Una crítica especializada del Washington Post,  publicada en la víspera, calificaba al Festival Artes de Cuba como “una cornucopia de música exuberante”; profecía que se ha venido cumpliendo con creces hasta el cierre de su tercera jornada. La noche de ayer transcurrió a lleno completo e hizo coincidir, en apacible armonía,  al percusionista Mauricio Herrera y el pianista de jazz Adonis González, residentes en Nueva York y Atlanta, respectivamente; con la Orquesta del Lyceum Mozartiano de La Habana y el doble concierto del jazzista Yosvani Terry y su Afro Cuban Sextet.


Precisión, rigor interpretativo y gracejo criollo caracterizaron la presentación
de la Orquesta en el Kennedy Center. Foto: La Jiribilla

 

Durante la mañana del jueves 10 de mayo, y alimentado el mito de su omnipresencia en el Distrito Capital, la matancera Orquesta Failde ofreció un taller para estudiantes de Música, mientras que en la tarde compartió escenario con el joven jazzista Jorge Luis Pacheco y deleitó a invitados y habituales del Café Busboys And Poets, de Takoma, Washington DC. Como si fuera poco, La Orquesta cumplió su tercer compromiso de la jornada cerrando la Noche Cubana del Kennedy Center, para beneplácito de espectadores y artistas.


La compañía tendrá la responsabilidad de inaugurar la nutrida representación de
arte danzario prevista para Artes de Cuba. Diseño: Dariagna Steyner

 

Para este viernes se ha previsto un programa que incluye la primera presentación de arte danzario en Artes de Cuba, a cargo de la compañía Malpaso, que extenderá sus funciones hasta mañana sábado y ofrecerá una clase magistral en la mañana de ese mismo día http://www.kennedy-center.org/calendar/event/ESEDL. Por su parte, Zule Guerra y Blues de Habana ofrecerán doble cartel y La Failde sellará su paso por el Kennedy Center con la Fiesta Cubana de viernes, fecha preferida por los bailadores locales y cita segura para trasnochadores atrapados por el ambiente de cubanía que inunda la institución anfitriona.

Por sobre la calidad y el excelente desempeño de todos los artistas, se alza la euforia de un público cada vez más numeroso, que colma las estancias del coliseo capitalino; evidenciando las potencialidad del arte para hermanar pueblos y restaurar vínculos culturales que no han conseguido romper la hostilidad ni el tiempo.