“Yo abrazo a todos los que saben amar.
Yo traigo la estrella, y traigo la paloma, en mi corazón”
José Martí

Como para asentar que su comportamiento no es accidental, y que su título de peor presidente del Imperio no hay quien se lo discuta, supimos hace uno días de otra “Trumpada” más a la Humanidad. Fue un improperio que soltó en la menos lujosa de sus casas, la Oval, durante una reunión en la que se trataba la situación de los inmigrantes provenientes de El Salvador, Haití y distintos países africanos. Shitholes, “huecos de mierda”, “letrinas” así clasifican estas excolonias en la axiología xenófoba del magnate Donald John Trump.   

Muy por el contrario, José Julián Martí Pérez en su Diario de Campaña, de Montecristi a Cabo Haitiano, escribió: “Como un cestón de sol era Petit Trou aquel domingo…” [1]. Era su manera amorosa de calificar a un “huequito” de Haití, ese sufrido país del Sur que desprecia el actual Nerón de la Casa Blanca.

La martiana era expresión de una ética humanista, de un posicionamiento fraternal al lado de “los pobres de la tierra”. De su inclusivo “ideal republicano” que le hizo expresar: “Soy (…) ciudadano amorísimo de un pueblo que está sobre todos los pueblos de los hombres; y no bastan los hombres de un pueblo a recibir en sí toda esta fuerza temporal complementada con esta otra. Y así, allá como aquí, donde yo vaya como donde estoy, en tanto dure mi peregrinación por la ancha tierra, para la lisonja, siempre extranjero; para el peligro, siempre ciudadano” [2].

La de Trump, una evidencia de las motivaciones fascistas de la derecha más antidemocrática que llevó al magnate a la presidencia y para la cual la sociedad es “naturalmente desigual”: existen personas aptas para tener el poder y otras que no. Pero más que eso, que esa desigualdad social —vaya oxímoron mental—  es la traba principal para eliminar la pobreza en el mundo.
 

El despotismo más que probado de Donald Trump es la columna vertebral de su política exterior
Ilustración: Internet
 

Terminal de una vena de “pureza racial” que sembraron en “la colina” los puritanos del May Flower. Que no diluyó el multiétnico Obama y exacerba hoy el xenófobo, racista, y misógino Trump —hijo y esposo de inmigrantes—, con su America First.

Es la narrativa que conoció y reprobó el Héroe Nacional Cubano; de los “elegidos” “persuadiendo” en nombre de la Modernidad: aceptas mi “civilización” o eres un “bárbaro”, “un indio”, “un brujo voudu”. Escrita en disyuntiva de vida o muerte y con la que se ha intentado fragmentar y dominar cuerpos, mentes y sentimientos.

“Sentido común” y ordenamiento que hasta hoy se ha pretendido “naturalizar” —guerra cultural mediante— como el único “correcto” y “democrático”. Unos arriba y otros abajo, “uno mandando y otro mandado” como poetizó Guillén y describieron Jean-Paul Sartre, en el prefacio a Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon, y Noam Chomsky, en su Fabricando el Consenso.

Coincidentemente, ese el eje temático de la siguiente nota del diario, aquel mismo 3 de marzo de 1995. El Apóstol, halló un texto desconocido, Les Mères Chretiennes des Contemporains Illustres, en un montón de libros olvidados. “Lo hojeo —dice— y le descubro su espíritu”. Pero observen en qué capítulo se centra Martí, el titulado Las carreras liberales, del que apunta ideas indiscutiblemente actualizables. 

Esta “carrera” —anota— es “el cauce abierto y fácil, la gran tentación, la satisfacción de las necesidades sin el esfuerzo original que desata y desenvuelve al hombre, y lo cría, por el respeto a los que padecen y producen como él”. Y, como “forma de la arrogancia y el egoísmo”, solo “asegura a los pueblos la paz” “cuando la suma de desigualdades llegue al límite mínimo en que las impone y retiene necesariamente la misma naturaleza humana”. Es decir, para Martí esa “mínima desigualdad” era lo natural, justo y bueno.  

Pero lo más interesante, para El Delegado del PRC son perniciosas esas “carreras” para las sociedades, en tanto devienen autoritarias, porque se basan “en el concepto, sincero o fingido, de la desigualdad humana, en la que se exige el cumplimiento de los deberes sociales a aquellos a quienes se niegan los derechos, en beneficio principal del poder y placer de los que se los niegan: mero resto del estado bárbaro”.

El mismo estado bárbaro de hoy, con la “clase especializada” que ejerce “la función ejecutiva” y planifica “los intereses comunes”, de un lado y el “rebaño desconcertado”, de “estúpidos” y “espectadores” del otro. Los subalternos cada 4 años, gozan del favor de “liberarse de ciertas cargas en la persona de algún miembro de la clase especializada”, y se les permite decir       —como los minions de Univisión— “queremos que seas nuestro líder”, “porque estamos en una democracia y no en un estado totalitario”.

A esta estrategia de dominación se opuso Martí, con maestría y entereza, con un gesto descolonizador, nacido de su autóctono sentido de cultura: “No hay batalla entre la civilización y la barbarie, sino entre la falsa erudición y la naturaleza”. Como “hombre natural” y no tanto porque su Habana fuese menos cosmopolita que París o New York, o más cercana a su Hanábana, sino más bien porque prefería “el arroyo de la Sierra” y aborrecía “la máscara y el vicio” y creía en “la utilidad de la virtud”.
 


 

De la capital de la Metrópoli que expolió a Haití confesó: “Yo no amo París”, y lo explica: “Yo no sé por qué fuerza de mi espíritu me alejo con una invencible repugnancia de las cosas doradas: —viene siempre con ellas a mi memoria la idea de falsedad y de miserias ajenas” [3].  De New York, donde se asienta la ostentosa Trump Tower, escribió estos versos libres: “¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena/ De copas por vaciar, o huecas copas! / ¡Tengo miedo ¡ay de mí! de que este vino/ Tósigo sea, y en mis venas luego/ Cual duende vengador los dientes clave!” [4]

Y sirva, le referida Trump Tower —valorada por la Forbes en 318 millones de dólares— para evidenciarlo. Su construcción, tuvo entre sus irregularidades [5], la contratación de 200 inmigrantes polacos indocumentados y semiesclavizados, y significó la destrucción de un edificio arquitectónicamente renombrado, más otras pérdidas patrimoniales. La torre fue sede del show televisivo The Apprentice [6], donde Trump se reservaba derechos dictatoriales como el de despedir a más de una persona si lo considera necesario. El tema de apertura del reality era For the Love of Money de The O'Jays que dice entre sus mensajes: “Por el amor al dinero/ La gente robará a su madre/ Por el amor al dinero/La gente robará a su propio hermano”.

Por eso gritaba Martí a todo pecho: “¡Benditos sean todos los hombres naturales, únicos de quienes hay que esperar algo noble de este mundo!” [7] y este otro que lo complementa, cual yin al yang: “¡Excelente bondad es la de nuestras mujeres! Jamás tan apacible y natural ternura fue mezclada en grado tal a la aptitud para las virtudes más heroicas. Jamás las rosas de la naturaleza dieron como ellas —rosas del alma— frutos de amor debajo de la nieve: jamás las que ostentaron en la trenza negra brilladoras plumas, para enaltecerse descendieron para elaborar plumas humildes para trenza ajena” [8].

De ahí ese Salto. Dicha grande, con su habitual metapoesía, de su Diario de Cabo Haitiano a Dos Ríos. Lo cubano —y lo humano— “en su plenitud natural y espiritual”, como destacara Cintio Vitier [9].  Jamás se han visto en Twitter, “trinos” como aquellos.   

Para Martí, en este mundo, “no hay más que una raza inferior; la de los que consultan, antes que todo, su propio interés, bien sea el de su vanidad o el de su soberbia, o el de su peculio”. Y ya se sabe, ostentar es el comportamiento más recurrente del magnate. Fue lo que hizo poco después, de su demagogo discurso de toma de posesión. Viajó a su lujoso complejo vacacional “Mar-a-Lago” en la Florida —donde asociarse cuesta 200 mil dólares y las cuotas anuales ascienden a 14 mil USD— y allí, según Democracy Now [10], se dirigió a sus amigos ricachones que cenaban en el lugar y les exclamó jubiloso: “¡Ahora ustedes se volvieron mucho más ricos!”

Cestón de sol es entonces la expresión cariñosa de los que aman y construyen. Es el amor triunfante contra las fuerzas divisorias del odio.

 

Notas:
 
 
[1] J.M. (1895),  Diario de campaña, de Montecristi a Cabo Haitiano, en: http://www.lebanese4cuban5.com/marti/marti000462s.html.
[2] J. M. (1876), Extranjero, en: http://www.josemarti.cu/wp-content/uploads/2014/06/74-Extranjero.pdf
[3] J. M. (1875), Variedades de Paris, en:  http://www.josemarti.cu/wp-content/uploads/2014/06/002-VARIEDADES-DE-PARS.pdf
[4] J.M. (1882), Amor de ciudad grande, Versos Libres, en: http://www.josemarti.cu/publicacion/amor-de-ciudad-grande/
[5]   http://www.nationalmemo.com/21-questions-for-donald-trump/
[6] https://es.wikipedia.org/wiki/The_Apprentice
[7] J. M.(1894), Carta al General Máximo Gómez, en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/marti/Vol03.pdf
[8] J.M. (1880), Discurso en Steck Hall, en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/marti/Vol04.pdf
[9] Ver de Cintio Vitier (1898), Lo cubano en la poesía, en: http://josemartiyperez.blogspot.com/2009/10/vision-de-la-naturaleza-y-el-hombre.html
[10] https://www.democracynow.org/es/2017/12/26/titulares/