Una tarde de 2014 estoy yo sentado en Tropicana, mirando lo horrible que puede ser un cabaret bajo la luz solar, prestando nada de atención a lo que sucedía en el escenario cuando, de repente, el hombre del micrófono pronunció ciertos vocablos mágicos. Palabras, dijo —nombre de un trío desconocido que me remitió de manera automática a un bolero de Marta Valdés (grande de Cuba) — y siguió: “de Santa Clara”, lo cual me puso alerta como un gato barcino. Fue en una edición de Cubadisco de hace unos años, en una de las maratónicas fiestas de autobombo, en las cuales se reparten cientos de nominaciones y se habla bastante poco de música.


Portada del disco


En realidad no sé si el trío actuó esa tarde o de los altavoces salió un pedazo de canción grabada. Solo recuerdo a tres muchachas llenas de alegría con su “nominación”, dando saltos entre las mesas; un par de torpes preguntas que les hice y mi decisión inquebrantable de conseguir el disco. Sabía que debía apurarme, los discos cubanos suelen hacerse inconseguibles, la mayor parte de la gente no se entera que existen. Desde que obtuve los catorce tracks que integran De Corona a la Trovuntivitis (sello Colibrí) lo he copiado, regalado a los amigos y convertido en ínfimos archivos de mp3, logrando atravesar el cerco de los servidores nuestros, tan precarios, y compartirlo pues para eso está la música: para brincar los charcos que separan países ,ciudades y personas..

De Corona la Trovuntivitis tiene lo que tienen los discos que uno escucha una y otra vez: alma, palabra antigua y desusada últimamente, pero no hay otra mejor. Y el trío Palabras tiene lo que tienen las realidades en el arte: bomba, que también puede nombrarse acocán o mondongo.

Ignoro quiénes fueron los arreglistas, los aconsejadores, los músicos invitados, aunque alguno logro identificar, claro. Nunca he visto una edición oficial del CD, de ahí mi ignorancia.

Sé, en cambio, que De Corona la Trovuntivitis es sustancia emocional, salida de lugares verdaderos, esos lugares misteriosos donde la gente guarda lo que la gente siente. Por eso resulta tan natural a la corta y a la larga esa mezcla de trovas que las muchachas arman: que lo sentimental de Manuel Corona vaya tan bien al lado del montunito sucusuqueño Robando mai, rallando mai del “Son de Eleodoro”, de Yordán Romero, y que ese inenarrable “Mi primer bolero” de Leonardo García se lleve tan bien con Te he vuelto a ver, Longina seductora, el “Ay Aurora me has echado al abandono” (con su drum y su guiño al jazz) y ese “Déjame ser”, precioso bolero guajiro-guajiro de Yaima Orozco.

Lo primero que pensé fue lo feliz que debe andar el fantasma de Corona (quien era por cierto un fecundo guarachero, sonero pícaro y rumbero impenitente) con, por ejemplo, “El jugo e’Lulo”, de Roly Berrío, en estas voces armoniosas que suenan hoy su “Auroras”, su “Adriana”, su “Santa Cecilia”, “Las flores del Edén”… canciones que parecen y que se convierten en nuevas y viscerales como “Afuera”, de Alain Garrido, y la “Adriana”, de Diego Gutiérrez, tierna y “valseadita”. En mi opinión el disco carece de lo que cierta gente del medio llama “relleno de colchoneta”, es lo único que no tiene.

Qué contento debe andar por todo Caibarién el espectro de Corona con tanta delicadeza sin ñoñería, con esta sencillez sin simpleza que trae Palabras: músicos de arriba abajo, que saben más de tres cosas sabias a la hora de cantar y de tocar. Porque este Trío Palabras tiene filin, y eso no es poco decir en Santa Clara y en voz alta.

 

Track 1 Adriana

Track 2 Aurora

Track 3 El jugo e’ Lulo

Track 4 Rosa Negra