Concha Ferrant, una pintora olvidada pero no desconocida

Leonardo Depestre Catony
27/5/2019

Ya casi nadie la recuerda, pero en la Exposición Iberoamericana de Sevilla celebrada en 1928, devenida vitral de las artes y la cultura hispanoamericana, una cubana mereció con uno de sus cuadros la Medalla de Oro. Estaba entonces en el apogeo de su fama y fuerza creadora, tenía 46 años, había nacido en Guanabacoa y pese a llamarse Concepción todos la reconocían como le gustaba a ella nombrarse: Concha Ferrant.

Concha Ferrant, notable pintora cubana, una de las más insignes creadoras del siglo XX. Imagen: Internet
 

La siempre útil Enciclopedia Universal Ilustrada Americana Espasa-Calpealgo así como la wikipedia de los años treinta y cuarenta del pasado siglo— incluía una reseña de la vida de la artista y reproducía en colores, a página completa, su premiado cuadro Granados en flor.

Concha nació el 28 febrero 1882 y estudió en la Academia de San Alejandro, allí tuvo de profesor al maestro Leopoldo Romañach. Y no fue una alumna cualquiera: ganó premios, certificados, medallas y demostró a todos que una mujer podía pintar tan bien o hasta mejor que los colegas masculinos.

Después, en 1918, prosiguió estudios en el extranjero, entró en contacto con artistas norteamericanos e ibéricos, amplió sus horizontes pictóricos. Al regreso, a mediados del 20, presentó al público cubano una muestra de su producción en el exterior: 26 óleos que, expuestos en la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana, tuvieron excelente acogida de la crítica.

Obtuvo por concurso la plaza de profesora de Anatomía Artística en la Academia de San Alejandro y por esta misma época más de uno de sus cuadros ilustró las portadas de la revista Bohemia, prueba de cuán reconocida era su obra y cuán difundida estaba.

Por mucho tiempo fueron las obras de Concha Ferrant asiduas concurrentes a las exposiciones nacionales, donde merecieron premios y medallas. Cultivó además la escultura, y escribió la letra y la música para el himno de la Asociación de Bellas Artes. Su talento multifacético era ciertamente abarcador.

Los temas de los óleos de Concha abordaron preferentemente el paisaje cubano, el europeo y los elementos afrocubanos. Esta cuantiosa obra, sépase, la materializó pese a las deficiencias visuales que desde joven la aquejaron y que por último le impidieron seguir pintando.

Tampoco preocupó a la artista lucrar con su arte pues, por el contrario, vivió con suma sencillez, dedicada a la enseñanza, trasmitiendo con ejemplar modestia sus conocimientos a cuantos se le acercaban en busca de un consejo o una opinión autorizada.

Hija predilecta de Guanabacoa, título con el cual se le distinguió en 1943, murió en esa misma villa, a la edad de 87 años, el 27 mayo 1969, aunque para esa fecha ya su vida estaba lamentablemente apagada.

Desde el instante mismo de su fundación, en 1981, la Galería Municipal de su municipio natal lleva el nombre de esta ilustre pintora, triunfadora en Cuba y España, que fue en su momento —junto a Amelia Peláez— una de las más conspicuas cubanas dentro del arte de los pinceles.

A medio siglo de su fallecimiento hagamos todo lo posible para que la fecha no pase inadvertida y al menos se la recuerde como una de las artistas plásticas más relevantes de la primera mitad del siglo XX cubano. Lo contrario nos daría motivos para recordar una muy acerada frase martiana incluida en su drama Adúltera: “olvidar es de ruines”.