Fue el cubano Antonio Machín quien expresó: “Yo baso mis triunfos sobre dos buenos pilares: las letras de mis canciones y la forma como las digo. Todo el mundo las entiende y vibra con ellas. Un cura rural de la Argentina ha hecho pintar, en su iglesia, unos ángeles morenos después de conocer Angelitos negros...”.

La fórmula es sencilla, aunque para cumplir los dos requisitos propuestos hay que tener ángel, don, carisma, como se le quiera llamar, algo que a nuestro compatriota le sobró, lo identificó y aún lo mantiene vivo en el cancionero hispanoamericano.

También suya es la frase que dijo a Carlos Puebla cuando coincidieron en 1972, en España: “El único cubano ciento por ciento soy yo”. Puede tomarse como una broma, pero Machín se lo tomó muy seriamente y lo demostró.

foto del cantante cubano Antonio Machín
“Yo baso mis triunfos sobre dos buenos pilares: las letras de mis
canciones y la forma como las digo”. Foto: ABC de Sevilla


 

Machín nació el 17 de enero de 1903 en la misma patria chica de Joaquín Albarrán, Wifredo Lam, Jorge Mañach, Enrique Labrador Ruiz, Enrique González Mántici, Alfredo Sosabravo…, o sea, Sagua la Grande, la de los grandes hijos en verdad. El padre era español y la madre, cubana. Creció en un hogar compuesto por 16 hermanos, ¡imagínese usted!; trabajó en disímiles empleos: sastrería, albañilería, corte de caña...

Pero el joven tenía un don, que le descubrió el trovador Miguel Zaballa, quien advirtió su excepcional voz prima en 1924 y de inmediato lo invitó a formar un dúo. Más tarde integró el Trío Luna hasta que en 1926 ocurrió el primer hecho trascendente de su vida: se incorporó a la orquesta de Don Aspiazu (Justo Ángel), una de las más famosas de entonces y que mereciera este elogio de Alejo Carpentier: “La orquesta de Don Aspiazu es una obra maestra... con ella avanzamos por el mundo en la línea de vanguardia de la música latinoamericana...”.

En 1930 Machín fue a Nueva York con esta agrupación y el triunfo fue tan rotundo que grabó sus primeros discos. Dio entonces otro paso trascendental: fundó el Cuarteto Machín. Con él, entre 1930 y 1935, Machín grabó más de 160 placas para la RCA Víctor entre sones, boleros son, guajiras, pregones, afros y rumbas, con las firmas de los más prestigiosos autores de entonces, como Sindo Garay, Rosendo Ruiz, Ignacio Piñeiro, Eliseo Grenet, Arsenio Rodríguez, Abelardo Barroso, Marcelino Guerra, Bienvenido Julián Gutiérrez, Graciano Gómez y muchos otros.  

¿Todavía le parece poco? Pues Machín convirtió su cuarteto en sexteto y continuó grabando discos para la RCA y para la Brunswick, hasta que disolvió el grupo y viajó a Londres, donde debutó en una revista musical. Su interpretación de “Lamento esclavo”, de Eliseo Grenet, fue excepcional. De ahí pasó a París y figuró en la revista Canto a los Trópicos, dirigida por Moisés Simons, para sentar cátedra con “El manisero”, del referido compositor cubano. Poco después organizó la Orquesta Habana; con ella viajó por Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Alemania, Rumania e Italia.

La violencia desatada por el fascismo poco antes de la II Guerra Mundial incidió en su decisión de viajar a España, adonde llegó el 1ro. de abril de 1939. Contratado por la orquesta Los Miuras de Sobré, realizó una gira extensa por todo el territorio. En junio de 1943 contrajo matrimonio con la sevillana María de los Angeles Rodríguez, quien más tarde le dio su única hija, Alicia María José.

La popularidad de Machín parecía haber tocado el cielo cuando estrenó en Barcelona “Angelitos Negros”, de Maciste y Blanco. Sin embargo, en 1949 incorporó al repertorio “Dos gardenias”, de su coterránea Isolina Carrillo, convirtiéndose en su interpretación emblemática.

En 1958 Machín viajó a Cuba. Empresarios, artistas y admiradores lo colmaron de agasajos en el bar Bacardí, La Bodeguita del Medio y en los Jardines de la Tropical. Desde 1969 a 1972 fue galardonado con el Olé de la Canción, premio anual de un popular programa de la radio española. Durante la Feria Internacional de Muestras de Barcelona, coincidió en el Pabellón cubano con el dúo Los Compadres y cantó junto a ellos, recordándoles a los periodistas su condición de ciudadano cubano. Un año más tarde recibió con cariño a Pacho Alonso y sus Pachucos, Los Papines, Ela Calvo y otros artistas que integraban la revista Directo de Cuba.

Machín también incursionó en el cine; en 1976 se publicaron las Memorias de Antonio Machín. Cubano y universal, dijo adiós el 4 de agosto de 1977. Y en el Cementerio de San Fernando de Sevilla quedaron sus restos. De entonces acá ha seguido cantando con esa voz inapagable que lo mantiene vivo en el recuerdo. En Cuba, también es parte de la memoria imborrable, la que hace de él un cubano de todos los tiempos.