El universo de West Indies Ltd.

Guillermo Rodríguez Rivera
8/7/2020

Guillén está asediando, por todas partes, la identidad de Cuba y del Caribe, acaso porque sabe que vivimos y aceptamos apenas un simulacro de esa identidad. En Sóngoro cosongo —claro que más intensamente y con mucha mejor definición que en los Motivos de son—, está recurriendo al hallazgo, casi a la persecución de esa identidad, insistiendo en una anagnórisis que enfrenta muchos reconocimientos.

El marxista que es ya el poeta de West Indies Ltd. despliega una clara perspectiva antimperialista. Sobre esas islas negras y mestizas, los de abajo están sometidos permanentemente a la explotación, a la miseria. Lo dice quedamente el texto del poema “Guadalupe W.I.”, voluntariamente contenido. Quien debe estallar es su lector:

Los negros, trabajando

junto al vapor. Los árabes, vendiendo.

los franceses paseando y descansando,

y el sol, ardiendo

Facsímil de la primera edición de West Indies Ltd. en 1934. Foto: Tomada de Granma

Con esa misma mansedumbre de testimonio que pretende (¿simula?) ser neutral, casi con aires de fotografía o de noticiero cinematográfico, concluye el extenso y muchas veces violento poema que es “West Indies Ltd.”:

Un altísimo fuego raja con sus cuchillas

la noche. Las palmas, inocentes

de todo, charlan con voces amarillas

de collares, de sedas, de pendientes.

Un negro tuesta su café en cuclillas.

Se incendia un barracón.

Resoplan vientos independientes.

Pasa un crucero de la Unión

Americana. Después, otro crucero,

y el agua ingenua ensucian con ambiciosas quillas,

nietas de las del viejo Drake, el filibustero.

Lo que queda al final para estas tierras (que son las mismas que cantaba Rubén Darío en “Los cisnes”), es la esperanza de un mundo mejor, pero que ya no espera que se abra “la caja de Pandora”, sino que sabe que la esperanza está en su puño:

Lentamente, de piedra, va una mano

cerrándose en un puño vengativo.

Un claro, un claro y vivo

son de esperanza estalla en tierra y océano.

El sol habla de bosques con las verdes semillas…

West Indies, en inglés. En castellano,

las Antillas.

Pero la persecución de esa imprescindible identidad, no queda únicamente en la esencial liberación que implica y explícitamente demanda el poema central. Está decisivamente en el hecho de saber quiénes somos. Está en el poema “El abuelo”, el ancestro negro, escondido en la sangre de la aristócrata señora rubia.[1]

Pero Guillén, quien no gratuitamente ha escrito un artículo como “El camino de Harlem”, que la propia página “Ideales de una raza” ha publicado casi exactamente un año antes de la edición de los Motivos de son, no es ni puede ser un partidario de la segregación racial al estilo norteamericano.

Desde entonces Guillén, quien fuera desde su temprana juventud y en su Camagüey natal, un activista contra la discriminación racial, sigue el camino indicado por José Martí en lo tocante al tema racial. Quiere una Cuba integrada y que necesariamente reconozca los dos grupos étnicos, las dos culturas que la constituyen en lo esencial.

Por ello, no es contradictoria aquí la coexistencia del soneto “El abuelo” y de la “Balada de los dos abuelos”. En su obra y en su accionar, Nicolás Guillén pone tanto énfasis en la reivindicación de lo español como de lo africano. Si se siente más el último factor, es porque era el factor discriminado en la consideración de la cultura cubana y, por ello, el que había que defender con más fuerza.

“Hay cuatro factores que condicionan la perspectiva de Guillén: raza, nacionalidad, clase e ideología”. Foto: Internet

Creo que ya en 1934, cuando se edita West Indies Ltd., están perfectamente formadas las personalidades ideológica y poética de Nicolás Guillén, que en él resultarán irreprochablemente coherentes.

La “Balada de los dos abuelos” no pretende una explicación histórica del conflicto y del drama de las dos razas. Esa reivindicación aparecerá en un poema como “El apellido”, donde emerge orgullosa la perspectiva del hombre de color:

Yo soy también el nieto,

biznieto,

tataranieto de un esclavo.

(Que se avergüence el amo).

Hay cuatro factores que condicionan la perspectiva de Guillén: raza, nacionalidad, clase e ideología. Puede enfatizarse uno u otro en un texto determinado, porque cada uno tiene su valor. En la “Balada de los dos abuelos”, la lejanía de los personajes y del conflicto que los hizo enemigos, víctima y victimario, permite verlo de otra manera.

Repárese en que el poeta no da al texto el vibrante designio de canto o himno, ni tampoco el de elegía, tan frecuente y tan libremente usado por él, ni siquiera el más cotidiano de canción. Guillén, hombre atento a las precisiones de la retórica —muchas veces para violentarlas— escoge el término balada, que se describe como “composición lírica que refiere, sencilla y melancólicamente, asuntos legendarios y tradicionales”.

Eran, en su momento, Don Federico y Taita Facundo. La subordinación del esclavo negro al amo blanco no se ignora, pero ahora hay otra percepción, otra voluntad en su nieto, su heredero. Ahora los títulos han desaparecido, porque lo importante, lo que se legitima en el poema, como afirma Denia García Ronda, es “la igualdad del aporte al perfil nacional, y el derecho igual al reconocimiento”.[2] Al final del poema son, simplemente, Facundo y Federico. Hay algo que surgió de ambos que ya está por encima de lo que ambos fueron. “Los dos del mismo tamaño”, afirma el texto de Guillén.

En el propio poemario, un texto como “Dos niños” enfatiza la perspectiva clasista que Guillén ve imponerse a la circunstancia del color de la piel:

Dos niños, ramas de un mismo árbol de miseria,

juntos en un portal bajo la noche calurosa,

dos niños pordioseros llenos de pústulas,

comen de un mismo plato como perros hambrientos

la comida lanzada por la pleamar de los manteles.

Dos niños: uno negro, otro blanco.

En la “Balada…” el fenómeno “nación” ha devaluado las jerarquías que tuvieron las razas e incluso las clases. Pero esa es la que podríamos llamar una lectura histórica, en busca de una entidad mayor que pueda abarcar las que fueron raigales diferencias de raza, de clase, de nación, de ideología. En “Dos niños” se está confrontando la actualidad, el vivo sufrimiento, la injusticia que alcanza a blancos y negros pobres, y que tiene que ser enfrentada.

La dialéctica concurrencia de esos factores motiva los diversos enfoques que el poeta concilia en una perspectiva que necesariamente los reúne.


Notas:

[1] Es curioso que, muchas décadas después de escrito este soneto, investigaciones de genética médica, realizadas en una significativa muestra de cubanos de todas las edades, demuestre la existencia, en diversas magnitudes, de genes africanos y europeos en la sangre de todos ellos.
[2] García Ronda, Denia: “Nuestros dos abuelos: discurso del mestizaje”, en Para adelantar el día de Nicolás Guillén, cit., p.162.

  Fragmento tomado de El problema racial en Cuba. Los primeros libros de Nicolás Guillén (Título en proceso por Ediciones Unión).