De las mejores vivencias que deja el Festival Internacional de Jazz en su edición 38 figura la de haber estado ahí, en una de las butacas del Teatro Martí, cuando el telón se abrió y el hijo de Xiomara Laugart y Alberto Tosca comenzó a tocar, sin freno alguno, el piano.

Axel, talentoso hasta médula, lo demostró con creces durante el concierto que ofreció, acompañado por el bajista Daniel Winshall y el baterista David Frazier Jr., con quienes se presenta habitualmente en formato de un trío al que identifican con las iniciales de sus apellidos: WTF.

No sabía yo, y lo confieso, que Axel era el pianista que es. Desde el piano de cola hasta el teclado reducido y el piano eléctrico, se movió ágil y fecundo, incluso con los ojos cerrados, “pariendo” la música. Afri Asia, I love you, Homenaje a Chick Corea… en todos los temas hubo comunicación constante y abierta con sus músicos, quienes deslumbraron en sus solos.

Las sonoridades que Axel les extraía a los pianos fueron totalmente asombrosas, inesperadas, elocuentes, coherentes con un discurso musical que se ha empeñado en desarrollar y hacer evolucionar en sus manos. Nueva York, específicamente Brooklyn, es el catalizador fundamental porque “no se puede andar a medias tintas en una ciudad como esa”.

Saltando del inglés al español y en el sentido contrario, Axel dialogó con el público y mantuvo una simpatía desbordante. “Es la primera vez que vengo a Cuba con mi trío. Me emociona estar aquí, en un evento que crecí disfrutándolo, como tantos otros. Les agradezco a mis padres lo que soy. A mi esposa Lea Lórien, que es una mujer especial, le agradezco habernos encontrado, y ser quien me haya encaminado”.

Justamente con su esposa, Axel compartió un tema que juntos compusieron y que lo presentó en el ámbito de la música house. “Trabajando en esa área nos conocimos, ella es muy buena en lo que hace y me incluyo en sus logros”.

No pocos de los espectadores, además de disfrutar de esta primera parte del concierto, esperaban con ansias a La Negra, a la mujer cuyo canto a La Habana es profundamente estremecedor.

Xiomara Laugart se ganó los aplausos del público desde antes de comenzar a cantar. “Esta cosa que hicimos Alberto y yo es lo más grande”, dijo, refiriéndose a Axel.

Si su hijo antes había augurado que nos sumergiríamos en recuerdos, la cantante lo confirmó al decir: “Vamos a cantar algunas canciones de las que casi no me acuerdo. Ustedes deben ayudarme”.

Todos coreaban La Habana joven y Eres nada al iniciar. Multiplicados los aplausos para el guitarrista Octavio Kotan, el que siempre integró la legendaria banda de la cantante y cuya trayectoria artística lo situó en Madrid, Nueva York y la capital cubana en diferentes momentos.

Xiomara bailó mucho, se abanicaba a ratos y sonreía. Sudaba y aquel chaleco de flecos y de brillo le sobró a su cuerpo en un minuto. Xiomara es dueña de su espacio y de su disfrute… no hay dudas.

“El Movimiento de la Nueva Trova celebró sus cinco décadas el año pasado. Pero yo estoy aquí y quiero festejarlo con ustedes. Me siento parte de ese movimiento, y quiero que la celebración se disfrute a plenitud”.

Qué manera de quererte puso a bailar al más pinto y el micrófono ella lo dirigía al auditorio, “porque esta es una canción bella y quiero que me acompañen”.

Recordó cuando en 1993 grabara con José Luis Cortés y NG La Banda aquel disco de estándares de jazz, traducidos del inglés al español por César Portillo de la Luz. Uno de esos títulos lo cantó entonces por primera vez en Cuba, fuera del estudio de grabación.

“El Movimiento de la Nueva Trova celebró sus cinco décadas el año pasado. Pero yo estoy aquí y quiero festejarlo con ustedes. Me siento parte de ese movimiento, y quiero que la celebración se disfrute a plenitud”, comentó Xiomara Laugart.

Anunció que interpretaría un tema múltiples veces versionado, “y que lo más llamativo es cómo estos muchachos tan jóvenes abrazan esa música y le hacen arreglos tan modernos, y entonces la canción sigue multiplicándose por el mundo. Así sucedió con Bésame mucho”.

Y como no podía faltar, el mismísimo José Antonio Quesada llegó y se sentó en primera fila para comprobar que su más aplaudida canción fuera la preferida de todos. Así fue. Hoy mi Habana fue el himno que cantamos juntos, de pie, con las luces encendidas.

Estaba eufórica, me dijeron. Conmovida y contenta, diría yo. Sigue siendo Xiomara linda, inmensa, única. Me había comentado antes de comenzar el concierto que graba en estos tiempos un disco con su hijo, que se mantiene cantando en diferentes lugares y que “he gozado tanto, he cantado tanto… pero lo seguiré haciendo”.

Recibió un ramo de girasoles y rosas rojas de manos de un amigo querido. Se deleitó con los abrazos, se dejó tomar fotos y posaba si era preciso. Estaba feliz, por ella, por su hijo, y no lo ocultó. La Habana se vistió de amor.

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