta práctica a contextos citadinos, e incluso a determinadas zonas de nuestras medianas urbes y de la capital.

Hoy, sin embargo, este tipo de show ingresa en nuestros hogares, de San Antonio a Maisí, por obra y gracia del Paquete Semanal, que es capaz de mantener incluso la frecuencia original con que son estrenados, con apenas un pequeño desfasaje, más o menos proporcional para todas las regiones de Cuba. Más de una vez he leído en publicaciones digitales sobre la relación, informal pero efectiva, que existe entre los distribuidores del Paquete y la red de ómnibus interprovinciales, cuya flota no necesita más de 24 horas para llegar desde La Habana hasta cualquier otro punto del país.

Servidor de dos amos, BEC necesita, por un lado, satisfacer la demanda que genera el consumo habitual del Paquete, por cuyo acceso la gente paga y, por otro, cumplir con los requisitos de ese modelo “otro” de sociedad que nos interesa construir y con el cual nuestros medios estatales (gratuitos), están en la obligación (e incluso en la disposición) de cumplir; solo que no han conseguido hacerlo con la capacidad de seducción que imponen las (ya no tan nuevas) Tecnologías de la Comunicación y la Informática, en toda su diversidad de gamas y soportes.

De modo que la crónica del éxito anunciado para espacios como el que ahora analizamos pasa, inevitablemente, por su capacidad para ofrecer un producto de alta demanda, medianamente empacado, que no posee competidores eficientes en la red estatal de producción y trasmisión de audiovisuales. 

Mirado desde otro punto de vista, esta nueva plataforma intenta conjurar el escaso atractivo visual de nuestra programación habitual mediante resortes comunicacionales típicos de la televisión comercial, que contribuyen a satisfacer la expectativa generada por el Paquete pero que, mas allá de esta resonancia puntual, se enchufan directamente con la emergencia en nuestra sociedad de antivalores como el individualismo y la necesidad compulsiva de éxito a toda costa, descendientes directos de la sublimación del consumo como filosofía de vida.


Fragmento de testimonio transmitido en la Semifinal del Programa. Imágenes: Daryagna Steiners.


Esta relación directa, casi congénita, con la emergencia del antivalor explica por qué, de manera inconsciente y más allá de la buena voluntad probada de sus organizadores, BEC no pueda renunciar a la competencia como atractivo central de su propuesta, lo que se agrava cuando dicha competitividad se basa en habilidades técnicas propias de una profesión y no en la asimilación creativa de una tradición danzaria, demanda que hereda (y desatiende) BEC de aquel Para bailar de los años 80, su más cercano y paradigmático referente. 

De ahí que el programa, que hace lo posible por desmarcarse de aquel modelo, no pueda renunciar a poner en boca de animadores de escaso calado cultural frases y hasta valoraciones que dejan mucho que desear en términos de rigor técnico y que terminan colocando a los jurados en situaciones más incómodas que agradables. Banalizada de antemano por la intervención constante y festinada de estos locutores, la opinión del Jurado ha de reducirse a frases simples, de facil comprensión, que satisfagan la necesidad de comunicación inmediata con el gran público, al tiempo que irritan a ese otro espectador iniciado y conocedor del tema que también recibe el espacio en sus telerreceptores. 

Esto no significa que el Jurado, calificado como el que más, desconozca los términos e indicadores correctos para la evaluación, los cuales seguramente manejará en sus deliberaciones internas; sino que, acostumbrados como están a tratar con especialistas como ellos (léase bailarines, ensayadores, coreógrafos), carecen del entrenamiento necesario para emitir juicios certeros y convincentes. Una solución posible sería no preguntarle a cada miembro del Jurado cada vez que termina una ejecución, ni someterlos a la presión de ese sonido enfático y meloso que acompaña a cada espera.

Mucho más efectivo, así sea por enigmático, sería permitirles que permanezcan en silencio (como lo exigió e hizo cumplir Adalberto Álvarez en la final de Sonando en Cuba), y concederle algún espacio real para sus deliberaciones. También podría concedérseles la gracia de mandatar a uno de sus miembros para que exprese, mediante una sola intervención, las opiniones de todos. Creo inclusive que este pequeño cambio evitaría dolores de cabeza a los organizadores, pues en las condiciones en que hoy se trabaja y conocida la profesionalidad y el liderazgo de los especialistas convocados, no debería sometérsele a tantos momentos de presión ante concursantes y público.


Fragmento de testimonio.


Otro gancho heredado por BEC de su precedente musical es la tendencia a usufructuar lo más ramplón de las historias de vida de los bailarines. Tal como ocurrió en su día con los protagonistas de SEC, vimos desfilar ante las cámaras relatos de familias disfuncionales que, sin embargo, nunca perdieron la fe en el talento del joven que ahora es rescatado y salvado por BEC. Tal perspectiva no solo aligera la propuesta con relatos que parecen más dirigidos al votante de la Zona Caliente que al público interesado en el talento de los bailarines, todos con trayectorias de vida obligatoriamente más interesantes que lo expresado en tales entrevistas.

Aun cuando cada pareja estuvo integrada por un bailarín profesional y otro autodidacta, muy pocos entrevistados colocaron la formación profesional como centro de su respectivo testimonio, enfatizando por el contrario en el esfuerzo y el sacrificio que les trajo hasta allí y en la descripción detallada de los obstáculos, nunca las oportunidades. Esta es otra trampa en la que se cae sin maldad; mitad por mimetismo para con la estructura base y mitad por escapar del edifico retórico que acompaña inevitablemente a esos derechos básicos que conquistó la Revolución y que los guionistas no se molestan en reformular con similar rigor al que se aplica a la puesta en imagen.

Otro signo de pobreza en la concepción del producto lo constituye el tipo de frase en verso que se usaron para los spots de bien público, aspecto que se logró sortear con mayor acierto en SEC. A falta de una investigación seria que echase mano a lo mejor de nuestra poesía, incluido el gracejo de los cantores populares, se puso en boca de los bailarines, de por sí poco entrenados en el buen decir, tiradas de textos seudo poéticos que empobrecen notablemente la puesta en escena. Algo parecido sucede con la relación que establece el programa con elementos de la iconografía y la tradición patriótica; tratados con cierto desenfado, pero sin la suficiente creatividad.

Dicho en otros términos, no se aplica a la selección de los textos y a la relación con valores y hechos del universo político-social el mismo rigor técnico que se aplica al diseño y realización del diseño visual, en bien del cual se calcula con detalles cada emplazamiento, se evitan hasta el delirio las reiteraciones de planos y se presta especial atención a elementos como la composición y el equilibrio de cada escena o desplazamiento.

Pero estas son solo algunas ideas para que entremos en la discusión sobre esta nueva plataforma televisiva, a la que continuaremos dedicando espacio en esta columna semanal.