Porque cuando el arte no se detiene es que alcanza una magnitud absoluta, ennoblecedora y mágica para así llegar a los espacios y sitios más inusitados asaltando los poblados con la pasión y la espontaneidad de los antiguos saltimbanquis.

De esta forma, el retablo, el tradicional teatrillo de los juglares de antaño, no existe cuando el escenario es el monte mismo, lo que realza, honra y dimensiona la Cruzada Por la Ruta del Che que del 23 al 30 de junio “asaltó” a la provincia de Sancti Spíritus.


Los titiriteros actuaron para las comunidades rurales, como parte
de la Cruzada Teatral Por la Ruta del Che. Fotos: Oscar Alfonso Sosa

 

En lugares recónditos de la serranía del municipio de Fomento, adonde llegó la segunda etapa de esta travesía que renueva el entusiasmo, el mundo de las tablas cobró vida para hacer reír, educar y soñar con historias fascinantes y lúdicas a los más pequeños de casa, y también a los otros miembros de la familia que se sumaron a la fiesta.

Y es que con la mochila al hombro llena de sueños y deseos de mover el espíritu, y la reconfortante promesa del retablo campestre, los artistas espirituanos llegaron hasta sitios tan distantes como Las Cuabas, El Guineo, El Pedrero, Sopimpa o Gavilanes, sitios que desandaran Ernesto Che Guevara y los barbudos de la Columna número ocho Ciro Redondo, desde que a finales de 1958 se establecieran en esta zona de la entonces provincia de Las Villas.

En un ambiente que contagia a todos, los actores espirituanos surcaron las montañas para llevar arte de altos quilates y la confianza en el mejoramiento humano a esas localidades —acaso donde el “Diablo dio las tres voces”—, porque esta tropa juglaresca solo tiene un deseo: lograr la risa de sus habitantes.

Es por eso que para Yojandry “Pachy” Naranjo, director del grupo Parabajitos, la Cruzada… es una guerrilla teatrera que solo es posible con grandes dosis de resistencia, sacrificio y sudor propio, virtudes que enaltecen a los artistas más allá de la puesta de cada espectáculo.

Las muchas razones para tales andares

Tal vez esa sea la razón por la que ellos opinen que lo real maravilloso de Alejo Carpentier también se vive y se siente al viajar hasta lo más profundo del lomerío, cargados de bártulos, lo mismo con un traje de payaso, el maquillaje indispensable, los elementos escenográficos… porque el propósito, precisamente, es trabajar en aras de una estética comunitaria.

Los artistas son así, instan a la utilidad de la virtud para también contribuir a enriquecer valores éticos y estéticos; de ahí que esta edición de los “cruzados”, la cual se efectúa desde 1996, sumó a diversas agrupaciones teatrales, entre ellas Garabato, Guiñol Paquelé y Piramidal.


Las variedades circenses estuvieron presentes en todas las
presentaciones de la Cruzada Teatral Por la Ruta del Che

 

Este suceso cultural constituye una oportunidad para promover no solo el divertimento, sino también el análisis de aquellos que entregan y reciben, pues los “guerrilleros culturales” reconocen el lado humanista de esta iniciativa que alegra y cultiva a quienes, por cuestiones de lejanía, no pueden asistir a las salas de teatro de las urbes.

Al decir de Juan Carlos González, presidente del Consejo Provincial de las Artes Escénicas en este territorio central, uno de los platos fuertes de esta expedición que recorrió parte del macizo Guamuhaya fue dialogar con los niños acerca de quién es el Guerrillero Heroico y la importancia de sentir en el pecho el saludo solemne y la promesa de la Organización de Pioneros José Martí: ¡Seremos como el Che!

González refirió que esta suerte de aventura que pone a bailar lo mismo el cuerpo que el corazón constituye, además, un crecimiento espiritual, y acotó que para ellos es un compromiso con el arte y el público de las montañas.

En este teatro andante, Juglarina y Bufoncino, dos payasos con alma de juglares interpretados por los actores de la agrupación Dador Teatro, llegaron para divertir a los niños y contarles una historia: La Cucarachita Martina. Y aunque en un primero momento los más pequeños afirmaron “Esa ya me la sé”, minutos después “murieron de la risa” al conocer a Toribio Ganado, Chivaldo Cabrino, Pollentino Rompetímpanos y el Perro Robot, los nuevos pretendientes de la presumida Cucarachita, además del Ratoncito Pérez.

 “Ese momento debería ser eterno —confesó Fernando Gómez López, director de Dador Teatro—; cuando ves la felicidad en los pequeños te das cuenta de que todo triunfo, aunque viene con una cuota de sacrificio, alegra el alma.”


Los niños disfrutaron con las presentaciones de los artistas
como parte de la Cruzada Teatral Por la Ruta del Che

 

Para que se tenga una idea de este subir y bajar montañas —entre la lluvia y el intenso sol— y los cientos de kilómetros andados con las tablas a cuestas, basta una frase acuñada en esta zona de la Isla: “fue a dar a Sopimpa”, y que se traduce literalmente como caer muy lejos, mudarse a lo más intrincado, o en el peor de los casos cumplir un destierro del que quizá no se regrese nunca.

Allí, donde según versiones folclóricas, el caserío heredó su denominación de un incidente que algunos campesinos acostumbran a contar con dotes de Juan Candela y que a lo largo de los años han aprendido a adorar como si se tratara de la metrópoli más excéntrica, subieron los coloridos títeres y marionetas.

Pelusín del Monte, reconocido títere creado por la escritora Dora Alonso y símbolo de la más auténtica cubanía, regresó también a varias comunidades para regalar sonrisas, sueños y mucho amor a los príncipes enanos y a los hombres de piel curtida que hacen su día a día en el Escambray.

Junto al famoso títere —distinguido por su pañoleta roja, sombrero de yarey y guayabera, además de sus dicharachos—, el grupo Paquelé, el proyecto circense Buscando Sonrisas y los magos Henri, José y Neyra “revolucionaron” Casazinc, uno de los parajes a los que vuelven los artistas cada año para intentar seguirle los pasos, desde la cultura, a Ernesto Che Guevara.

Pese a la timidez de algunos, los niños y hasta quienes peinan canas, cantaron y bailaron con los artistas, pues los adultos no pueden mantenerse alejados de esta travesía que invita, seduce y rejuvenece la mente y el espíritu.


 Artistas circenses regalaron su arte en las comunidades por
donde transitó la Cruzada Teatral Por la Ruta del Che

 

Ana Betancourt Hernández, titiritera de Paquelé y quien desde el 2003 interpreta a Pelusín del Monte dentro de la agrupación espirituana, señaló que el personaje le permite el reencuentro con las raíces de la cubanía, porque expresa también la sencillez y el valor de la familia, el amor por la naturaleza y las tradiciones campesinas.

Es, además, un títere que representa la idiosincrasia cubana, desde el paisaje hasta la belleza de los habitantes de la Isla, quienes se caracterizan por ser sencillos, humildes, traviesos, y esencialmente risueños, apuntó esta mujer apasionada con su quehacer y quien rememoró cómo Dora Alonso lo convirtió en el emblema de esta expedición artística en la década de 1990.

Para aquellos que creen que 20 años no es nada, sépase que ya los “cruzados” llevan en este ir y venir por la serranía dos decenios, convirtiendo las montañas en poesía, en antorchas del arte.

Y es que con el mismo entusiasmo del primer día, la “expedición”, en esta ocasión en homenaje a los aniversarios 89 del natalicio del Guerrillero Heroico y 50 de su caída en combate, sigue siendo recibida con ansias por los lugareños, validado en la calurosa bienvenida en cada parada, y el gratificante “¡ooohhh!” del público en las funciones.

Meyli Salas, de solo dos añitos, cuenta que su abuela María la llevó a ver este espectáculo y “bailó mucho”; en tanto, Arnaldo León, quien cursa el sexto grado, celebró la maestría de los magos.

Y tanto se disfruta y se siente la cruzada que al enterarse de la visita de los “juglares”, los más pequeños “corrieron” para no perderse los números teatrales.

Modernos amantes de las raíces, de quienes persiguen un sueño con el único placer de cultivar y alumbrar las esencias de otros y por eso, las de ellos mismos, los “cruzados” sienten y respiran las luces del arte cada vez que surcan las lomas.

Son, simplemente, médicos del alma, y su mayor regocijo es “curar las penas”; de ahí las ganas de hacer, de aportar su granito de arena o su arbolito cultivado, ese que José Martí dijo que todo hombre debe sembrar.