El movimiento trovadoresco cubano tiene en las composiciones del cantautor cienfueguero Lázaro García a uno de sus múltiples manantiales. Cantor consagrado, alcanza las siete décadas de vida, en plena creación, con la disciplina del primer día y su sencillez proverbial, apostando siempre por su género.

cantautor cienfueguero Lázaro García
 En las décadas de los 60 y los 70, cuando éramos adolescentes y jóvenes, fuimos también protagonistas.
Foto: Cubadebate

 

¿Podría entenderse la música cubana actual sin la trova y sin el Movimiento de la Nueva Trova?

La Nueva Trova marcó un hito en la historia de la canción cubana. Ese movimiento estuvo muy vinculado a los profundos cambios de la sociedad a partir del triunfo de la Revolución en 1959. La generación que aparece como fundadora de esa forma de hacer canciones todavía eran niños o adolescentes en ese luminoso enero; de modo que esa nueva realidad —sin estar muy conscientes de ella—, nos fue llevando hacia otras maneras de asumir el nuevo derrotero de nuestra juventud.  Por eso Silvio y muchos compañeros trovadores afirman que ese movimiento fue más bien generacional.

“En las décadas de los 60 y los 70, cuando éramos adolescentes y jóvenes, fuimos también protagonistas de un vuelco total de una sociedad convulsa con los cambios revolucionarios que se aplicaban entre las amenazas y sabotajes del gobierno norteamericano hacia nuestro país. Por la propia naturaleza de la trova, que le canta al tiempo en que se vive, surgieron creadores que se sumaron a esa nueva realidad. Algunos procedían del mundo de la canción, como Pablo Milanés, quien ya presentaba, desde la corriente del feeling y de grupos vocales, bellísimas canciones arropadas con una voz envidiable.

“Él, junto a Silvio, Noel, Vicente Feliú, Martín Rojas y otros jóvenes compositores habaneros, fueron los abanderados de esa novedosa manera de abordar la poética de la canción. En tal contexto histórico nos sumamos quienes vivíamos en otras provincias. Surgieron voces importantes, como Augusto Blanca en Oriente; Miguel Escalona en Camagüey y así en casi todas las regiones.

“En el país se fueron encendiendo luces trovadorescas como el embrión de lo que sería más tarde la Nueva Trova. Yo cantaba boleros y baladas, venía también del movimiento feeling y en 1968 ingreso en un grupo de música pop, denominado Los Jaguares.

“Para entonces, ya empiezo a contagiarme de ese tipo de canción; también me urgía la necesidad de contar mis experiencias, dotar a la música que hacía del lenguaje de mi tiempo.

“Pienso que en la historia de la canción cubana, la Nueva Trova como heredera de las tradiciones más ricas de nuestra música, tiene un puesto inobjetable y sigue y seguirá existiendo en cada contexto histórico que vivan nuestros jóvenes trovadores, porque —en fin—, la trova no es un género; sino una asunción de valores estéticos y humanos ante la canción”.

 ¿Cuál es el sentimiento que experimenta usted a  estas alturas de su vida y obra, tras acrisolar una obra referencial, ser modelo de artista consecuente y comprometido, y uno de los paradigmas nacionales de un movimiento esencial de nuestra música?

Confieso, que luego de 55 años haciendo música y al llegar a los 70 de edad, es una etapa de recuento, aunque sigamos haciendo cosas. Creo que en cuanto a mi obra autoral, pudo ser más y mejor; aunque no puedo negar que me siento feliz con aportar algo de mi labor creativa a mi ciudad y a mi país. Creo que el regalo de nacer y vivir tiene sentido cuando, a las huellas heredadas por el amor y el talento humanos que nos precedieron, uno también incorpora modestas señales de su paso, conducentes unos y otros a la meta anhelada —y pocas veces conseguida— de los sueños y la felicidad del hombre.

¿Pudiera actualizar al lector sobre su más reciente franja?

Realicé en el 2017 un disco con el guitarrista Chuchi Saura, titulado Como si fuese ayer, y se acaba de terminar en este 2018 otro con la intérprete cienfueguera Ingrid Rodríguez, con 12 de mis temas, con la compañía de la orquesta Concierto Sur y otros músicos invitados. También se trabaja en estos momentos en un integral de todas mis producciones discográficas y videos documentales.

¿Qué características tiene el documental que, en torno a su figura, será estrenado en breve?

Este último documental, que su realizador Damián Pérez Téllez lo tituló Navegando por el mar de mis canciones, enfatiza más en lo autoral, en relación con otros anteriores que fueron un poco más biográficos. Formará parte de este compendio arriba citado.

Los estudios de grabación Eusebio Delfín, fundados por usted, han desempeñado un valioso papel en la promoción de valores del interior del país. En breve tendrán una «inyección» tecnológica…

Los Estudios Eusebio Delfín fueron inaugurados en 1996, gracias al apoyo moral y material de Silvio Rodríguez y Vicente Feliú, quienes junto al ingeniero Carlos Hevia, en el proyecto técnico-acústico, completaron esta propuesta acogida por las autoridades políticas y administrativas de nuestra provincia.

Casi a la sazón, Artex había abierto su sello discográfico Bis Music, el cual  asumió la instalación e invirtió en su conclusión, en  el mobiliario y en el mejoramiento de su tecnología.

“Contar con un estudio en la región central nos permitió salvar a muchas obras de probados valores que existían —y existen— en  esta zona del país; y en la misma medida permitió que estos artistas tuvieran un soporte más profesional para su divulgación y promoción en la radio y la televisión, dotando además a la región de un catálogo más competitivo de sus exponentes musicales.

“Estamos a la espera inminente, por parte de Bis Music, de un donativo tecnológico de avanzada, que elevará la calidad y eficiencia de nuestras grabaciones, tomando en cuenta los avances técnicos tan galopantes en estos años. Ello me hace sentir muy feliz y optimista, porque considero los Estudios Eusebio Delfín como parte importante de mi vida y, metafóricamente, pudiera definirlo como una de mis mejores canciones”.

Tomado del Periódico Granma