Creo que todavía no nos hemos percatado bien de la importancia que, no solo para la  música sino para toda la cultura cubana, tiene el quehacer de Ulises Hernández, alguien que ha comprendido la importancia de la memoria. Nunca está de más volver a la afirmacion “no hay hoy sin ayer”.

Esto resulta vital en un contexto que, por doquier, ofrece señales de la urgencia de la anamnesis histórica de la intelectualidad cubana; frente a muchos que se esmeran en hacer realidad lo que proclamaba desde su título, aquel viejo libro de Aldo Baroni: Cuba, país de poca memoria.

El trabajo de Ulises, como productor de una serie discográfica dedicada a los integrantes del Grupo de Renovación Musical, resulta una de las acciones de mayor valía efectuadas recientemente en el ámbito de la discografía nacional. Como parte de dicho proyecto ve la luz un disco concebido a recoger la obra de Julián Orbón, alguien nacido en España, pero que por vocación y obra, devino cubano de pura cepa.

foto del musico cubano Julián Orbón
Julián Orbón

 

Fue integrante del Grupo de Renovación Musical, el que lideró la creación sonora de corte académico en Cuba, entre 1942 y 1948. A partir del decenio de  los 60 y por razones extrartísticas, la obra de Julián Orbón permaneció prácticamente ignorada en el país, por lo cual las nuevas generaciones apenas conocen el legado del artista, que fue compositor, pianista y ensayista.

El disco Julián Orbón, puesto en el mercado por Producciones Colibrí en el 2013, cuenta con la intervención de los jóvenes, pero ya maduros pianistas Ana Gabriela Fernández y Fidel Leal, la destacada soprano Bárbara Llanes y la Orquesta Sinfónica del Instituto Superior de Arte (ISA), bajo la batuta del director José Antonio Méndez.

Se incluyen en el álbum tres obras pertenecientes a diferentes etapas en la vida de Julián Orbón, quien falleciese en 1991. De forma sucinta, me referiré a cada una de ellas, aunque no en el orden en que están en el disco, sino atendiendo al momento en que fueron concebidas por el autor.

En el caso de “Toccata”, interpretada por Fidel Leal, estamos ante una composición representativa de los comienzos creativos del maestro hispano-cubano. Fechada en 1943, la obra da señales de los intereses que, por los moldes neoclásicos, entonces motivaban a Orbón.


 Carátula del disco

 

Sobre la interpretación de Fidel Leal, en las excelentes notas de presentación del fonograma, la musicóloga Ana Casanova apunta que el instrumentista sobresale “por la pianística exhibida en una pieza tradicionalmente concebida para resaltar las posibilidades técnicas de los ejecutantes”.

Otra de las composiciones recogidas en el disco es la titulada “Tres versiones sinfónicas”, la cual data de 1953. Interpretada por la Orquesta Sinfónica del ISA, la obra testimonia el sentir  hispanoamericano de Julián Orbón. Aquí la formación orquestal, con José Antonio Méndez al frente, consigue transmitir la riqueza del colorido y de la rítmica que el compositor impregnó a su partitura original.

Como acierto puede catalogarse la elección de “Libro de cantares” para también figurar en el álbum. Es esta una de las últimas composiciones del maestro y en ella evidencia su gran amor por la lírica popular asturiana y por los cantos folklóricos de origen español. La interpretación a cargo de Bárbara Llanes y Ana Gabriela Fernández es sencillamente impecable, en una ejemplar muestra de lo que debe ser el trabajo entre un(a) pianista acompañante y un(a) solista.

Producción discográfica que merecería haber recibido una mejor promoción por los medios de comunicación en Cuba (lamentablemente y para no perder la costumbre ha pasado sin penas ni glorias entre nosotros), los amantes de la buena música cubana de todos los tiempos agradecemos un fonograma como este dedicado al fallecido, pero siempre vigente Julián Orbón.