Muchas páginas se han escrito y continuarán publicándose acerca de la impronta de Los Van Van, sin menor discusión la agrupación que más tiempo ha reinado en los niveles de preferencia de los cubanos en nuestra música popular bailable. Desde su aparición el 4 de diciembre de 1969, cuando la música del ensamble se dejó escuchar por primera vez, a través de los altoparlantes situados en el Pabellón Cuba de La Rampa habanera, esta formación ha colocado uno tras otro diversos temas musicales para hacer bailar de lo lindo a buena parte de los moradores de nuestro país y de paso, conformar una porción considerable de la banda sonora de Cuba en los últimos 48 años.

En sus inicios, Los Van Van retoma las innovaciones que, en cuanto a formato, Juan Formell había experimentado en la Orquesta Revé, a saber: empleo del bajo eléctrico, organeta, guitarra eléctrica, sustitución de la flauta de cinco llaves (típica de las charangas cubanas) por la de sistema, trabajo vocal a partir del montaje de voces como en los cuartetos, así como un tratamiento orquestal diferente al que prevalecía por entonces, sobre todo en el área de las cuerdas, más utilizadas en forma rítmica que melódica.
 

A pesar de los cambios en un devenir de 48 años, el tren sigue sonando con buena música
 

A tales cambios, también se unía que las células rítmicas básicas sufrían una evidente transformación (con un específico figurado de piano y bajo), aspecto en el que la personalidad de José Luis Quintana (“Changuito”) desempeña un rol protagónico, al modificar los acentos del toque de la percusión y establecer una ampliación del set percusivo a partir de agregarle componentes a la batería. Así, el son sería abordado con elementos del rock y del jazz, para dar lugar a lo que se conoció como “songo”.

José Luis Quintana (“Changuito”), Raúl Cárdenas (“El Yulo”), César Pedroso (“Pupi”), Fernando Leyva, Jesús Linares, Orlando Canto, José Luis Cortés (“El Tosco”), Julio Noroña, Gerardo Miró, William Sánchez, José Luis Martínez y Miguel Ángel Rasalps (“El Lele”), junto a Juan Formell, fueron algunos de los músicos que durante los años setenta lograron establecer un timbre y una sonoridad que ha devenido sello permanente en la obra de Los Van Van, más allá de cambios en la nómina de sus integrantes.

Durante el primer decenio de la agrupación, varios son los discos de larga duración que salen al mercado, a través del sello EGREM. Entre ellos cabe mencionarse Juan Formell y Los Van Van. Vol. I (1969), Juan formell y Los Van Van. Vol. II (1974), y Juan Formell y Los Van Van. Vol. III (1974).

Con el arribo de la década de los ochenta y a partir de la salida de la agrupación del flautista José Luis Cortés (“El Tosco”) y que hasta ese momento había tenido un peso fundamental en el grupo, particularmente a la hora de las improvisaciones con su instrumento, se decide hacer una nueva experimentación en el sonido Van Van y son introducidos los trombones, lo cual refuerza el registro central del ensamble, que se movía entre los agudos aportados por los violines y flauta, y los graves dados por el bajo y el piano. En el período, también se incorporan las sonoridades procedentes de los sintetizadores, que aportan otras coloraturas y nuevos timbres al sonido de Van Van.

La llegada de 1990 trae consigo la irrupción en Cuba de lo que se conoce como Período Especial, es decir, la aparición de una prolongada crisis económica local originada por el derrumbe del antiguo campo socialista de Europa del Este, otrora soporte económico de la isla. Ante la urgencia de encontrar nuevas fuentes de ingresos para la maltrecha economía de la nación, el Estado otorga permiso para que disqueras extranjeras se asienten en Cuba y firmen en sus catálogos a artistas cubanos, que hasta dicha fecha sólo podían establecer contratos con empresas locales. Así, pequeños sellos foráneos se establecen en el país, como es el caso de la compañía de origen español Caribbean Production Inc., que llega a un acuerdo con Los Van Van para que sea una de las agrupaciones representadas en cuanto a la producción de fonogramas por dicha disquera.

Así, en lo que representa una tercera etapa en el accionar de Van Van, registran fonogramas como Disco Azúcar (1992), Ay Dios, ampárame (1995) y Esto te pone la cabeza mala (1997). En el período, junto al clásico sonido del songo manejado por la agrupación, en el repertorio que aparece por esos años se aprecia la cada vez mayor presencia de elementos característicos de la timba, manifestación de mucha popularidad entre los bailadores cubanos durante el último decenio del pasado siglo XX.

En la década, también se sistematizan las giras internacionales de Van Van por Europa, continente en el que actúan en diversas ciudades y en prestigiosos festivales. Mientras tanto, por mucho tiempo a la orquesta se le negó la visa a los Estados Unidos. Se pensaba que el día que la agrupación irrumpiera en dicho mercado, ello le aseguraría (desde el punto de vista de la comercialización) una proyección global definitoria. Afortunadamente, llegó el momento en que Van Van se presentó en Norteamérica.

A la idea de que su música se conocería como se requiere, también contribuyó el hecho de que hacia finales de los noventa, la agrupación firma contrato con la discográfica estadounidense Habana Caliente. Así se graba el disco Llegó Van Van, que en febrero del 2000 recibe el premio Grammy en la categoría de salsa tropical, máximo galardón otorgado por la National Academy of Recording Arts and Sciences (NARAS).

A los efectos internacionales, aquel acontecimiento debió ser muy bien recibido, sin embargo no tuvo la repercusión y cobertura de prensa que se esperaba. Es cierto que la decisión de otorgarle el premio a Van Van fue en extremo reñida. Allí no es habitual que una orquesta cubana bailable tenga pleno éxito y se lleve los más altos lauros, pues en dicho medio por lo general no se han promovido expresiones sonoras como el songo o la timba.

Llama la atención el hecho de que la discográfica Habana Caliente, la misma que grabó el fonograma premiado y que lo introdujo en Estados Unidos, no dio el reconocimiento que se suponía al hecho de haber recibido la distinción de la NARAS, a pesar de que el CD se vendió y agotó en una buena parte de las ciudades norteamericanas en las que se distribuyó e incluso, no hizo nada para que el álbum se conociera debidamente en Europa y América Latina.

La historia posterior podría resumirse con decir que por causa de los desacuerdos entre la orquesta y la discográfica, la primera estuvo más de cinco años imposibilitada de grabar en estudio, problemas finalmente solucionados y que permitieron en 2005 la aparición del disco titulado Chapeando.

En el período comprendido entre esos dos fonogramas, varios cambios se suceden en las filas del ensamble. Así, José Luis Quintana (“Changuito”), César Pedroso (“Pupi”) y Pedrito Calvo se marchan de Los Van Van. El lugar de estas figuras es ocupado entonces por jóvenes talentos que, guiados por la impronta de Juan Formell, mantienen el sello del colectivo y de paso, le impregnan la vitalidad de la sangre nueva.

Esas modificaciones en la nómina del personal de la orquesta y el consiguiente rejuvenecimiento de la formación, hecho llevado en vida de su líder y fundador, resultaron a la postre decisivas para que al fallecer él, el suceso no fuese traumático para el ensamble y la agrupación estuviese preparada para seguir el camino trazado por Juan Formelldesde los comienzos del proyecto. Así, cuando en el presente 2017 Los Van Van están cumpliendo 48 años de fecunda existencia, mantienen la vitalidad creativa de aquel 4 de diciembre de 1969. No en vano se ha asegurado que ellos han sido el tren de la música cubana y que seguirá sonando, incluso cuando se hagan realidad los versos de Sigfredo Ariel que expresan:

se borrarán los nombres y las fechas

y nuestros destinos

y quedará la luz, bróder, la luz

y no otra cosa.