El Ballet Nacional de Cuba (28 de octubre de 1948) arribó, para orgullo de todos, al aniversario 74 que marca un hito no solamente en el ámbito de nuestra danza escénica, sino también en la historia de nuestra cultura nacional. Ha sido y es, como bien lo definiera Juan Marinello, “más que una suma de excelencia y una escuela singular, la voz de una fuerza popular sin reposo”. Esa fuerza popular encontró su voz en el sentir y el hacer de la triada Alonso —Alicia, Fernando y Alberto— que, desde mediados de la década de los años treinta del pasado siglo, tuvieron la audacia de traspasar los marcos elitistas de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro Arte Musical de La Habana e irse al extranjero en búsqueda de una sólida formación artístico-técnica que les permitiera convertirse en valiosos bailarines profesionales. Y así lo hicieron: Alberto en los Ballets Rusos de Montecarlo y del Coronel, de Basil; y Alicia y Fernando en diversas escuelas y compañías de los Estados Unidos, como la School of American Ballet, el Ballet Caravan y el Ballet Theater de New York. Pero lo que les otorgó la alta estatura que hoy ostentan en la historia de la danza escénica cubana es que, más allá de la gloria y el éxito que obtuvieron, nunca los abandonó la inclaudicable visión fundacional y de futuro.

La compañía ha logrado ocupar un alto sitial en la cultura nacional y en el movimiento danzario internacional, como máximo exponente de una nuevaescuela. Foto: Ballet Nacional de Cuba

En su bregar por el duro período que medió entre su fundación y 1956, fecha en que se produjo su enfrentamiento con la dictadura batistiana, que intentó convertirlo en agente propagandístico de su sanguinario régimen, fue merecedora de la admiración y el respeto de todos los cubanos, por lo preclaro de sus objetivos y la valentía con que sus fundadores supieron enfrentar las incomprensiones y las agresiones de los desgobiernos de la época. A pesar de ello, el novel conjunto logró desarrollar tres vertientes fundamentales de trabajo, que incluyeron el campo de la creación coreográfica, el pedagógico y la divulgación masiva del ballet. 

Desde su debut, la primera compañía profesional de ballet en la historia de la naciónmostró su gran preocupación por enriquecer la cultura danzaria de los cubanos, tarea que cumplió exitosamente al desarrollar una amplia línea coreográfica en la que figuraron las más importantes obras del ballet de acción del siglo XVIII y de la gran tradición romántico-clásica del siglo XIX, y el estímulo a un movimiento de creación contemporánea que incluyó las más diversas temáticas.

Hito en ese período fue la creación, en 1950, de la Academia de Ballet Alicia Alonso, encargada de formar la primera generación de bailarines profesionales cubanos y servir de laboratorio pedagógico al fenómeno artístico de la hoy mundialmente reconocida escuela cubana de ballet.

En cuanto a su trabajo divulgativo, las numerosas funciones públicas, con entrada libre o a muy bajos precios, en espacios abiertos de la capital y el interior del país, muy especialmente las realizadas en el Estadium Universitario, donde contaron con el apoyo decidido de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), hicieron posible que la semilla del ballet fuera plantada en los más disímiles ámbitos de la Isla. Como sabiamente sentenciara Alicia en su histórica Carta Pública al testaferro del llamado Instituto Nacional de Cultura, en 1956, el ballet ya no podía morir porque lo habían plantado en el seno del pueblo.

Desde su debut, la primera compañía profesional de ballet en la historia de la naciónmostró su gran preocupación por enriquecer la cultura danzaria de los cubanos, tarea que cumplió exitosamente al desarrollar una amplia línea coreográfica en la que figuraron las más importantes obras…

El triunfo revolucionario de 1959 abrió una nueva etapa, donde el ballet cubano pudo alcanzar sus grandes aspiraciones históricas. La Ley 812 del Gobierno Revolucionario, firmada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, garantizó definitivamente la existencia de la compañía y le brindó todo el apoyo material y espiritual para realizar su labor. En estos 74 años de labor continuada, que ahora celebramos bajo la conducción de la primera bailarina Viengsay Valdés, la compañía ha logrado ocupar un alto sitial en la cultura nacional y en el movimiento danzario internacional, como máximo exponente de una nueva escuela.

Un total de 212 giras, que han incluido actuacionesen 62 países de los cinco continentes, presentaciones en más de cien pueblos y ciudades de la Isla: la creación de un vasto y versátil repertorio de 778títulos, la mayoría de ellos con carácter de estrenos mundiales, ha sido un fructífero empeño al que la compañía ha vinculado a los más prestigiosos compositores, diseñadores, teatristas y técnicos de la escena del país; charlas, conferencias y espectáculos didácticos en centros laborales, planteles estudiantiles y unidades militares desde Mantua a Maisí; programas radiales y televisivos, ediciones de libros y publicaciones especializadas, decenas de galardones obtenidos en eventos competitivos del más alto fuste en Europa, Asia y América; más de un millar de distinciones de carácter cultural, social y político, tanto nacionales como extranjeros, y el reconocimiento entusiasta de la crítica mundial avalan su saldo creador.

El 19 de junio de 2018, el Estado cubano, mediante la Resolución número 31 del Ministerio de Cultura, decidió declarar al Ballet Nacional de Cuba Patrimonio Cultural de la Nación, gesto que, simbólicamente, puede valorarse como la reivindicación de la Revolución a los reclamos que Alicia y sus colaboradores hicieran desde la fundación de la compañía. Un reconocimiento a la grandeza de su obra creadora, que el mundo reconoce como el fruto del talento de todo un pueblo, de la inquebrantable fe de un grupo de forjadores y de una sabia política artística que, como una vez le augurara el sabio don Fernando Ortiz, ha sabido valorar la herencia del pasado, cumplimentar los deberes de su tiempo y los reclamos no menos imperiosos del futuro.