Cuando Palmiro Soria Saucedo terminaba de escribir su segundo cuaderno de poemas y decidía entre varios títulos, Aguas adentro clasificó de inmediato en mi preferencia y en la de otros consultados; en mi caso, sentía que esa expresión sintetizaba su poética, alimentada de asuntos diversos, pero cuyo fluir interior caracteriza un discurso que atraviesa los elementos más importantes de sus versos: el líquido de la vida y su rica intimidad, fuente de estas páginas. Como en Amazoniando, el primer poemario de Palmiro —presentado en Cuba en la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana—, desde el título se marca un tema general, revisitado ahora con similares significados y que posiblemente emergerá en obras posteriores, pues la escritura de este poeta se aferra a su más preciado símbolo de identidad: la Amazonía. En ambos cuadernos hay coincidencias, pero también diferencias, y se aprecia la evolución hacia la madurez del estilo.

Palmiro Soria Saucedo
Palmiro Soria Saucedo. Foto: Internet
 

Para quienes viven entre ríos y lluvias, y en valiosa convivencia de animales y plantas, el agua no solo constituye fuente de vida, sino representación y síntesis, manifestación esencial de sentimiento e idea, presente desde la raíz en cualquier expresión de los pueblos amazónicos, por lo que se establece como símbolo principal, escudo y mapa, emoción y energía, luz y pasión. Esta poesía sale del agua y a ella regresa como ciclo vital y conjuro para ahuyentar los malos espíritus y limpiar el camino; su exorcismo tiene el escudo del amor, la fecundidad de la palabra, la fe a pesar de un manojo de penas, y todo acompañado por el murmullo del río, brotado de fuertes desasosiegos y evocaciones. La palabra no se enturbia en las aguas por las que viaja y cada aguacero la limpia y embellece. Aguas adentro resulta una elaboración más al interior que Amazoniando, cuaderno con mayor carga descriptiva, aunque revele íntimas confesiones del recuerdo y reproduzca un monólogo interior.

En esta segunda entrega, el tema de su primer cuaderno sigue fiel a la identidad de su pueblo y al compromiso natural de su condición poética, al tiempo que enriquece el manantial de su canto hacia otras zonas del paisaje humano, en las cuales se ilumina la noche de sus silencios y se amplía el territorio de su intimidad. La descripción sigue siendo el recurso más reiterado para revelar matices y develar paisajes, a veces interrumpidos por fosforescencias y chispazos de la memoria que traen alguna narración oculta en los rincones de la inocencia. La niñez se erige otra vez en patria del poeta, pero no de manera tan directa, sino diluida entre alas y hojas, fuego y ceniza, recuerdos y olvidos. Entre el verdor del follaje y los espejos de agua, Palmiro se acerca a la construcción de un mundo poético singular que nos conduce al eterno paraíso de su infancia, ahora con más maduración poética para mostrar reminiscencias y mayor intermediación subjetiva en los mensajes, sin dejar de apropiarse de la enorme biodiversidad de sitios en que los europeos soñaron el Jardín del Edén.

Aguas adentro. Foto: Página de Facebook de Palmiro Soria Saucedo.
 

El sentimiento amoroso, disuelto entre las aguas de las nostalgias o evocado por los deleitosos sonidos de pájaros que cantan llamando a los latidos de la melancolía, aparece y reaparece entre las sencillas costumbres de un pueblo que tiene arraigado tanto respeto por las tradiciones familiares ancestrales, que pese al avance globalizador de una modernidad que todavía no es post, las conserva y desea. El ambiente social es dadivoso de amor y los versos cargados de firmeza por una causa justa no olvidan la hermandad como primer paso para construir la solidaridad. En esa atmósfera de afecto también va el amor a la mujer amazónica, celebrando su ingente terneza junto a su ferocidad para defenderse:

Leche de asaí

brebaje mítico

arco de esperanzas

dándole al destino

voluntad de remo

en su arribada

intrepidez de viento

sobre cualquier rendija.

 

Cruce de tigre y colibrí

resistiendo el surazo

con tu machete de hijos

diáfano amanecer

parabas en vuelo

definiendo el horizonte.

 

Palmiro no se lleva muy bien con los signos de puntuación porque su poética, raigalmente oral, está escrita para ser declamada y encarna la tradición de composiciones creadas para el oído, por lo que la lectura en alta voz, con sus pausas naturales, delimitaciones y énfasis que señalan jerarquías sintácticas, complementa un hecho comunicacional para constituir parte inseparable de su creación. Sus versos son hijos de la oralitura o tradición oral; como los antiguos bardos, la música de sus palabras forma parte de los recursos nemotécnicos que llaman a recordar, que no es, ni más ni menos, que “volver a pasar por el corazón”. Poesía de cadencia mantenida que se instala suavemente en un ritual recitativo definidor de su estilo, de ahí que esta poética no rimada mantenga un ritmo interior ajustado al español americano de arte menor, semejante a como conversa el pueblo, pues el promedio de su métrica se mantiene en el octosílabo, la medida más común para los hispanohablantes de este hemisferio.

Como en Amazoniando, los árboles constituyen motivo de culto, y si en aquel primer libro fue el biri, ahora es el mara; en los dos casos los símbolos llevan a la infancia, un estado permanente del poeta que puede traducirse en una descomunal resistencia a perder la intrínseca belleza de la inocencia. La hipervitalidad de esta poesía que siempre recuerda la niñez, está despojada de cualquier engolamiento libresco o artístico; se instala en la naturaleza natural y en las naturalezas humanas, mezcladas y confundidas como las etapas de sus años de vida. Su identidad poética se transfunde con el canto a la mujer-árbol o la mujer-pájaro y transita hacia los hombres que saben morir ante la pérdida de cualquier esperanza. Aguas adentro concluye con la muerte de Picachuri; primero, con su enigmático sacrificio contado en la lectura siempre exploratoria de un poema, y después, en la historia verdadera de su muerte: verso y prosa tributan al homenaje.

Aguas adentro nunca abandona el sentido metafórico de la corriente interior de las aguas que siguen fluyendo como el río del tiempo. El cuaderno es un tejido entre existencia y evocación, vida y sueño, naturaleza enriquecida y seres humanos, paraíso perdido y realidad recobrada. Con este nuevo título, Palmiro se reafirma como un poeta amazónico de estos tiempos y se incorpora a una diversa nómina de artistas de la palabra que vienen visibilizando la región, uniendo cosmovisión y lenguaje a historia y decires; acento y tono del territorio amazónico a su universo simbólico poético, nutrido de mitologías, costumbres y música. Queda pendiente en Cuba un estudio cultural mayor de la Amazonía, de la hibridez peculiar de sus letras y en particular de la poesía. Mientras, disfrutemos de esta avanzada de Aguas adentro, de Palmiro Soria Saucedo, una magnífica opción para iniciarnos en una poética que también debemos conocer porque forma parte de los tantos mestizajes que, como el cubano, hay que estudiar en la América nuestra.