Del 13 al 21 de mayo se celebró la XXI edición del premio Cubadisco 2017. Dedicado esta vez al movimiento de la Nueva Trova y al 150 aniversario del natalicio de Sindo Garay, las actividades fundamentales y colaterales del evento se sucedieron con más penas que glorias.

En un trabajo anterior [S1] ya había señalado las carencias promocionales de un acontecimiento autoerigido como el más importante de la industria musical cubana y que sirve de muestrario —más que de competencia— de lo más encumbrado de la producción discográfica en el último año. Un tardío spot televisivo se hizo eco de los nominados, dejando las decisiones de premiados para conocimiento de los pocos que tuvimos la oportunidad de participar en la gala del 13 de mayo en el Teatro Astral. Asimismo, la promoción en los medios sobre las actividades del recinto ferial (Pabellón Cuba) estuvo lastrada por el erróneo mensaje que rezaba “del 17 al 19 de mayo”, cuando en realidad culminaron el domingo 21.


Sobreviviente, Gran Premio Cubadisco 2017


Sucesivos cambios en el programa e incumplimiento de algunas de las actividades programadas, poca asistencia de público a los espacios previstos, diseño inefectivo en varios de ellos, sobre todo en lo que respecta a horarios, son algunas de las incongruencias que valdría la pena repensar para la XXII edición del premio. Al no contar con la debida promoción ni tener en cuenta el funcionamiento natural del espacio (lluvia mediante), desfilaron diariamente, de forma casi clandestina, por el escenario central del Pabellón Cuba, un grupo de orquestas emblemáticas de la música tradicional cubana que apenas actuaron para ocho o diez personas, incluyendo el staff de sonido. El Septeto Habanero, la Charanga Típica Rubalcaba, el Conjunto Arsenio Rodríguez, y Jóvenes Clásicos del Son, fueron víctimas de un horario inconsecuente (11:00 a.m.) y de una pésima divulgación que los hizo lucir más como una postal programada, que como un suceso cultural. Mejor funcionó el área de La Pérgola (ayudada por su horario habitual) por donde desfilaron, sobre todo, jóvenes de la talla de Rodrigo Sosa, Alejandro Falcón, Carlos Miyares, Brenda Navarrete o Annie Garcés. El mal tiempo, pasado por agua, conspiró contra los conciertos en la tarde de Toques del Río, Moncada y Tony Ávila, y permitió, gracias mediante, cerrar el domingo 21 con la presentación de Roberto Fonseca y Temperamento.

Mención especial para la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales EGREM que cumplió, tanto en el recinto ferial como en varios de sus centros culturales, con las presentaciones discográficas, varias de ellas de fonogramas premiados, para aderezar con buenas propuestas musicales el carcomido funcionamiento de esta parte del programa. De esa manera, desfilaron por el Salón de Mayo, el Complejo Cultural La Vitrola, el Delirio Habanero y la Uneac, las conferencias de prensa de los discos Notas al viento (Premio Cubadisco en Música Instrumental), de Emilio Martiní; De la trova un cantar. Homenaje a Sindo Garay; Omío, de Fidel Morales; Real Proyect (Premio Cubadisco en Jazz Ensemble); Colección Memorias, del productor musical Jorge Rodríguez; Rumbeando a mi manera, de Los Papines, y Ella y mis canciones, de Rodulfo Vaillant. Fue la Egrem (disquera cubana con más títulos nominados, 39, y más premiada, 12) la única que “calentó” mediáticamente el Cubadisco con propuestas que tuvieron un antes, un durante y tendrán un después, cuando se presenten los discos Patrimonio, del Millo e Iyerosum, nominado en la categoría Tradición Afrocubana, el 25 de mayo en el patio de Areito; y Última noticia, de Yissy y Bandancha, ganador en la categoría Ópera Prima, el 30 de mayo en el Delirio Habanero.


Última noticia, de Yissy y Bandancha, ganó en Ópera Prima.


El diseño del recinto ferial se dejó esta vez a la espontaneidad y posibilidades de cada empresa, circunscribiéndose a un espacio techado donde habitualmente funcionan otras ferias (Arte en La Rampa, por ejemplo), que lució vacío, inexpresivo e incoherente. La tradicional escenografía de paneles organizados fue sustituida esta vez por carpas, mesas, semipaneles, dispuestos sin una secuencia preconcebida, donde las disqueras cubanas mostraron sus producciones. Otra vez las palmas para la Egrem, carpa mediante, que se robó el show escenográfico y comercializó una amplia discografía, entre producciones antiguas y recientes, y sus soportes musicales. A pesar de las dificultades por las que atraviesa la industria, estuvieron presentes varios de los discos nominados y premiados de cada una de las casas disqueras en esta edición, a precios bastante asequibles; lástima que el público seguidor de la música apenas se haya enterado.

No basta con la presencia de las disqueras y la fábrica de instrumentos musicales; también debe incluir, como en algún momento, el trabajo del resto de las provincias del país y sus géneros más representativos. La Feria tiene que ganar en organización y variedad. No basta con la presencia de las disqueras y la fábrica de instrumentos musicales; también debe incluir, como en algún momento, el trabajo del resto de las provincias del país y sus géneros más representativos. Loable la idea de presentar Primera Línea como una plataforma de promoción importante de la música cubana; pero su pequeño stand también quedó ahogado en el gran espacio central del Pabellón.

El programa propició momentos de gran vuelo artístico como la gala inaugural el 14 de mayo, concierto homenaje a Silvio Rodríguez con temas emblemáticos del cantautor interpretados por varios trovadores junto a la Sinfónica Nacional; o la gala de clausura en homenaje a Sindo Garay, el 21 de mayo, en la que confluyeron también varios artistas interpretando obras trascendentales del repertorio del bardo de Cuba. Pero tanto una como la otra se programaron un domingo (Día de las Madres incluido) a las 11:00 a.m., no contaron con la promoción requerida e, incluso, la primera no se grabó para la televisión. ¿Cómo nos damos el lujo de perder el impacto mediático de sucesos culturales como estos? Ambas galas expusieron un talento diverso y de primer nivel, interpretando lo mejor de nuestra tradición musical, y bien pueden considerarse clases magistrales para público y entendidos. Que ese esfuerzo no encuentre un cauce promocional efectivo, es de las cosas a repensar para salud del Cubadisco y de la música cubana en sentido general.


ADN, de Alain Pérez, fue presentado en un Teatro Mella abarrotado el día 18. Foto: Internet


Todo lo contrario sucedió con los conciertos de Alain Pérez (Teatro Mella, 18 de mayo) y La Colmenita (Karl Marx, 20 y 21 de mayo). Ambos estuvieron abarrotados de público —las entradas se agotaron varios días antes— y contaron con un derroche artístico inigualable. Alain Pérez prodigando su carisma por cerca de tres horas y repitiendo el domingo 21 en la Tropical; y las abejitas colmeneras recetando una clase magistral de cómo se enseña la música cubana que bien pudiera replicarse en todos los centros de enseñanza del país.

Otros espacios como la Uneac, el propio teatro Mella o el de Bellas Artes, organizaron recordatorios, peñas y galas en homenaje a la Nueva Trova cubana. Acertada y oportuna la idea de entregar el 17 de mayo en el memorial José Martí, a más de 70 músicos, investigadores y promotores, la distinción Por la Cultura Nacional, máximo galardón que otorga el Ministerio de Cultura. Con independencia de criterios encontrados, la distinción reunió a parte de lo que más vale y brilla de la música cubana y supo balancear entre los aportes a la cultura de figuras consagradas y jóvenes talentosos con una obra respetable.

Paralelamente, y con menos revuelo mediático, sesionó entre el 15 y el 18 de mayo, en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (Cidmuc), el Simposio Internacional donde se dieron cita investigadores, musicólogos y artistas para tratar los más diversos temas teóricos e investigativos. Importante para la industria la presencia internacional para temas muy técnicos como el taller “Restauración y conservación de formatos fonográficos tangibles”, auspiciado por la Egrem y el British Council en los Estudios Areito; y la presentación de la estrategia de la Industria Musical Cubana, propiciada en este marco por el proyecto Onudi-Mincult para el desarrollo de la industria y la capacidad de exportación de la música cubana.

Buena música, producciones fonográficas de gran calidad y con la frescura de la inmediatez, eventos teóricos y presencia internacional. De todo tuvo este Cubadisco para disfrutar, con propuestas variadas y de calidad. Entonces, ¿qué falló? Algunas cuestiones saltan a la vista, seguro habrá otras. Lo que sí es un hecho es que tanto las empresas disqueras, las instituciones de la Cultura y el propio Instituto Cubano de la Música, deben seguir perfeccionando y organizando un evento que, sin dudas, catapulta el panorama sonoro y musical cubano todos los años y representa lo más encumbrado de esta manifestación artística. Como señalara en la gala de clausura Jorge Gómez, Presidente del Premio, la culminación de este Cubadisco 2017 debe ser entendida como la apertura del trabajo de preparación del Festival de 2018. Solo así, con la labor cohesionada de todos sus actores, la música cubana podrá recuperar su imagen y valorizar el trabajo futuro de su industria.


 [S1]Link a http://www.lajiribilla.cu/articulo/del-cubadisco-y-otras-nominaciones-1