“En Cuba los realizadores podemos darnos el lujo de ser selectivos”

Darío Alejandro Escobar
4/3/2017

Joseph Ros tiene fama de no ser puntual. Viste de negro casi invariablemente y lleva el pelo largo. En muy pocas ocasiones se quita las gafas. No toma ninguna bebida que contenga alcohol y su timbre de teléfono es uno de los temas de la banda sonora de Star Wars. Podríamos decir que Joseph Ros es un freak, pero uno que, con menos de treinta años, está considerado entre los más talentosos realizadores de videoclips en Cuba.

foto del realizador cubano Joseph Ros
Joseph Ross. Foto: Alba León Infante

Basta decir que en los más recientes premios Lucas (2016) se alzó con cuatro estatuillas en las categorías de Mejor video de música fusión, Mejor video de música popular bailable, Mejor director y Video del año. De manera que, quien fuera el niño prodigio del videoclip cubano, se ha convertido en un director maduro, exitoso y solicitadísimo.

Nos citamos en un bar a la orilla de la playita de 16, en el reparto Miramar. Todavía no se habían dado a conocer públicamente los resultados de la competición, pero se le notaba muy seguro. Yo pedí un café; él, un jugo de guayaba. Cuando terminamos de conversar, una hora después, el vaso de jugo seguía lleno. 

Joseph, ¿cómo empezaste en el videoclip?

Realmente no empecé en el videoclip, sino en la televisión. De niño siempre me gustó ilustrar, de hecho me dediqué mucho tiempo a ilustrar para medios de prensa,  para libros. Mi sueño era hacer dibujos animados.

¿Y qué pasó?

Conocí a Orlando Cruzata. Él trabajaba con un editor digital en uno de los primeros Avid que había en Cuba. Así que empezamos a coincidir mucho cuando, en mi afán de aprendizaje, me ponía a hacer ejercicios de animación, cosas más bien informales, pero que, según su apreciación, quizás podrían funcionar para el programa. 

En aquella época —creo que esto hay que explicarlo— hacer el programa era muy duro, sobre todo porque Cruzata es una persona muy exigente, y en aquel tiempo las condiciones de trabajo eran otras. Lucas es un proyecto muy ambicioso que siempre se ha ido expandiendo: empezó como programa y luego se amplió a los premios y las publicaciones.

También sucede que Cruzata siempre ha sido una persona que ha llevado las cosas solo, y aunque el proyecto incluía a otras personas, creo que yo, con mis deseos de hacer cosas, llenaba un espacio ahí de alguien que pudiera estar a tiempo completo con el proyecto. Me enfoqué completamente y eso fue lo que quizás me ayudó a desarrollarme como asistente de dirección. También, a la par, hice trabajos de ilustración y así fue funcionando el diálogo.

¿Cuándo te dejó correr solo?

Eso fue un proceso. Fui llevando las cosas en paralelo. Empecé a publicar en Pionero; después en Zunzún, Somos Jóvenes, Alma Máter y El Caimán Barbudo. Luego llegué también a Juventud Rebelde. Así, en el año 2007 dirigí mi primer video. Fue un video de un grupo de rap que empezaba en aquel momento y después no continuó. Se llamaban La Unión.

¿Cómo llegaste a ellos?

A través de Lucas conocí muchos músicos. Ahora mismo un gran número de mis amistades son músicos de diferentes géneros; pero con el mundo del rap en aquel momento tenía una afinidad bastante cercana y también me interesaba que si yo hacía mi primer trabajo fuese con presupuestos modestos, de menores posibilidades.

Era más interesante para mí esmerarme y hacer un trabajo para alguien que necesitara mostrarse tanto como yo al mundo, y sentir que estábamos al mismo nivel de riesgo. El video funcionó porque tuvo varias nominaciones y algunos premios, entre los que estuvo el mejor clip de Ópera Prima, categoría en la que competía como realizador novel. Ya después seguí haciendo cosas con regularidad, aunque a un ritmo mucho más lento que el de hoy, y este proceso duró unos cinco años. De esa época data un trabajo para Ernesto Blanco que se llamó Reinas de la noche, que fue bastante significativo en ese momento porque también tuvo varias nominaciones y premios.


Fotograma de Reinas de la noche, de Ernesto Blanco

¿Por qué no hiciste más cosas? ¿Qué pasaba?

Es que eran otros tiempos. No había la tecnología que hay ahora. Hacer audiovisuales en todos los sentidos es muy complicado y tampoco quería lanzarme a hacer cualquier cosa. Quería escoger muy bien los proyectos en los que me insertaba, donde pudiera desarrollarme, y fue un camino escalonado hasta que hice el clip Frío, para Raúl Torres, que tuvo muchísimo éxito en su momento, gozó de mucha aceptación en diferentes ámbitos y mucha gente todavía me recuerda por él. Este video no solo estuvo en los Lucas, sino también en el Festival de Cine Pobre de Gibar, cuando lo presidía Lester Hamlet. Fue la única vez que se le permitió competir allí a los videoclips.

A partir de eso, tuve un mayor desarrollo en el trabajo. Fue mi primer trabajo con una disquera y empezaron a tenerme en cuenta. También fue como decir que todo lo que había pasado anteriormente no era casualidad, porque en este giro mucha gente piensa que si dominas dos o tres fórmulas, te pueden salir cosas interesantes; pero cuando demuestras que puedes lograr algo de rigor con una complejidad fuera de lo común, por decirlo de alguna manera, entonces empiezan a tenerte un poco más de respeto. Después vino el video de M Alfonso, que en su momento ganó como Video del año, Mejor dirección, además del de su categoría musical correspondiente. Este trabajo significó la definitiva reafirmación de mi trabajo con este género audiovisual, sin dudas.

¿Cómo escoges los proyectos? ¿Qué tomas en cuenta?

Siempre he tenido la misma visión, con el tiempo me he hecho mucho más responsable porque ya no es algo experimental, es algo a lo que me dedico profesionalmente y vivo de ello. Trato de sentirme afín con los proyectos tanto musicalmente como en lo personal. Me he dado cuenta que es una ventaja que tenemos en Cuba los realizadores; podemos darnos el lujo de ser selectivos porque este un país que aunque tiene una estructura discográfica bastante mala, me refiero a niveles comerciales, cuenta con una producción musical grande, diversa y de calidad en muchísimos casos. De manera que tenemos eso a favor.

Tú conoces el Lucas desde dentro. ¿Crees que haya una fórmula para ser premiado?

Realmente no. Creo que no hay ninguna fórmula para ningún evento. Los premios son circunstanciales y eso me parece que funciona así en todos lados. No hay una fórmula que se pueda establecer para adivinar lo que le interesa a un jurado o no. Eso tiene que ver mucho con los tiempos. Puede ser que un año salga un video que rompa con lo normal, aunque no tenga la mejor realización, pero tiene un contenido social fuerte y el jurado lo premia. Después, esa manera de hacerlo se convierte en tendencia y al jurado le va interesando menos.

Los premios son circunstanciales y eso me parece que funciona así en todos lados. No hay una fórmula que se pueda establecer para adivinar lo que le interesa a un jurado o no.

De todas formas, creo que Lucas es un evento que se ha caracterizado por valorar mucho la realización del video en sí. O sea, a diferencia de otros eventos de videoclips —o por lo menos los más conocidos, los MTV, que funcionan más por sistemas de venta— los Lucas solo dejan una categoría para popularidad, pero las restantes responden al criterio de un jurado. Aunque es válido aclarar que no es solamente una responsabilidad del video obtener un premio porque, en la gran mayoría de los casos, la decisión de darle un premio a un video está muy influenciada por la música que trae de base.

Sí, pero tú has logrado obtener los suficientes Lucas como para tomarles bien la temperatura…

Yo no trabajo para eso. Te lo juro. Trabajo con mucho rigor y creo que el jurado puede valorar eso; cuando eres así y también un poco osado y preciosista con el trabajo, entonces eso salta por algún lado. No hay que decírselo a la gente. Ellos mismos lo pueden notar. Y quizás ese puede ser un motivo por el cual el jurado haya sentido la necesidad de, en algún momento, destacar mi trabajo por encima de otros en categorías determinadas. Igual te digo que no todos mis años han sido así de éxitos rotundos ni mucho menos. Incluso ha habido años que ni he trabajado. Me he dedicado a proyectos más puntuales. 

¿Cómo funciona tu proceso creativo?

Nunca es igual, cada tema y cada artista trae consigo algo que lo distingue y creo que lo interesante es saber dialogar con ese lenguaje. O sea, asumir la materia prima que trae ese artista y potenciarlo. Saber buscar la lectura más interesante y atractiva.

¿Cuál es el que más te gusta de todos los videos en que estuviste nominado?

Te puedo decir que el más personal es el que le hice a Joaquín Clerch: Final obligado.


Final obligado, de Joaquín Clerch y dirgido por Ros se alzó en los Lucas en la categoría de Video música instrumental y coral.

¿Fue muy difícil concebirlo?

Tuve una libertad extrema. Y eso no lo puedo hacer con todos los videos.  Hay una historia interesante con ese proceso porque yo hice dos videos para el disco al cual pertenece ese tema. Final obligado forma parte de un integral que realizó Colibrí de la obra de Carlos Fariñas, un compositor y guitarrista cubano, y Joaquín Clerch, que fue su alumno, decidió hacer el disco con obras de su maestro e incluyó varios temas.

Colibrí en ese momento (2012) me dio el álbum y me dijeron: escoge un tema para hacerle un videoclip. Ni siquiera fue el artista, fue la propia disquera la que me dio la posibilidad de hacerlo. Yo tenía dos opciones, Final obligado y Canción triste, y la disquera me dijo: Bueno, vamos a hacer los dos.

Agradezco mucho que la disquera haya tenido esa postura porque se le da muy poco chance en los medios de comunicación a la música clásica o a la música de otro tipo que no sea comercial. Y que haya una disquera que se preocupe porque esos materiales tengan un soporte con el que difundirse, ya es muy importante.

En ese momento hicimos Canción triste porque Joaquín, coincidentemente, estaba aquí en Cuba, y aunque el proceso fue bastante atropellado, se logró.  Final obligado quedó pospuesto para cuando pudiera volver a estar y participar.  El asunto es que Joaquín es una persona completamente alejada de lo comercial, muy concentrado en su música, viene por muy poco tiempo y para asuntos puntuales. Era muy difícil coordinar con él para filmar el video. Su mundo no gira alrededor de eso. Hubo un momento que decidimos prescindir de su presencia y lo hicimos. Lo hicimos con mucha paciencia. Fue un proyecto que me interesó mucho porque significó una posibilidad y un privilegio poder trabajar con ese tipo de música. Pasaron cuatro años entre un video y otro.

¿Crees que se pueda hablar de un videoclip de autor ahora mismo en Cuba?

Creo que sí. En Cuba es muy fácil ser autor porque no tienes la presión que hay en otros mercados. No voy a mencionar personas para no etiquetar a nadie, pero te puedo decir que hay algunos que han impuesto un sello en lo que hacen. Intento que mis videos sean diferentes entre sí. En una realización siempre parto en blanco, de cero, y después desarrollo la idea. Incluso trato de ser variado en cuanto a estilos musicales, pero puede ser que sin proponérmelo quede determinado detalle o forma de hacer muy marcada en los videos.

Intento que mis videos sean diferentes entre sí. En una realización siempre parto en blanco, de cero, y después desarrollo la idea.

¿Cómo te relacionas con las redes informales de distribución? Yo he visto tus videos en El Paquete Semanal. 

No tengo ninguna relación con ellos. Los músicos deben tener mejor acceso quizás. Yo soy un bicho raro en mi gremio porque mi responsabilidad con los videos termina cuando lo entrego al artista o a la disquera. A partir de ahí no es algo de lo que participo. Y no tengo ningún interés tampoco, honestamente.

Este año estuviste particularmente productivo…

Tiene que ver con las fechas de terminación de los videos y el cierre de las convocatorias. Este próximo año de competición creo que me volverá a pasar porque voy por seis o siete videoclips. Estoy contento porque hice trabajos de todo tipo.

¿A qué artista le harías un videoclip sin dudarlo un segundo?

Eso puede pasar con muchos artistas. No es un problema de capricho. No es tan complicado. Hacer un videoclip es como tener un hijo. La madre no debe decirle al padre: ¡Hay que tener un hijo porque sí! Debe haber un romance, un ambiente propicio para que suceda. Hay que desearlo desde ambos lados. Así mismo sucede con un videoclip. 

¿Tienes mayores aspiraciones en el audiovisual?

Claro que sí, pero es un proceso que lleva paciencia. Estoy buscando historias. Quiero valorar bien con quién trabajo. Evalúo ideas para un guión porque es algo que no quiero hacer solo. No es el mismo trabajo que he estado realizando hasta ahora. No es lo mismo un pie forzado que el lienzo en blanco.