Aunque Juan David hizo más de una caricatura de René Portocarrero, es bastante probable que la que tiene ante sus ojos no la haya visto con anterioridad. Se publicó en el semanario Carteles el 24 de mayo de 1942, hace justamente tres cuartos de siglo, y no es muy conocida. Perfectamente lograda, nos entrega al entonces joven pintor con sus cejas y bigote hirsutos, dentro de un rostro hosco y simpático a la vez. Por aquella fecha, el caricaturista tenía 31 años y Portocarrero uno menos. No obstante, uno y otro engrosaban ya el catálogo de los artistas plásticos cubanos que se abrían un espacio en galerías y alcanzaban un reconocido prestigio nacional.


 

Nacido en Cienfuegos, Juan David Posada no llega a La Habana hasta mediados de la década del 30. Para entonces ya ha realizado exposiciones, pero necesita que sus caricaturas aparezcan en las publicaciones capitalinas de mayor circulación. Ese espacio se lo ofrece primero la prestigiosa revista Social del maestro Conrado Massaguer, y después, otras muchas publicaciones, entre ellas Mediodía, Grafos, Hoy, Información, Excelsior, El Mundo… Bohemia en particular lo acoge y sus caricaturas no solo ganan en frecuencia, sino que el nombre de Juan David comienza a ser asociado a la sección “En Cuba”, seguida por los lectores por su sostenida actualidad.

La periodista Idania Trujillo acertadamente escribe que “desde su primera exposición en 1931, a los 20 años, David crea sus caricaturas con una facilidad y prodigalidad inexplicables. A la vez que abre un camino novedoso y vibrante en la caricatura personal, batalla con pasión porque se le reconozca como verdadero arte. Pero David supo evadir con inteligencia y creatividad esos procedimientos casi inevitables en la caricatura periodística. Desde las páginas de numerosos diarios y revistas habaneros, entre los cuales destaca, sin duda, sus colaboraciones en la ya centenaria Bohemia, sus personajes cobran vida en la obra impresa porque, al igual que en el resto de su obra, constituyen genuina manifestación artística”.

Pero además está el Juan David pintor, sobre todo a partir del decenio del 70, cuando sin dejar de hacer caricaturas incorpora el óleo. Y si de huellas hablamos, esta queda también en la docencia a partir de la creación de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, donde por oposición obtiene una plaza  de profesor, hasta que cesa allí tras la asunción al poder de Fulgencio Batista tras su golpe de Estado de marzo de 1952.

¿Y Portocarrero? Bueno, pues el habanero del barrio del Cerro realiza a los 22 años su primera exposición personal, en el Lyceum de El Vedado, y cuatro años más tarde se suma como profesor al Estudio Libre de Pintura y Escultura que dirige Eduardo Abela. Curiosamente, entre 1941 y 1943 enseña Dibujo en la Cárcel de La Habana, como medio de subsistencia.

Sobre el modus vivendi de los artistas durante la república, el crítico de arte Joaquín Texidor expresó en el mensuario Noticias de Arte, poniendo de ejemplo a Portocarrero: “Gran pintor, con un prestigio ganado a través de una extensa labor de indudable calidad, ha tenido y tiene que hacer cabriolas para vivir y para trabajar. Con una dignidad a prueba de balas, Portocarrero ha podido, en estado de milagro, realizar una de las más fecundas tareas que un hombre se haya impuesto por sobre y bajo la desesperada situación de su existencia. ¿Cómo trabaja? Terrible respuesta necesitamos. Parece cosa de magia o de azar... A pesar de las apariencias, la realidad de nuestros artistas es capaz de ponerle los pelos de punta al mismísimo demonio...”.

Decenas de exposiciones personales y colectivas en Cuba o fuera de ella, el prestigioso premio Sambra al mejor conjunto presentado durante la VII Bienal de Sao Paulo y muchos otros galardones avalaron la celebridad de René Portocarrero como pintor, presente en importantes colecciones privadas, y en las colecciones permanentes del Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana, Modern Art Museum de Nueva York, Museo de Arte Moderno de París, Palacio de Bellas Artes de México, Museo Nacional de Arte de Varsovia, etcétera. Popular entre los admiradores de las artes plásticas, se le recuerda por su serie de Floras y por sus cuadros dedicados a la ciudad de La Habana.

Al cabo de 75 años de la publicación de esta caricatura, lo único que podemos hacer (e invitamos también a los lectores) es imaginar la  cara del maestro Portocarrero al verse retratado en tan simpática caricatura de Juan David. Uno y otro tuvieron largas vidas: Juan David, 70 años, y Portocarrero, 73, por lo que seguramente tuvieron muchas ocasiones de compartir y, por qué no, de comentar acerca de una caricatura de auténtica realización como la que aquí se muestra.