¿Cómo puede ser comprensible, para el que llega a Venezuela hoy, esa matriz hegemónica de país violento y desangrado? Guerra civil, inseguridad ciudadana, desabastecimiento, descontento generalizado de su pueblo y crisis que hace insostenible la estabilidad gubernamental son males que, o bien no existen, o simplemente preexistían al bolivarianismo.  

La voluntad popular de más de ocho millones de venezolanos, expresada a través de la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, dejó desarmada a una oposición, que sin una agenda política viable y con insalvables abismos de desunión, pretendía con bloqueos de avenidas y repudiables actos de violencia asumir los designios de un país al que no le resultaba ajeno hacia dónde conduciría ese camino que proponía la más rancia derecha. Y en esos procesos, la voz de la intelectualidad siempre muestra una perspectiva nada desdeñable para una interpretación más objetiva de estos fenómenos sociales.

A Luis Britto, uno de los escritores venezolanos más prestigiosos y reconocidos internacionalmente, lo encontramos diluido en el grupo de los constituyentistas e intercambiando con los delegados a la reciente jornada de solidaridad Todos Somos Venezuela. Largo y exitoso ha sido su paso por la vida, avalado por una cultura enciclopédica, un sentido crítico a toda prueba y una larga experiencia al lado de los procesos emancipatorios de los últimos 18 años en su país.  

foto del novelista venezolano Luis Britto García
Luis Britto, prestigioso escritor venezolano intercambia con los delegados de la jornada. Foto: PatriaGrande

 

¿Cómo acompaña Luis Britto García todo este proceso de la Asamblea Nacional Constituyente?

Me encuentro en este espacio de diálogo no por ser constituyentista; no presenté mi candidatura porque he pensado siempre que mi papel es el de escritor, de artista y que la influencia que pueda hacer en la sociedad la realizo a través de esas maneras de expresión y no porque pueda o no ser elegido para un cargo.

He tenido una serie de campañas que han resultado exitosas. La de denuncia de la Carta Interamericana de Derechos Humanos; luego otra para que vetaran la ley que permitía la privatización de ríos, lagos y lagunas, y Hugo Chávez Frías la vetó; la que proponía salirnos de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la canciller Delcy Rodríguez nos sacó de la OEA. También realicé otra contra los tratados de doble tributación, por considerarlos un gran fraude y allí demandé, incluso, al Tribunal Supremo, el cual declaró que un abogado amigo y yo no teníamos condición ni interés para intentar esa demanda. De manera que unas se ganan y otras se pierden, pero se pelea.

Es una muestra de lo que puede hacer un ciudadano de a pie. No tengo cargo ni militancia política; sin embargo, he librado algunas peleas de cierto tamaño y algunas se han decidido favorablemente.

¿Cómo han reaccionado a la Constituyente esos medios adversos al chavismo que usted ha investigado durante años?

Muy mal. En Venezuela existe alrededor de un centenar de periódicos y un centenar de televisoras que, en su mayoría, son adversos al Gobierno. Hay apenas seis diarios y ocho televisoras que no se oponen al proceso, el resto es un enemigo que critica absolutamente todo. Ha sido una reacción de crítica en el sentido de que la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente era ilegal, de que era inconstitucional, de que no se podía convocar y sin embargo, una vez que el proceso se hizo realidad, empezaron con la idea de que había sido fraudulento.

En Venezuela se han efectuado unas 20 elecciones, todas han sido atacadas de fraude por la oposición, salvo las dos que ellos ganaron. Acabamos de sufrir una oleada terrorista de 120 días de duración, que costó más de un centenar de víctimas fatales y sin embargo, en cuanto salieron los resultados de la votación Constituyente, eso se aplacó como si le hubieran echado un balde de agua helada. Lo que quiere decir que esa oposición, no toda, sino la que ha elegido esa vía terrorista, absurda, reconoció que eso era cierto, que sí existía ese poderoso apoyo a la Constituyente y entonces bajó el tono de la arremetida terrorista. Ese es un reconocimiento indirecto.

¿Cree que este triunfo de la Constituyente coloca nuevamente a la ofensiva a la Revolución Bolivariana, después de una etapa de mucha presión, de mucha zozobra?

Yo creo que sí. Este es como un enorme cheque en blanco que le da el pueblo al bolivianismo. Hay pendiente toda una serie de agendas que fueron las que determinaron la derrota electoral del 6 de diciembre de 2015. Problemas como la distribución de alimentos, el contrabando, la extracción, la ausencia o escasez de medicinas, y todo eso ha golpeado muy fuerte el nivel de vida del venezolano. Eso requiere acciones contundentes, precisas y eficaces del gobierno. No las ha habido hasta ahora, si bien han surgido algunos paliativos.

El pueblo venezolano le ha extendido un enorme voto de confianza al bolivarianismo, pero un voto de confianza que no debe ser defraudado. El gobierno, el bolivarianismo, debe tomar medidas contundentes que se están reclamando y exigiendo hace tiempo para estabilizar la situación de distribución de bienes básicos y evitar el contrabando de extracción. Sobre ese piso, seguramente todos los próximos procesos electorales, como siempre, serán favorables al bolivarianismo. Si no, podría repetirse la situación del 6 de diciembre.


“El pueblo venezolano le ha extendido un enorme voto de confianza al bolivarianismo”. Foto: HispanTV

 

Sin embargo, en aquel momento, la derecha obtuvo más o menos los mismos votos que otras veces. ¿De dónde salió entonces el resultado adverso?

La derecha no se incrementó notablemente, aumentó un 4 %, una cifra nada exagerada. Lo que sucedió es que una cantidad de personas acostumbradas a votar por el bolivarianismo se abstuvo. Como una especie de abstención protesta. Esa misma gente ahora, ante el peligro de perder el proceso de la Revolución Bolivariana, votó favorablemente, pero tendrán que tomarse decisiones y acciones contundentes para responder a esa confianza y a ese respaldo y mantener a esa franja de votantes, imprescindibles en este caso.

¿Qué posibilidades reales tendría el movimiento artístico e intelectual venezolanos de acompañar esta nueva etapa del proceso?  

En Venezuela tenemos una situación un poco anómala. En la mayor parte de los países los intelectuales son de derecha. Los destinatarios naturales del trabajo de muchos artistas, los compradores de cuadros, de bellas artes, por lo general detentan el poder económico y, lamentablemente, no pocos intelectuales se han acercado a la derecha. Venezuela, desde los años 50 y 60 del pasado siglo, vive una situación en la cual la inmensa mayoría de los intelectuales han sido de izquierda. Esto ha durado mucho tiempo, fue la base ideológica de una lucha armada que se extendió más de dos décadas y media, que fue masacrada totalmente. A pesar de eso, gran parte de la intelectualidad ha seguido siendo de izquierda. No fue derrotada porque esa plataforma ideológica construida por los intelectuales fue la base del bolivarianismo que toma el poder a finales del siglo pasado, en 1998-1999. Diría que una parte muy importante de nuestra intelectualidad es de avanzada y está, por definición, en condiciones de respaldar este proceso.

La mayor parte de la intelectualidad, responsable, sin dejar de ser crítica, eligió su camino al lado de la Revolución Bolivariana. Es en la unidad en la que se erige la victoria de este proyecto de país y el pensamiento venezolano más avanzado eligió estos derroteros

¿Siente que esta fuerza podría aprovecharse mejor en nuestros procesos de cambio y en especial en Venezuela?

Estamos acostumbrados a pensar que la superestructura ideológica es como una culminación y no es así. La superestructura ideológica ocupa actualmente cerca del 70 % del Producto Interno Bruto global. Y solo el 70 porque en los países en vías de desarrollo no pasa del 40, pero en las naciones desarrolladas llega a alcanzar incluso el 80 % del PIB. ¿Cómo hago ese cálculo? No se utiliza mucho en estos tiempos, pero existe un método marxista que divide la economía en tres sectores: primario, secundario y terciario. El sector primario corresponde a la agricultura, la minería y otros ámbitos relacionados con las materias primas básicas. El segundo incluye la industria, el transporte y la llamada esfera productiva; en tanto el tercero incluye administración, publicidad, finanzas y otros servicios, es este el sector que la terminología marxista denomina superestructura ideológica.

Ese sector de la economía ha venido creciendo progresivamente, tendencia que no parece ser reversible. Tal comportamiento provoca cosas terroríficas, nada esperanzadoras.

Las Revoluciones han sido tan difíciles, los aparatos ideológicos se han desarrollado tanto, con tal intensidad, que en ocasiones paralizan la posibilidad de la evolución social, o por lo menos la detienen. Luego, los sistemas hegemónicos no son infalibles, a pesar de su perfección. Fíjate en el colapso bancario que hubo en el año 2009, llega un momento en que por más que la superestructura pretenda separarse de la realidad viene un colapso.

Pero existen cosas todavía más fascinantes. El bien fundamental de la sociedad actual es la información. Cristo se hizo célebre porque multiplicó los panes, pero cualquiera puede multiplicar la información, sin costo, solo apretando un botón. Actualmente un documento, una canción se puede reproducir en centenares de miles de millones de ejemplares, prácticamente sin costo. La información, que es el pan de esta época, puede ser multiplicada exponencialmente. Es otra Revolución extraordinaria, los medios de producción vuelven a estar en manos del trabajador. ¿Cómo se hace eso? Con la computadora individual, que puede ser adquirida, además de que somos dueños del material que procesamos y, como te decía antes, disponemos también del aparato con el cual procesamos ese producto final que compartimos.

Claro, esto es todavía más o menos incipiente. Junto a ello hay una tremenda perspectiva de colapso del sistema. De un 30 a un 70 % de los empleos en el mundo van a desaparecer en los próximos años, por la automatización. Es una profecía. He escrito mucha ciencia ficción, entre otras, una en la que el mundo colapsa porque todos los empleos llegaron a ser automatizados.

Una novela de H.G. Wells a principios del siglo pasado, Cuando el durmiente despierta, profetiza que de repente toda la riqueza del mundo va a caer en manos de una sola persona. Hoy vamos camino a eso. Los informes señalan que el 1 % de la población posee más de la mitad de todas las riquezas del mundo y que eso sigue concentrándose.

Existen una serie de tendencias fascinantes. Este mundo que empieza ahora es aterrador y esperanzador a la vez. Tiene una cantidad de posibilidades. Las posibilidades del dominio, de control de la conducta de las personas a través de la información. El espionaje masivo de todas las comunicaciones es tremendo, pero también las posibilidades. De repente, una sola persona te desnuda todo ese sistema, como sucedió, por ejemplo, con Julian Assange. Es decir, se avecina una nueva dimensión del combate informático. Estoy tratando de escribir sobre esto.

¿En qué otros proyectos de libros trabaja actualmente?

Estoy escribiendo una novela sobre inteligencia artificial y sigo trabajando simultáneamente en el campo teórico y el imaginativo. Por ejemplo, utilicé toda una investigación sobre el Caribe para ambientar Pirata, novela que también se editó en La Habana. Son tres libros sobre el tema: Demonios del mar, Señores del Caribe y Los piratas libertarios; este último, todavía por terminar, trata el momento en que la piratería se hizo libertaria y fundó una colonia utópica en Madagascar, por ejemplo.

Trabajo también en desentrañar esta maquinaria que te contaba, que está comenzando ahora y llevo, al mismo tiempo, una novela sobre la inteligencia artificial que me acompaña intermitentemente desde hace varios años.


Portada de la novela Pirata, editada en La Habana

 

¿Tiene algún libro en edición en Cuba, en este momento?

En Cuba particularmente no. A veces toman un libro mío por allá, lo publican y yo encantado, no hay problema.

Actualmente hay varias cosas en camino: una antología personal de relatos, un libro de relatos nuevos que está por editarse y un trabajo sobre la identidad nacional del venezolano, que se llama El verdadero venezolano, más allá de la identidad nacional. Es un trabajo sobre la sicología social del venezolano.

En todos nuestros países los que escriben sobre el pueblo, usualmente, lo hacen mediante una catarata de insultos. Que si somos pueblos inferiores, racialmente mestizos, borrachos, perezosos. Yo realizo un análisis de todo ese cuadro y trato de sistematizar los trabajos que se han hecho, en un nivel metodológicamente certero, y te aseguro que la mayor parte son infundios y quedan desarticulados. Por ejemplo, cuando decimos que los venezolanos seríamos un pueblo de borrachos, responde a que, efectivamente, se bebe un poquito más que el promedio de América Latina, pero se bebe muchísimo menos que en Argentina y en Chile, y se bebe como la tercera parte de lo que beben los europeos y la cuarta de lo que beben los estadounidenses.

Otra arista sería la pereza del venezolano, que no es real. El venezolano se despierta a las cuatro de la madrugada a trabajar, rinde una jornada agotadora y además, trabaja mucho por la familia, por los conocidos y entre sus valores está el trabajo. Es una demolición de toda esa leyenda negra que se ha construido sobre el venezolano, pero una demolición basada en un trabajo metodológicamente correcto.

¿Considera que Donald Trump y sus bravatas están prestando un servicio a la Revolución Bolivariana, están contribuyendo a su radicalización?

Publiqué un artículo, que incluso Hugo Chávez lo comentó, titulado “Las tareas revolucionarias de la ultraderecha”. La Revolución no ha encontrado una forma de unirse, y viene la derecha y lanza toda una ofensiva y finalmente la izquierda se une. No había forma de depurar el Ejército, lanzan un golpe disparatado que fracasa por incompetencia y Chávez no es que haga una purga en el Ejército, ni una retaliación. Chávez perdonó a todo el mundo, pero con una serie de enroques inteligentes, moviendo gente, depuró el Ejército. Y sucesivamente, cada ofensiva fracasada de la derecha ha terminado fortaleciendo a la izquierda.

Se podría aplicar el aforismo de Nietzsche —Chávez leía mucho a Nietzsche—: “aquello que no me mata me hace más fuerte”. Demostré como una docena de casos en que la acometida de la derecha había revitalizado y fortalecido a la Revolución Bolivariana.

Pero insisto en la urgencia de que el Gobierno tome medidas concretas, contundentes, eficaces sobre el problema de la distribución de los bienes básicos y para evitar el contrabando de extracción y que, si ha habido en esos ramos casos de corrupción, de mala conducta, que aplique sanciones ejemplarizantes. Se necesita de estas acciones para recuperar totalmente la confianza del electorado.

Mantener un proceso progresista no es fácil. Erizado de dificultades que hasta ahora se han logrado sortear, sería terrible que no se les venciera esta vez. Creo que la derecha no permitiría nunca más que hubiera aquí un asomo de radicalización de nada. Los procesos de exterminio de la izquierda en Indonesia y Chile, por ejemplo, serían un juego de niños comparado con lo que ocurriría aquí, lamentablemente.

Venezuela no ha dejado de producir titulares a nivel mundial desde que Hugo Chávez asumió la presidencia de esta nación latinoamericana, a finales del siglo pasado. Se trata de un proyecto de país que visibilizó a los invisibilizados. Sus proyectos sociales, a través de las Misiones, encontraron el mejor modo de llegarle al pueblo a través de las necesidades insatisfechas, que eran muchas, sobre todo en temas sensibles como vivienda, educación, salud, cultura y alimentación, aun cuando queden grandes retos por cumplir incluso en estas áreas.