¿En qué hondonada esconderé mi alma

para que no vea tu ausencia

que como un sol terrible, sin ocaso,

brilla definitiva y despiadada?

Jorge Luis Borges

 

Los organizadores del VI Encuentro de Poetas en Cuba “La Isla en Versos” me han convocado para hablar desde la “ausencia” y presentar la muestra de fotografía, también poesía, del artista hondureño Daniel Orellana.

La poesía navega con la palabra, que es su herramienta para crear una manifestación artística, por tanto, deseo aclarar dos conceptos:

La palabra necesita que otras disciplinas la interpreten, si el deseo es ilustrarla, o que las manos de un músico le den el cálido ambiente de una presentación literaria, o los pies danzantes como hojas de un libro; lo que habla de una interacción entre las artes, que se complementan entre sí, en todas sus expresiones.

foto del VI Encuentro de Poetas en Cuba La Isla en Versos
El VI Encuentro de Poetas en Cuba “La Isla en Versos” tuvo lugar en la sede de Ediciones La Luz. Foto: Nelia B. Moreno


La segunda conceptualización es que los autores nos sentimos amateurs, no solo respecto a la expresión fotográfica, sino frente a otros géneros artísticos. En mi caso, además, me gradué de Ciencias Médicas; creo poseer ojo clínico y capacidad visual para valorar las letras, la pintura, la música…, y si hay o no arte en una expresión que así se denomine.

Muchos teóricos que consulté previo a estas palabras me ayudaron a desimbolizar cada objeto de las obras; desempolvé varias bibliografías sobre el tema y encontré aseveraciones de gente iluminada en el estudio de los diferentes imaginarios más allá del lente y el obturador.

Según George Bataille, la primera manifestación del hombre, la autoafirmación de su existencia, fue el dibujo de su mano, su silueta (como más tarde hará Man Ray de sus fotogramas o rayogramas), en las cuevas prehistóricas. Es aventurado, pero es la primera manifestación artística, pues el arte representa, ante todo, la afirmación del yo. El arte es cosa mental, dijo Leonardo da Vinci.

La fotografía tiene tanta fuerza que, cuando existe, es prueba irrefutable de verdad. Pero no es una reproducción exacta. Las deformaciones que provocan los objetivos, sus distorsiones, lo diferente que puede resultar una imagen hecha con un gran angular de otra plasmada con un teleobjetivo, son elementos a tener en cuenta. Por no decir la mentira que resulta la transformación de un objeto tridimensional en uno bidimensional; la utilización de filtros, la distinta saturación, el reducido rango dinámico de los papeles y los sensores frente a lo inabarcable de la realidad. La manipulación puede ser tal, que se puede hacer desaparecer a los integrantes de una foto.

La fotografía tiene tanta fuerza que, cuando existe, es prueba irrefutable de verdad. Pero no es una reproducción exacta.La fotografía no es objetiva, pues siempre ofrece la visión del autor, salvo —quizás— la foto postal que toma todo el mundo y que termina siendo considerada como la única visión real que todos reconocen y en ningún caso desconcierta. Son aceptadas como verdades universales. La torre Eiffel siempre se toma desde los Campos Elíseos; La Puerta de Alcalá, desde la calle que le da nombre, o a lo sumo, desde el parque de Retiro; y quien vaya al parque Güell y no saque al lagarto que preside la entrada, es como si no hubiese estado. Este es uno de los grandes problemas de la fotografía: la visión estereotipada, el analfabetismo visual.

En cuanto a la obra del artista visual, fotógrafo y cineasta de 23 años, llegado desde un país tan cercano como Honduras, Daniel Orellana, desde ya puedo decir que ha recorrido un extenso camino con su obra, que puede dar mucho más aún con el tiempo, y que es admirable lo logrado hasta ahora.

Ausencia, así se titula la muestra; sí y no fue la contraposición que llegó a mi pensamiento al contemplarla. El artista expresa lo que siente en un poema, una pintura, una música, en este caso, una foto; y el observador recepta, percibe, siente algo. La obra habla a los demás, pero no a todos nos despierta lo mismo. Por mis vivencias, sus fotos me hicieron sentir sensaciones de abandono, soledad, desubicación, olvido. Una silla o un sillón en lugares poco comunes frente a lo sensorial, espacios seguros antes habitados. ¿Qué pasó con la gente? ¿A dónde partió la humanidad? Unos están a la deriva, otros a la intemperie, algunos en desvanes, sótanos, altillos, desordenados.

El artista expresa lo que siente en un poema, una pintura, una música, en este caso, una foto; y el observador recepta, percibe, siente algo.

Por esos lugares, sin dudas, vagan trozos de historia. Hasta en la fotografía en la que se observa un perfecto orden se vislumbran soledad, desasosiego, frialdad; dibujándonos la palabra ausencia en todas las imágenes. Recuerdo un poema de un clásico argentino titulado “La silla que ya nadie ocupa”, de Evaristo Carriego.

La muestra me produjo un fuerte impacto, he vivido múltiples mudanzas físicas y de alma. En mi memoria aún tengo presente la casa paterna que sigue en pie; pero no la que yo viví. Es por eso que valoro esta muestra como arte fotográfico, ya que los simples elementos llegan para despertar intensas emociones.

 

Tomado de La Luz.