A fines de noviembre coincidieron en Cuba tres artistas internacionales de gran relevancia: Michelangelo Pistoletto, Jannis Kounellis y Anish Kapoor. Los dos primeros han sido reconocidos como representantes del arte pobre o arte povera, y el segundo, de la llamada nueva escultura británica.

En el otrora cine Águila de Oro —hoy espacio galerístico Arte Continua—, a la entrada del Barrio Chino de La Habana, se halla una reveladora exposición del artista Anish Kapoor, una verdadera posibilidad para los cubanos de sensibilizarnos y disfrutar con el arte del mundo actual.

foto de una escultura de Anish Kapoor
Descenso al limbo, 2016 y Cuando estoy gestando, 2016.
Foto: Paola Martínez Fiterre. Cortesía de Galeria Continua


Anish Kapoor es un artista contemporáneo, como suele concebirse en el siglo XXI. Sus esculturas han sido legitimadas por la crítica de arte internacional, el mercado y los circuitos globales del arte. Asentado ya como uno de los principales exponentes de la nueva escultura británica, Kapoor obtuvo en 1990 el Premio en la Bienal de Venecia, y ha expuesto en los principales circuitos del planeta.

No obstante, al conocerlo en un sencillo encuentro con la prensa el 23 de noviembre pasado, su personalidad me dejó agradablemente sorprendida; quizá porque esperaba hallarme ante alguien con una arrogancia justificada por su fama, o una personalidad cuyo vestuario, pose o expresión gestual, estuvieran impregnadas de una vanidad, de cierto modo razonable.

En verdad, la impresión que una recibe al tenerle frente a frente es  totalmente distinta. Kapoor pudiera pasar desapercibido, a menos que usted sepa que a su alrededor gravita el éxito mundial. Su apariencia es modesta, y parecería que no intenta llamar la atención sobre sí mismo. Es delgado, de talla sobre lo bajo, tiene ya el cabello blanco y se viste como si no quisiera llamar la atención de nadie en particular. Convergente con esta impresión, el propio Kapoor ha declarado que la importancia y el marketing individual no son trascendentes, en comparación con el sentido último de utopía en su obra.

Al inquirir en la galería si él, además de crear las obras, intervino en su realización directa, la especialista me respondió que estuvo trabajando intensamente en estas.

Y es que Anish Kapoor es un artista extraordinario, ha epatado a audiencias acostumbradas a las vanguardias, como la europea, por ejemplo, y a la vez se comporta como alguien discreto que ni remotamente consideraría la posibilidad de sorprendernos.

Sus obras nunca son insubstanciales, y dejan siempre una imagen provocativa tan inesperada como deslumbrante. Lo demostró cuando en los magnificentes jardines del Palacio de Versalles, diseñados en el siglo XVII, Kapoor instaló lo que parecía la forma de una gran vagina de acero oxidado, seguida por un tubo de 60 metros de extensión. Esquina sucia, así se titulaba la obra, fue agredida por personas en Francia, según se reflejó en los medios.

En otra dirección, sus cuadros matéricos se salen de lo bidimensional, y aportan tan raras como inesperadas texturas y dimensiones. Estas obras, sin embargo, son muy diferentes de otras de su autoría que, además, incitan a pensar en cuanto a las sensaciones visuales, las leyes de la percepción y las ilusiones espaciales. Mas lo que pudiera convertirse en un juego anodino o incluso didáctico, por obra de Kapoor se transforma en una creación artística de impacto en el entorno donde las piezas son ubicadas.

Kapoor es indio, nació en Bombay, y llegó a Londres a los 19 años, donde reside hasta hoy. Quizá para no ser etiquetado de artista indio en un mundo pleno de interculturalidad, migraciones y globalización, considera que su identidad india es solo parte de su ADN, como me especificó en una entrevista que le realicé el pasado 23 de noviembre en la galería Arte Continua. Sin embargo, en sus obras se detecta algo más que una incorporación inconsciente o genética de la cultura india y del Oriente, en específico por las múltiples y complejas lecturas que desatan sus esculturas e instalaciones que, entre muchas formas, exploran lo cóncavo y convexo; son obras donde el vacío es una y otra vez retomado no solo con imaginación, sino también con ingenio arquitectónico, de diseño y escultórico.

La suya parece ser una obra producto de la mixtura y complejidad entre las culturas de Oriente y Occidente, máxime si se recuerda que él tiene ascendencia india, pero también judía, y que antes de radicar en Europa vivió entre musulmanes, budistas, hinduistas y cristianos.

Ante los medios ha insistido en la importancia del arte desde su expresión sobre el ser humano, su decursar por la vida y la espiritualidad que le caracteriza.

En Cuba no le arredró el hecho de que las condiciones donde expondría fueran las de un viejo local donde se encuentra la galería Arte Continua, centro que tiene su sede en Italia y que lo incluye como a uno de sus artistas representados.

foto de una escultura de Anish Kapoor
Monochrome Magic Blue , 2016 (arriba), y Descenso al limbo, 2016 (abajo).
Foto: Paola Martínez Fiterre. Cortesía de Galeria Continua


Allí el público hallará cómo Kapoor ha sacado un vientre materno de algo tan recto, sólido, firme e impensable para ello, como una pared. La obra se titula Cuando estoy gestando, pieza cuyo redondo abombamiento contrasta con el hueco profundo, pintado de azul oscuro, que titula Descenso al limbo, ubicada enfrente y en el suelo de la galería. La oscuridad del azul impide ver la luz, de modo que para el espectador ese hoyo puede confundirse, peligrosamente, con un círculo pintado o una alfombra circular. Se percibe una intensa relación entre lo ahuecado y lo protuberante, entre el azul intensísimo y el blanco de la pared, entre dos círculos de naturaleza diferente que, asombrosamente, parecen complementarse.

Sus esculturas espejeantes con acero inoxidable, por otra parte, aluden a lo contrario, a potenciar lo reflejado.

De modo general, sus obras no tienen una significación específica, ni discursiva temática en particular, sino que buscan crear sensaciones, producir experiencias ajenas a cualquier referente cotidiano. Kapoor busca motivarnos ante una impresión o sensación novedosa —para él esta es una de las razones de la existencia del arte—, y a la vez desea que sus piezas motiven a una introspección filosófica.

Lo que Anish Kapoor busca es provocar lecturas, percepciones y reflexiones que se relacionan con una cosmovisión general e individual, y relativa a nosotros mismos. Para ello, en ningún momento da orientaciones o vías de responder estas preguntas en sus obras. Su interés es la provocación, casi siempre con una poesía implícita e inesperada que emana de su arte.

Kapoor es un indagador; su trabajo parece subrayar que del arte pueden partir muchas interrogantes, y cómo ello puede servir para abrir horizontes insospechados en el camino de una función crítica, dialógica, social e histórica, y finalmente, pero no menos importante, utópica. Más que construir objetos, se asegura de tomar elementos de la realidad, la arquitectura o la naturaleza, para a partir de su ubicación o forma resignificarlos a través de su sensibilidad.

Quizá estemos muy acostumbrados a sentir la contemporaneidad densamente cargada de lo contextual, por ser Cuba una isla distintiva por su historia y resistencia. Mas también hay un filo universal en el arte, parece decirnos Kapoor. De ahí lo interesante de apreciar esas motivaciones trascendentes que mueven al artista y nos hacen meditar sobre la realidad, el planeta y nosotros mismos.