Los homenajes, a veces inútiles y rimbombantes, no son más que la exageración de algo más profundo que emana de la sensibilidad individual y después, solo en contadísimas ocasiones, del pueblo como ente masivo.

La dimensión poética de la muerte de Fidel Castro solo es posible discernirla a través de los gestos de los vivos, en los silencios, en las lágrimas del hermano guerrero con fama de inconmovible o quizás en la dureza facial de una nonagenaria que a su edad lo ha visto todo. Solo los poetas, los de palabra e imagen, pueden extraer esas letanías y condensarlas en pequeñas metáforas de época donde los seres humanos del futuro intentarán entrever un día doloroso en la vida de una nación.


 

La exposición fotográfica Despedida, de los jóvenes Daniela Muñoz y Jorge Ricardo, nos traslada a instantes en las jornadas posteriores a la muerte del líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, en los que el pueblo cubano, masivamente, acompañó sus restos fúnebres desde La Habana hasta el cementerio Santa Ifigenia en Santiago de Cuba.

Estas 16 fotos, ocho por cada uno de los fotógrafos, logran superar la retórica de la propaganda política para convertirse en arte de correctísima factura.La muestra se ha exhibido en los salones de la revista digital La Jiribilla en la capital; pero durante más de una semana fue vista por los curiosos transeúntes de la biblioteca provincial Alex Urquiola, ubicada en el Parque Calixto García de Holguín, como parte de la dedicatoria a Fidel y al Che de los jóvenes artistas cubanos que organizan las Romerías de Mayo.

No estamos ante un ensayo fotográfico sobre los momentos insuperables del político carismático que de manera rotunda triunfó sobre casi la totalidad de sus enemigos. Tampoco es la crónica diaria de los elementos del poder reaccionando ante el hecho consumado. Estas 16 fotos, ocho por cada uno de los fotógrafos, logran superar la retórica de la propaganda política para convertirse en arte de correctísima factura. La política se convierte en cultura solo cuando atraviesa los pliegues creativos de la estética. Y los autores no le rehúyen a la intención conmovedora, sino que, como poquísimas veces en estos casos, logran equilibrar el dolor, la rabia y la alegría, la juventud y la vejez junto a la salvadora austeridad artística.


Foto: Carlos Rafael


Es posible apreciar en esta colección el acompañamiento sincero del pueblo al hombre más importante de la historia cubana contemporánea, y seamos sinceros, también percibimos algunas muestras de fanatismo pero, ¿cuánto hay de impostura? ¿Cuánto de franqueza? Eso queda a los adivinos o extraordinarios acusadores. Creo que, intencionalmente o no, los jóvenes creadores se incorporan a la tendencia muy de moda de experimentar en el fotoperiodismo como forma artística. Es preciso decir que no encuentro una técnica depuradísima, tampoco recursos deslumbrantes ni de iluminación, ni siquiera de composición. Las imágenes gozan de una sobriedad que las realza, y lo realmente notable de la exposición es la sencillez y fuerza de cada uno de los momentos inmortalizados. En la curaduría está la clave.    

Una de los aspectos más atractivos de esta colección es la figura, ya simbólica, de Fidel Castro y su protagonismo de nuevo tipo. No me refiero a la imagen nítida y exacta del caudillo en su tribuna, sino a la manera en que el pueblo lo evoca de forma espontánea con gráficas, mensajes, juramentos, consignas y veneraciones. Aquí es el pueblo tan protagonista, o más, que la figura Fidel reverenciada.


Foto: Carlos Rafael


Encuentro una afortunada congruencia con la última voluntad del Comandante en Jefe de no permitir hipotecas con su nombre e imagen, y dejar al pueblo y su práctica política el legado de su obra. Se protege hasta de sí mismo y su vanidad —no olvidemos que es este el peor pecado de todos— para escapar tanto a la caricatura política como al advenimiento mesiánico con carácter estalinista.

Es preciso un potente mensaje para que la mirada del caminante que pasa apurado, cambie de rumbo y se detenga a observar las fotos colgadas en la pared de esta biblioteca trasformada en una gran sala de prensa. En la acción de detenerse de este muchacho de piel blanca, ojos azules y pulóver romero, encontramos una sensibilidad indiscutible ante el hecho artístico quién sabe si dormida hasta ese momento.

En la acción de detenerse de este muchacho de piel blanca, ojos azules y pulóver romero, encontramos una sensibilidad indiscutible ante el hecho artístico quién sabe si dormida hasta ese momento.El tiempo y las ofertas culturales no sobran nunca en Holguín durante las Romerías, pero aseguro que la exposición Despedida llegó a muchos sin necesidad de la promesa de buffets y brindis despampanantes, ni las poses esnobs que encontramos en una buena parte de este tipo de convocatoria. Fue suficiente el ambiente bohemio, y algo caótico, de este Festival de Juventudes Artísticas de la Asociación Hermanos Saíz. 

En esta curaduría me parece notable la manera en que Daniela Muñoz y Jorge Ricardo revelan cómo la gente de a pie se apropia, siendo oportunos, del significante popular revolucionario. Ese que no dejará que lo encierren en mausoleos de mármol, ni siquiera en una piedra noble, aparentemente común, como el más común de los cubanos que persista en este recorrido, también fotográfico, que se llama Revolución cubana.