El actor Octavio Rodríguez Fernández “Churrisco” recibió, junto al caricaturista Pedro Méndez, el Premio Nacional de Humorismo 2018, lauro otorgado por la obra de toda una vida, consagrada al desarrollo de este género en el país.

Una exitosa carrera artística de 40 años, que le ha valido el afecto de colegas y espectadores, le hacen merecedor de la máxima distinción del Centro Promotor del Humor (CPH); sin embargo, Octavio Rodríguez sorprende hoy con una seriedad desconocida para el público acostumbrado a reír con sus crónicas costumbristas, al expresar su preocupación ante la situación actual del humorismo en la Isla.

Apenas habla de sí, aunque orgulloso menciona el origen de su apego al género, fundamentado en una tradición familiar que involucra una larga lista de ascendientes, entre los que destaca su tío materno Leopoldo Fernández “Tres Patines”, a quien dedica el galardón.


Se debe lograr es un estilo propio y crear un repertorio verdaderamente humorístico, en el cual se pueden
evitar las palabras obscenas, sustituyéndolas por silencios, sonidos, frases o gestos. Foto: Ariel Ley Royero

 

Poco cuenta de los inicios de su personaje Armando Churrisco, un burócrata que maltrataba a los osarios (no usuarios), que poseía una cultura media, una visión rara de la vida, que era poco cooperativo e ineficiente, pero que, por azares de la existencia, siempre ocupaba cargos de administración. Con los años, dejó a un lado su habitual guayabera verde, sus espejuelos y sus postulados, para convertirse en lo que es hoy, un cómico que se dedica a la crónica humorística.

“El actor debe darse cuenta de hasta qué punto es el alcance histórico, social o referencial de un personaje. Al notar, con el tiempo, que los Churriscos que iban quedando en el país no eran como aquel del comienzo, poco a poco lo fui cambiando, pero me quedé con el nombre.”

Pero, justo antes de enfocarse en lo que para él es una cuestión de vital importancia, que reclama soluciones inmediatas, recuerda lo significativas que fueron en su carrera las enseñanzas del maestro Carlos Ruiz de la Tejera, su mentor desde que actuaba en el Conjunto Nacional de Espectáculos y quien lo indujera a interpretar monólogos de su propia creación.

Es así que de pronto, el actor y escritor humorístico se transforma en el vicepresidente primero de la Asociación de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y en el Miembro de la Junta Directiva del CPH y del Consejo Técnico Asesor de la Agencia Caricato, cargos que ocupa actualmente. Además, emprende una demanda formal contra aquellos que no toman el humor en Cuba, como algo muy serio:

“El humorismo en este país es una tradición, con una línea histórica que nos traslada hasta los sucesos del Teatro Villanueva en el siglo XIX, por ponerle un límite, cuando en una función de comedia teatral se dijo por primera vez ¡Viva Cuba Libre!”.

Inspirado en los buenos tiempos de la pasada centuria, en la que en la nación se  afianzó una larga costumbre en el humor teatral, radial y televisivo, con nombres como Eloisa Álvarez Guedes, Pototo y Filomeno, Idalberto Delgado, Aurora Basnuevo, Mario Limonta, MartaJiménez Oropesa, Leopoldo Fernández y Enrique Arredondo, Churrisco manifiesta su preocupación ante fenómenos que atentan contra la calidad del género:

“A excepción de los administrados por la Empresa de Promociones Artísticas y Literarias (Artex), existen hoy centros nocturnos que ofrecen una programación humorística que no siempre está bien confeccionada, con espectáculos que andan muy lejos de la cuestión artística y en los que se muestra poca originalidad, chabacanería y grosería.”

Según el comediante, que con éxito ha representado el humor cubano en la escena internacional, en disímiles ocasiones, tal situación trae como consecuencia la pérdida de público para esas instalaciones y de lugares de trabajo para los humoristas, pues muchos de esos centros prefieren prescindir de ellos antes de lidiar con los efectos de una desacertada gestión cultural.

Impulsado por buscarle soluciones al dilema, insta a las empresas rectoras de esas instituciones recreativas a designar a personas artísticamente calificadas para dirigir las funciones humorísticas que presenten y así controlar la calidad de las propuestas.

“Esta no es una inquietud individual únicamente, afirma, es también del CPH y de la Agencia Caricato, los cuales se preocupan mucho por lo que va a suceder en escena con sus miembros, y en los contratos exigen respeto al público y decencia en el contenido del espectáculo.”

Haciendo gala de sus cualidades como profesor fuera del aula y de consejero de sus colegas, dones alabados por sus compañeros y resaltados por el director del CPH, Kike Quiñones, —razones por las cuales mereció este 2018 el Premio Nacional de Humorismo—, Churrisco busca doctrinas para salvaguardar la dignidad de la profesión a la que ha dedicado toda su vida.

“Lo primero que se debe lograr es un estilo propio y crear un repertorio verdaderamente humorístico, en el cual se pueden evitar las palabras obscenas, sustituyéndolas por silencios, sonidos, frases o gestos. El artista tiene que ser un creador y la creatividad viene dada por trabajar con inteligencia un texto.”

Atendiendo a otras preocupaciones, insiste en la importancia de la sátira y la crítica social en el humor, siempre que apunten a una realidad y respondan a un proceso de investigación, también reconoció como vital la constante actualización del actor cómico en torno a las tendencias de moda en el oficio y al mundo que le rodea, que bien le puede servir como material de trabajo, y en ese sentido comenta:

“El CPM ha realizado y organizado eventos teóricos y cursos de superación gratuitos para los artistas relacionados con temáticas como voz y dicción, expresión corporal o dramaturgia, que han sido impartidos por personalidades del género y, en su mayoría, han acudido los que menos lo necesitan.”

Con respecto a la labor del Centro, en pos de solventar dicha situación, el entrevistado explica que la entrada a concurso en los festivales Aquelarre es cada vez más rigurosa y hace unos años se incentiva en ellos la presentación de obras de comedia teatral.

Sin generalizar en sus sentencias, destaca el trabajo de actores que ponen hoy en alto el nombre del humor como Kike Quiñones, Osvaldo Doimeadiós, Omar Franco, Otto Ortiz, Rigoberto Ferrera, Luis Silva y agrupaciones como Pagola la Paga y La oveja negra, quienes hacen uso, a su entender, de los muchos recursos que existen para hacer reír, sin caer en ofensas o burlas al espectador y concluye sus argumentos al fundamentar:

“De lo que se trata es de reforzar, elevar la calidad y perfeccionar el género, como se hace en otras manifestaciones artísticas como la danza, el teatro o las artes plásticas. Si todas ellas están enfrascadas en ser cada día mejores, ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo? No podemos quedarnos atrás. ¡El humorismo no se puedequedar atrás!”.