Pedro rima asonante con premio, y esa es la principal razón por la que el Club del Poste, agrupación de decimistas-humoristas que presido, debió sufrir mucho para celebrar con una estrofa la alegría por su Premio Nacional del Humor, recientemente conferido.

humorista gráfico Pedro Méndez Suárez
 Humorista gráfico Pedro Méndez Suárez, en la presentación de su libro A-tendiendo personalidades.
Foto: Periódico Vanguardia

 

No podíamos rimar “Pedro” con “cedro” (muy cañoneado), o con poliedro, o cualquier otra figura geométrica terminada en "edro" (muy artificial) porque aunque Pedro fue cuadro de dirección, nunca tuvo nada de hexaedro (quiero decir: de cuadrado volumétrico).

Difícil también la tuvimos, cuando pretendimos elogiarlo con fina costura —pero con sazón criolla— apegados a la rima con “premio”, porque una de las posibles es “abstemio”, muy lejos de tipificarlo. “Bohemio” nos hubiera servido, y “gremio” también, pero por esos raros caprichos de la creación, solo alcanzamos a construir un pareado: “Pedro, con su humor bohemio/es orgullo para el gremio”.

Nuestro buen Pedro el Grande, nuestro Pedro I (Grande y Primero en el humor, en el dibujo, en el coraje), tras el accidente vascular encefálico que le dejó imposibilitada su mano derecha, aprendió a dibujar con la zurda y, ¡de qué manera! No hay diferencia en el poder de este ambidiestro, solo conecta jonrones, aunque tenga que hacer el swing a la inversa.

Este es nuestro zar del humor gráfico, y lo reverenciamos. De su colaboración con Nuestro Club del Poste, con el que a veces hizo equipo para ilustrar nuestras décimas nacidas en la destellante oralidad de ocasiones festivas, recuerdo una de 1996, que le dedicamos a dos personas: Blas Rodríguez Alemán, entonces avezado director del Centro Provincial del Libro y la Literatura en Villa Clara, y Trifornia Cordero, también emblemática administradora de la librería Viet Nam.

Un especialista ruso

ha dicho que en la Viet Nam

nadie va a ganarse el pan

vendiendo libros de uso.

Ni con discos de Caruso

ni versos de Retamar

ellos lograrán triunfar

porque acaba la función

con Trifornia y con bastón

echando a Blas a la mar.

Pedro dibujó una impecable caricatura de Blas, remando en una chalupa desbordada de libros que Trifornia (también perfectamente caricaturizada) empujaba hacia el horizonte. Y aquí aprovecho para resaltar una de las facetas más notables de nuestro galardonado, pues en colaboración con su hijo Janler, lleva adelante el proyecto A-tendiendo personalidades, gracias al cual no ha quedado escritor ni artista cercanos sin su caricatura. A-tendiendo personalidades, felizmente, existe también como libro, pues la editorial Capiro lo publicó en 2011 y acaba de reimprimirlo en el año que corre. Las que sí perdimos, porque se las obsequiamos a los “ejecutados”, fueron las décimas que nos ilustró.

Los que sabemos que Pedro nació en Báez, casi en el mismo centro de Cuba, en 1946, que alfabetizó, estudió, trabajó como tabaquero, cortó caña en la zafra gigante de 1970 y rindió otras labores de diversa índole, no ignoramos la trascendencia de tales quehaceres en aquella época de épica feroz.

Pero si también conocemos su constante y persistente afán de superación, de crecimiento creativo, pese a lo trascendente que pudiera resultar aquella entrega, sentimos que la misma palidece frente a su liderazgo fundacional, desde 1968, al frente del suplemento humorístico Melaito. Solo tras 35 años de intenso quehacer dejó en otras manos la dirección, aunque continúa como uno de los más activos dibujantes del staff.

¿Qué más decir de Melaíto, su gran proyecto? No me equivoco si afirmo que logró gestar, encaminar y desarrollar una de las publicaciones más dinámicas y plurales en el humor costumbrista cubano; costumbrismo donde cabe lo erótico, lo político, lo ecológico, lo socarrón, la picardía, como mismo están en toda su obra. Desde hace mucho Melaito, primero de la mano diestra de Pedro y ahora también de la zurda, constituye un símbolo de identidad cultural cubana con sede en Villa Clara. Muy en lo íntimo de mis certezas, lo declaro patrimonial.


El Pichón, dibujo de Pedro Méndez

 

De los muchos libros y exposiciones (personales y colectivos), premios y colaboraciones (nacionales a internacionales) y condecoraciones no hablaré in extenso, solo evocaré con cuánto placer edité para la editorial Capiro tres de sus libros: A mal tiempo buena cara (1992), ¼ de humor (1993) y Afilando la punta (1997). Ese ejercicio me hizo comprender a cabalidad la filosofía del colectivo: prender la comicidad a expensas de la sutileza y de transmitir, en todo su color popular, las marcas de lo cubano.

Pedro Méndez ¡de zurda! es uno de los últimos libros del Gran Pedro. Lo publicó Ediciones La Piedra Lunar, en 2017. La palabra “Zurda” tampoco nos rendía utilidades para la trabajosa espinela, pues rimar con “absurda”, “burda” o “curda” hubiera resultado peyorativo, en los dos primeros casos, y demasiado tentador en el último.

Dicen, buen Pedro, que muy bien dibujas, hasta con la zurda. A lo mejor siempre fuiste un derecho con vocación de zurdo (en un final, siempre has militado en la izquierda). Pero la verdad es que hoy nos da lo mismo si con una mano dibujas lo que te dicta la otra, o si simplemente los dos hemisferios de tu cerebro, el de la racionalidad y el de la intuición, ya trabajan a dúo para filtrar el humor a través de todo el cuerpo. Parece que el jurado del Premio Nacional del Humor también los piensa así.

Los poetas del Club del Poste, finalmente, decidimos, casi por primera vez en nuestro quehacer de 27 años, renunciar al humor sarcástico para homenajearte, hermano, casi por completo en serio.

¡Qué grande eres, Pedro Méndez!

¡Felicidades, maestro!

Con tu cerebro ambidiestro,

lo que tú quieras, lo aprendes.

Ahora son zurdos tus duendes,

(no te detiene ni un muro)

y aunque pases un apuro

los chistes no se te enredan

porque en el alma te quedan

diez Teras de disco duro.

Santa Clara, 21 de junio de 2018