Fátima de la Caridad Patterson Patterson estaba sola cuando la llamaron desde el Ministerio de Cultura…. ¿Sería la respuesta a un proyecto? ¿Acaso, alguna gira? Todo le vendría bien, pero no eran esas las razones de la llamada. Cuando supo el motivo, algo la recorrió, le hizo un lazo en la garganta. Fue un instante.


Fátima Patterson. Foto: Naskicet Dominguez


“¿Fátima, estás ahí?”, le repitieron. Y, por supuesto... estaba, solo que de pronto se le abalanzaron las imágenes de su propia vida, y de aquellos que le han acompañado y ya no están: Rogelio Meneses y Joel James. Y el Cabildo y el Festival del Caribe y Macubá…

Uno por uno, los miembros del jurado la felicitaron: Carlos Celdrán, su presidente; Corina Mestre, Nieves Lafferté, René Fernández y Gerardo Fulleda. La decisión de otorgarle el Premio Nacional de Teatro había sido unánime. Y entonces, esta mujer de ancestros esclavos, esta hija de músico y lavandera que se asomó a un curso de actuación en el estertor de 1969, esta madre tempranera de 18 años, esta mujer que nunca se ha detenido, hizo un alto.

“Uno hace tantas cosas que a veces no te acuerdas, y te sorprendes cuando escuchas lo que los demás dicen de ti. Ser actriz es más que subirse a un escenario: es una responsabilidad, es mi responsabilidad. Es tener en cuenta los problemas de mi gente, es ayudar a que las personas sean mejores, y por eso batallo y batallaré desde el escenario. Es lo normal para mí. Y si por ello te premian... es como si me dieran un premio por ser buena hija o buena madre.

“Por supuesto, eso quiere decir que la gente te quiere, que reconocen tu trabajo, y eso nunca te deja indiferente; pero no soy más que una santiaguera que ama su ciudad, una cubana que ama a su país”. 


Foto: Cortesía de la entrevistada


Comenzó en la radio provincial. Actuó y dirigió programas con grandes maestros a su lado. Ya había nacido Tele Rebelde, primer canal de televisión de la etapa revolucionaria. Eran los años 70. Sin embargo, en un país multicolor como el nuestro, los personajes para ella en la pantalla, apenas aparecían. Siempre se quedaba con ganas de decir, con una apretazón en el pecho. Raúl Pomares lo supo ver. La empujó.

En 1977 inició su andadura por el ya mítico Cabildo Teatral Santiago con la obra El 23 se rompe el corojo. Allí descubrió la magia de darse al público, de tocarlo. Halló las claves para descifrarse a sí misma; comenzó un recorrido por el barrio interior que, en verdad, no ha terminado jamás...  

“Mi encuentro con una foto de Gladys Linares (“Mafifa”), la campanera de la conga de Los Hoyos, en realidad fue un encuentro de otro nivel. Yo había escuchado su leyenda, fue la primera vez que la conga salió detrás de un entierro. Y cuando miré la imagen de Mafifa fue como si me estuviera hablando.

“Salí para mi casa y escribí de un tirón Repique por Mafifa o La última campanera, en una maquinita portátil. Lo acabé esa noche y al otro día se lo mandé a Joel James. Él me lo devolvió, aprobando lo que había escrito: ¡Te imaginas! Aún guardo el original con la nota que me escribió sobre el libreto.

“Yo quería que alguien montara ese personaje, ese tránsito de la vida a la muerte. La muerte siempre ha sido una obsesión para mí. Se lo propuse a dos actrices, pero no les interesó, y alguien me dijo: ‘Tienes que hacerlo tú’. Es una obra que, a veces, me da miedo. Después de eso, ya no quedaba otra opción… Tuve que fundar Estudio Macubá”.

 

Madre Cuba (Macubá)

 

Creado el 7 de mayo de 1992, Estudio Teatral Macubá explora el universo de la poesía antillana, sus dolores y sus colores; los sistemas mágico-religiosos, la narración oral, la cuentería, la música…; y apuesta por la constante búsqueda del significado femenino. Piezas como la premiada Ayé N´ Fumbi (Mundo de muertos), Iniciación en blanco y negro para mujeres sin color o Ropa de plancha, todas de la autoría de la propia Fátima, así lo confirman.  

“En lo que escribo y lo que hago, asumo que soy mujer, que soy pobre, que soy negra, que soy artista. Si mi piel hubiera sido de otro color, si hubiera sido del biotipo preferido por los medios, mi camino hubiera sido diferente, y mis desafíos, otros. Que nadie se ofenda.


Foto: Cortesía de la entrevistada 


“Lo más reciente de Macubá es la obra Si se te olvida, te quemas. Narra la llegada de extraterrestres a nuestro mundo. La gente los recibe con mucha ansiedad y mucho oropel, sin darse cuenta desde el principio que son los nuevos colonizadores. Quien encabeza la resistencia es la creación popular. La cultura es la única que puede revertir ese proceso, la que sostiene, la que evita ser absorbidos. Es un espectáculo que escoge momentos, que pasea por Santiago y por nuestra cultura, donde pueden encontrarse desde poemas de Nicolás Guillén hasta música tradicional cubana”.

“Este premio ha llegado en el momento en que Macubá cumple 25 años. Cuando estoy en la dirección, siempre estoy valorando y estudiando el desempeño de músicos, técnicos, actores. Es inevitable, es imprescindible... Siempre me toma los nervios ese momento antes de salir a la escena, siempre tengo que ir al baño. Después que estoy arriba, para ser sincera, ya el escenario es mío”.

Actriz, dramaturga y directora, ha sido calificada como vedette por la prensa de Liverpool. La han aplaudido en Europa y en el Caribe. La he  visto llenando el escenario con sus historias y sus gestos. La he visto en los preparativos de la Bienal de Oralidad de Santiago de Cuba. La he visto llena de cemento durante la construcción de la sede actual de su colectivo, el flamante Café Teatro Macubá. La he visto en ensayos, en puestas, en las calles. Creo que la he visto desde siempre. Y ahora mismo, la tengo enfrente, solo para mí; mientras una fotografía gigante la rescata en el tiempo, tocando el piano junto a su hija.

“Le he dedicado más tiempo al teatro que al hogar. Es una deuda que a mis años trato de pagar, pero el teatro insiste, el teatro viene para la casa. Mi hija, Consuelo Duany Patterson, también es actriz, soy su madre y soy su jefa. A veces, lo reconozco, soy muy absoluta; pero ella ha encontrado un modo de ayudarme en la organización, un modo de lidiar conmigo. Mi nieta Firoella Franco Duany, estudiante de periodismo, es el equilibrio. Y esta es una casa solo de mujeres, para bien o para mal.

“Ahora... lo que queda es trabajo y más trabajo. Siento que mi compromiso de vida es con el futuro. Es despertar en los más jóvenes el sentido de la ética y la participación, porque el teatro sirve para eso, porque el teatro también es eso. Sin ética, sin compromiso, sin responsabilidad, no se puede hacer teatro. El teatro siempre está abierto al espíritu”.

Una vez me dijo que las cosas no le pasan por suerte. Fátima de la Caridad Patterson Patterson es una luchadora. Tiene algo que te sacude, que te lleva. La cultura cubana, al otorgarle el Premio Nacional de Teatro, tiene más de una razón para el regocijo.