Amigos del mundo aquí reunidos:

El mejor discurso del hombre no son las palabras. La palabra es pomposa y hueca —como advirtió Martí— cuando no va acompañada de actos. El mejor discurso del hombre es la acción. De poco vale al artista o al hombre de cultura, estar haciendo el discurso del mundo, y hacerlo desde su torre de marfil. Es verdad que el marfil es caro y es señal de poderío, pero el marfil es casi siempre sinónimo de contrabando; por comprar y vender, los hombres matan desde siempre hasta a los propios elefantes, y pobre del niño que no puede ver en persona a un elefante, ni siquiera a los que están presos en los zoológicos.


Fotos: Nelia B. Moreno


Y pronto quedarnos sin elefantes será como saber que se jodió la capa de ozono y nos freímos mejor que en la playa con los rayos ultravioletas.

Hay solo un antídoto contra la tristeza en nuestra torre. Hay una cura de caballo contra el hábito del artista o del hombre de cultura de construir a solas el discurso del mundo: Hacer. Y hacer bien. Hacer el bien para bien. No es redundancia y no es patrimonio del evangelio esa divisa. Hay hombres que son un evangelio vivo, y Martí tiene su Biblia cuando dice que mejor que ser príncipe es ser útil.

Por eso estamos aquí, aunque no lo parezca por este discurso. Porque mejor que decir es hacer, y hacer para bien de nuestra cultura, de la memoria histórica de nuestros pueblos. La utilidad de lo que hacemos solo es comparable a la utilidad de nuestros sueños: no se puede medir ni siquiera el alcance, no se puede medir ni el volumen ni la presión atmosférica de un sueño. Nadie puede explicarse cómo nace y crece y muere y renace un sueño. Las computadoras no podrán sustituirnos por la razón elemental de que no saben soñar.



 

Amigos que desde varios puntos del mundo respondieron a nuestra invitación: devolver a una ciudad parte de su memoria es también hacer bien, es tan útil y necesario a quien la habita como vivir preñado por la acción y por el sueño. Sacar a este cerro de su letargo es parte de nuestro sueño. Asaltar los últimos edificios de nuestra modernidad, pintarlos como recuerdo, grabar en la memoria de todos que, como la cruz, blandimos el hacha, el Hacha de Holguín, es nuestro sueño. Y hacerlo cada año aquí con ustedes y con los amigos de ustedes. Oírlos hablar de cómo son sus cerros, sus sueños, su hacha y su cruz.

Podrán decir que soy un soñador, pero tampoco soy ya el único. Espero que otro día se unan a nosotros, y el mundo será uno. ¿Verdad, Lennon?


Palabras de saludo a los participantes en las Romerías de Mayo. Palacio Consistorial La Periquera.