“Ahora mismo puede ser”, respondió rápido Gabriel Kaplún [1] ante la intención de una posible entrevista. Su disposición al diálogo es máxima de vida. Como producción de vínculos y sentidos es entendida la comunicación por este hombre que confiesa no haberse ido nunca de la comunicación popular, aunque ahora dedique buena parte de su tiempo al Observatorio de las profesiones de la comunicación [2]. Así confirmó en el IX Encuentro Internacional de Investigadores y Estudiosos de la Información y la Comunicación, celebrado del 13 al 17 de noviembre de 2017 en La Habana. Preguntas que generan nuevas preguntas y la búsqueda incesante de respuestas con el objetivo de proponer caminos desde la comunicación, se erigen savia de experticia. Para el comunicador, Magíster en Educación y Doctor en Estudios Culturales, docente e investigador de la Universidad de la República de Uruguay, es fundamental el diálogo y no solo entre iguales. Resulta esencial que dialoguen los distintos.
 

Gabriel Kaplún
Foto: Cortesía de la autora
 

Hoy se está defendiendo que cada sujeto tiene un espacio, que cada sujeto es demandante y tiene posibilidades, además, de producir sentidos. ¿Cuál sería la responsabilidad desde la comunicación de capacitar a esas audiencias para que realmente pasen de audiencias reactivas a audiencias proactivas?

En primer lugar, tenemos que repensar qué entendemos por comunicación y qué entendemos por comunicador, cuál es nuestro rol profesional. Quizás estuvimos muy acostumbrados a una mirada de la comunicación muy ligada a los medios y a un rol del comunicador muy ligado a la producción de mensajes, y en cambio pensamos poco en algo que siempre estuvo presente, que es pensar la comunicación como diálogo y escucha, y no solo transmisión de mensajes. Pensar la comunicación no solamente ligada a los medios, sino a los procesos sociales en un sentido amplio, donde los medios tienen un lugar muy importante. A su vez, esto se complejiza hoy porque los medios digitales tienen características particulares, que casi paradójicamente nos traen de vuelta los sentidos más viejos de la escucha y el diálogo, los cuales tal vez estuvieron ausentes en el siglo XX, que instaló una matriz de comunicación y de profesional de la comunicación ligada a los medios y mensajes.

Seguimos teniendo un rol en la producción de mensajes, en la gestión de los medios, pero tenemos que recuperar ese rol ligado a la escucha y el diálogo que siempre tuvo el comunicador.

Los esfuerzos y la llamada comunicación popular, alternativa de finales del siglo XX, se adelantaron incluso a las tecnologías digitales que instalaron un escenario donde esto es en parte más fácil y técnicamente viable. Es más posible que antes recuperar la idea de que la comunicación no es el uno a muchos —desde una emisora muchos receptores—, sino de muchos con muchos, dialogando entre sí.

Si instalamos esa posibilidad con la red, desde el rol de los medios y los periodistas, de los comunicadores en general, tenemos una responsabilidad nueva que complejiza mucho nuestra tarea. Uno de los problemas viejos y que se agudizó es que la gran esfera del diálogo multitudinario ciudadano que internet posibilita —insisto que es una posibilidad, pero no una realidad necesariamente— resulta potencialmente viable técnicamente, pero puede no ser diálogo. Puede ser un gran ruido cacofónico, mucha gente hablando a la vez y poco diálogo entre sí. Puede haber, y hay bastante investigación sobre esto, muchos espacios cerrados que no dialogan entre sí, diálogos pequeños que solo se reafirman entre sí. Los que piensan igual conversan con los que piensan igual, pero no hay un diálogo entre los distintos, la posibilidad de escuchar y de ver otros puntos de vista.

Nuestra responsabilidad profesional se complejizó. Un extremo podría ser pensar que ya no tenemos un rol; son los ciudadanos los que hablan, qué sentido tiene el periodista. Podría ser un extremo y hay quienes quizás piensen eso. Creo que es al revés: nuestro rol se hizo más rico y complejo. Un rol que tiene mucho de curador, de seleccionar bien, de orientar cómo los demás buscan, que no es algo que podemos dejar ligado únicamente a la búsqueda automática de Google. La necesidad de tener a alguien que nos oriente en un mar tan grande de información y la confianza en el buen periodista siguen siendo clave.

¿Qué peligro pudiera entrañar que los servidores públicos no comprendieran, no se sensibilizaran con la necesidad de brindar información oportuna, veraz a la ciudadanía desde su gestión?

Ahí hay uno de los roles que siempre fue importante y que hoy quizás pasa a ser aún más importante. Por ejemplo, uno puede analizar bien y linkear todo lo linkeable para que el que está mirando pueda acceder a toda la información complementaria, pero desde una orientación más razonada, más pensada.

Uno puede también ofrecer puntos de vista diferentes aclarando que no los comparte y el rol editorial sigue siendo clave cuando uno discrimina bien. . No se trata de ocultar el punto de vista propio, el periodista lo tiene, su selección ya es un punto de vista, lo que él elige y decide, la agenda que importa para el día de hoy, ya es una selección de todo lo que está pasando en el mundo o en su pequeña comarca. El asunto es si transparenta este punto de vista y a su vez, habilita profundizar a otros; ahí hay esa complejidad, a la que se le suma el rol más complejo todavía de cómo habilitar buenos debates, facilitar buenos debates ciudadanos.

¿Y ese punto de vista desde las instituciones, desde el Estado?

En el caso de la comunicación de los gobiernos y los Estados, hay una primera cuestión, siempre difícil, ¿de gobierno o de Estado? Puede haber cambios de gobierno, pero a algunas políticas se les ha llamado de Estado. No sé si es un buen nombre, sobre todo en el sentido de que las sociedades pueden hacer acuerdos de más largo plazo, que los cambios que eventualmente se dan en las orientaciones políticas más coyunturales. Esos acuerdos a más largo plazo es lo que algunos llaman política de Estado.

El asunto es qué es lo que un comunicador hace en un gobierno o un Estado. ¿Es propaganda oficial? ¿Es ese su rol? ¿Es información completa? Eso es ya más complejo, todo lo que está pasando, por lo menos, la selección pertinente de lo que está pasando. ¿Es la posibilidad de incorporar a los ciudadanos al diálogo con el Estado, y al Estado al diálogo con los ciudadanos? Esto incluso no es un tema de medios solamente, es un tema de estructuras estatales que habilitan diálogos; pero donde los comunicadores pueden jugar mucho en el diseño de esas estructuras y en el apoyo a esas estructuras, por ejemplo, con buenos soportes de información. Ahí tenemos todo un papel clave.

Si las instituciones lo único que hacen es propaganda oficial, tenemos un problema; igualmente, si no transparentan lo que hacen y si no habilitan diálogos, que son las otras dos posibilidades.

No quiere decir que no sostengan sus puntos de vista, que no es exactamente lo mismo que propaganda, pero es afirmar: lo que estoy haciendo vale la pena…, es bueno…, debe ser conocido…, está muy bien eso. El asunto es… esta es toda la información y estos son los ámbitos para el debate.

¿Hasta qué punto desde un espacio de debate televisivo, respetando no ser tan solemnes, sino más entretenidos [3], pudiera contribuirse a una mejor gobernabilidad?

Una de las cosas que se pueden pensar, al menos, si tenemos el deseo y la posibilidad de abrir ese debate a formatos nuevos, por un lado, es esto que tú dices, que tiene que ver más con lo narrativo, más entretenido, más ágil, que no sea la cosa acartonada. Allí hay mucho para hacer.

Pero también hay otras cosas que se pueden hacer y que se están explorando cada vez más, en materia de los ciudadanos interviniendo en un debate. Por ejemplo, estamos haciendo algunos experimentos, y hay mucha gente en el mundo que los hace con alimentar debates periodísticos en televisión u otros medios, con un fuerte trabajo ciudadano previo, que, por ejemplo, pone el mismo tema en un debate previo a través de las redes, a través de internet, con distintos sistemas que se pueden diseñar, e invita a los ciudadanos a aportar, a preguntar, a orientar las preguntas hacia quienes van a participar, por ejemplo, en un debate periodístico en televisión. Puede haber también cosas durante el programa televisivo, aunque esto es quizás más conocido, y a su vez más complejo porque las intervenciones tienen todavía mucho del falso diálogo, la falsa participación, el mensajito que llega pero que no termina a veces realmente de consolidar, es más la sensación del debate, que el debate en sí. A veces el previo es bastante más interesante porque es mucho más pensado y puede ser muy interesante el posterior.

Creo que al igual que el desafío del durante, hay mucho para pensar, y ahí entra la alianza con los ingenieros y las tecnologías, quizás construir con el tiempo diferentes propuestas. Es seguro que el antes y el después son muy interesantes.

Un debate televisivo forma parte de un proceso multimedia, donde internet, la televisión y otra vez internet, son un continuo, y uno cierra un ciclo, si es que se cierra. A veces vuelve a quedar abierto un debate en torno a un tema cualquiera de interés de la ciudadanía, no importa cuál. Puede ser un tema de la vida urbana: qué hacemos con la basura, con el transporte, o puede ser un tema mucho más general de la vida política: cómo creamos una nueva institución, si una ley debe ser o no aprobada, o qué características debe tener. Con una estructura, por ejemplo —no digo que ese sea el único esquema—, donde la gente discute antes en internet, donde el programa televisivo ha puesto algunas cosas, pero se alimenta de ese debate previo y alimenta, a su vez, un debate posterior.

Hay miles de maneras que ya se están dando; puede haber otras cosas durante el programa, explorar cada vez más formatos. Tienen un campo enorme para la investigación, para el desarrollo, para la creatividad, por supuesto que cuidando que nuestras audiencias también se enganchen en una narrativa atractiva. Todo eso puede otra vez, y vuelvo a lo anterior, ser una cosa cacofónica, engorrosa, que al final nadie tiene muchas ganas de seguir porque lo que ve es muchísima información, mucha más que antes. Por ejemplo, el debate previo fue riquísimo, pero fue tan complejo, tan caótico, que nadie tiene ganas de ver todo aquello o el posterior lo es, y se queda otra vez solamente con el programa televisivo si está bien hecho y si está mal hecho, ni siquiera. Simplemente uno se aburrió una hora frente a la televisión y probablemente, antes de aburrirse, ya apagó o cambió de programa; pero esa riqueza de las multipantallas, de la multimedia, puede ser muy interesante para explorar. Lo está haciendo mucha gente, a veces desde la sorpresa, sin orientación, aunque creo que hay posibilidades de hacerlo con una mirada crítica, con proyectos sociales emancipadores, me parece que hay una enorme oportunidad.

Notas:
 
[1] Es miembro de la Asociación Latinoamericana y de la Asociación Mundial de Investigadores de la Comunicación.
[2] Desde la Facultad de Información y Comunicación, en la Universidad de Uruguay, el Observatorio se propone un trabajo activo en dos direcciones interrelacionadas: diálogo crítico con el mundo profesional y revisión de las prácticas y sustentos de la formación universitaria para el ejercicio de las profesiones.
[3] Sugerencia realizada por el autor en una entrevista concedida sobre la televisión. Montano, A. (2007). Para una televisión pensada también desde sus públicos. Tesis de Maestría, Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, La Habana.