Por esas circunstancias de los días, hay veces que las cosas no fluyen del todo. Como aquí vamos a hablar de música, entendamos entonces que mi pregunta a Joe Lovano en una de las conferencias de prensa del Festival Jazz Plaza no llegó dentro de la armonía con la que empezó a hacerse. Pero como extraordinario jazzman, este saxofonista “con el que todos en el mundo quieren tocar”, captó la idea y la siguió, ofreciendo, precisamente, el sentido que buscaba.

Había escuchado a Joe Lovano, primero, en “Sippin´At Bell´s” en la compilación Jazz History (Volumen 4) The New Era 1969-Now. Luego, comencé a buscarlo en otros discos extraídos gracias a la tecnología de hoy. Para haber hecho una producción como Symphonica, me seguía pareciendo un virtuoso, pero sobre todo un hombre que toca con el corazón. ¿De dónde viene esa influencia que hace respirar libertad en sus composiciones, en su expresión, en la atmósfera que crea? ¿Cómo cruza la música clásica con la popular dentro del jazz?

Esas interrogantes logran irse esfumando cuando Lovano habla de la influencia afroamericana en el jazz y vuelve a los años cuarenta y cincuenta en los que Chano Pozo, Cachao, Machito, Dizzy Gillespie y Charlie Parker, músicos que menciona, revolucionaron el género. “Ese poderoso sentimiento está en mi música”, dice aquí en La Habana.

En una de las páginas digitales que refiere su trayectoria, había expresado con anterioridad: “Junto a los instrumentistas que me gustan, siempre está ese especial y profundo sonido que no es justamente el tono de algún instrumento, sino una completa aproximación que se logra con un profundo estudio y el deseo de ser creativos y libres. A ello se dirige mi música”.

A lo largo de su carrera, el saxofonista ha venido homenajeando a compositores como Charlie Parker y John Coltrane, a través de una espiritualidad musical conectada al free jazz. En el 2017, cuando se cumplieron cuarenta años de la muerte de Coltrane vio la luz el disco Compassion: The Music of Jonh Coltrane, junto al legendario Dave Liebman. De ahí que no resulte extraño que su presentación en el Festival Jazz Plaza contenga temas de tributo a ese otro indispensable saxofonista en la historia del jazz.


El saxofonista Joe Lovano. Foto: Internet

 

El concierto de Joe Lovano tendrá lugar el viernes 19, a las 9:00pm, en la Sala Avellaneda del Teatro Nacional, junto a la Orquesta del Conservatorio Amadeo Roldán y la Joven Jazz Band, dirigidas por el maestro Joaquín Betancourt, un gran conocedor de la obra del estadounidense. Otro saxofonista, César López, y el pianista Alejandro Falcón, llegarán como invitados.

La primera parte de la noche estará bajo el rótulo de Baladas de Coltrane, que contiene los temas siguientes: “Say it Over and Over Again”, del compositor Jimmy McHugh; “You Don´t Know What Love Is”, de Don Raye y Gene DePaul; “Too Young to Go Steady” y “All or Nothing at All”, escritos por Arthur Altman; “I Wish I knew”, del compositor Harry Warren;“What´s New”, compuesto por Bob Haggart; “It´s Easy to Remember”, de Richard Rodgers, y “Nancy with a Laughing Face”, de Jimmy Van Heusen. Todos, con arreglos de Daniel Jamieson.

Un Intermedio dará paso al “Mambo No.5” de Dámaso Pérez Prado, en el centenario de este compositor y como referencia al jazz cubano. Piezas elegidas de Symphonica, entre ellas dos de la autoría de Lovano: “Dawn of Time” y “Miss Etna”, así como “Duke Elligton´s Sound of Love”, de Charles Mingus (1922-1979), ese pianista y director orquestal y, sobre todo, dueño de cada espacio donde tocó el contrabajo, darán vida a la segunda parte del programa.

Para la interpretación de Joe Lovano, Mark Anthony Tomage escribió el concierto A man descending. Más allá de los propios sentidos del disco,  ver descender ante nosotros a este hombre que toca en las alturas del jazz internacional es un acontecimiento doblemente maravilloso. Primero, por la experiencia musical en sí; segundo, porque sigue enalteciendo la escena cubana —que como se sabe trasciende la frontera nacional— y, específicamente, el Jazz Plaza.

Él mismo ha dicho que le interesa traer a Cuba su creación, el jazz que hace, el cual compara con una meditación o una forma de respirar junto a otros. Es su tercera vez en el país. La primera fue en el Jazz Plaza de 1986, luego volvió en el 2006 entre los aires de su disco Viva Caruso. Ahora, otro regreso de Lovano. Aunque, es uno de esos instrumentistas que no se distancia de la isla, por las influencias cubanas, aquellas que heredó de Chano Pozo o Chico O´Farrill, y las que sigue incrementando al compartir escenario y producciones junto a consagrados jazzistas como Gonzalo Rubalcaba o Chucho Valdés.