El panel presentado por investigadores e intelectuales de Casa de las Américas este jueves, en el Congreso de LASA (Latin American Studies Association) 2018, recibió no solo reiterados elogios de varios de sus asistentes, sino que incentivó a importantes comentarios y reconocimientos acerca de tópicos que hoy demanda el panorama dejado por la globalización neoliberal.

Congreso de LASA 2018. Foto: Internet
 

Se trata de un proyecto de programa de reflexión que se concibió colectivamente y a partir de numerosas reflexiones e investigaciones previas, como lo expresó al presentarlo Jorge Fornet, organizador de la sesión. Para Fornet no se trata de confrontar o negar la globalización, pues ya su institución había dejado claras perspectivas de análisis del asunto en la celebración del V Centenario de lo que se ha conocido como Descubrimiento de América, hecho que dio paso, según las palabras de Roberto Fernández Retamar, al “comienzo de la mundialización del mundo”. De ahí que se integraran pensadores que, al tiempo que lo son, forman parte del equipo de trabajo de una institución que es singularmente intregadora.

La ensayista Zuleica Romay comenzó la sesión expositiva desarrollando un panorama acerca de la obra de un pensador menos reconocido de lo que merece y más universal de lo que muchos suponen: Walter Rodney. Su desempeño  estuvo vinculado a la casa de las Américas más por sus intereses intelectuales y de trabajo que por vínculos personales. Desde el marxismo, su visión confrontaba el panorama intelectual del momento, que relegaba los aportes culturales africanos y latinoamericanos frente al legado europeo tradicional. Su aguda observación une en un mismo modelo de análisis, puntualizó Romay, las líneas de pensamiento que a su alrededor se desarrollaban, aunque poniendo de su parte un espíritu emancipador creativo.

Jaime Gómez Triana centró su intervención en la obra de Darcy Ribeyro, quien se llamó a sí mismo brasileño-latinoamericano. Este sí estuvo vinculado al trabajo, las intenciones y objetivos de la casa de las Américas. Su caso singular, que partiendo del evolucionismo consiguió aportes válidos y vigentes al desarrollo histórico de las civilizaciones, ha terminado por dejar una obra que carece de seguidores. Polémico, agudo, pero sobre todo humanista, defensor de la emancipación de los oprimidos y el reconocimiento pleno de todas las culturas de la humanidad, Ribeyro decía además ser un antropologador, más que un antropólogo. Con ello, llamó con efectividad a romper con las estructuras eurocéntricas de clasificación y enseñanza. El recorrido sintético por su obra, que no excluyó citas importantes a pesar del breve tiempo del que se disponía, motivó una comunicación espontánea en la sala que iba más allá de la pura recepción.

La joven intelectual Ana Niria Albo eligió la obra de Aníbal Quijano, sobre la cual desarrolló un profundo ejercicio de análisis y clasificación epistémica. Sin perder los niveles orales de la exposición, Ana Niria consiguió hacer epistemología de la epistemología varia de Quijano. Así destacó, y demostró académicamente, cómo este intelectual vislumbra la utopía de la lengua como una utopía de la cultura cuando analiza la obra de José María Arguedas.

La crítico teatral y especialista Vivian Martínez Tabares hizo un intenso y extenso recorrido por la obra de Augusto Boal, cuyos aportes a veces quedan lejos del reconocimiento que merecen. Desde el teatro del oprimido, pasando por las diversas variantes que creó y puso en práctica, los asistentes nos llevamos una clara y apasionada visión de la dimensión de su trabajo, tanto desde el punto de vista de la creación y la estética, como de los resultados concretos en el destinatario. La habilidad de Martínez Tabares para describir las acciones que derivan de los métodos de Boal motivó también evocaciones entre quienes compartíamos los asientos de los espectadores, acaso con deseos de convertirnos también, y al modo de Boal, en expect-actores.

Cerró el propio Fornet la ronda de exposición y análisis con un recorrido profundo y ameno por la obra de un intelectual imprescindible para el pensamiento latinoamericano contemporáneo como Roberto Fernández Retamar. Este merecido reconocimiento, confesó, a veces se pospone, injusta e indefinidamente, debido a su condición de director de la propia institución. Sin embargo, precisó la dimensión de sus ensayos y estudios, y la posibilidad de renovarlos a través del tiempo, sin la vanidad que hace a muchos persistir en ciertos errores. Coloquial, con anécdotas simpáticas, y al mismo tiempo certero, profundo, conciso en sus ejercicios de clasificación académica, Fornet dejó claro cuán vigente está la obra de Fernández Retamar y, a la vez, cuántas posibilidades de trascender conservan sus reflexiones, a pesar del riesgo de la circunstancialidad.

La conducción del tiempo, de preguntas y debates, por parte de la joven investigadora Camila Valdés León, ayudó a dejar claro que los objetivos planteados al inicio se habían cumplido con creces. Para mí, que fui anotando a vuelapluma mientras evocaba los pasajes citados, y reía, como todos, con las simpáticas anécdotas de vida, me pareció un necesario curso concentrado, un llamado que acaso los propios intelectuales, llevados por sus responsabilidades institucionales, ni siquiera han pensado plantearse.