Correo desde la Isla de la Dignidad. Primeros años de vida

Eloísa M. Carreras Varona
8/6/2020

Infancia, adolescencia y primera juventud

Aunque Armando Hart nació en la casa de sus abuelos maternos, en la calle Porvenir, en el reparto capitalino de Lawton, en la Víbora, el 13 de junio de 1930; su infancia más remota está ligada a la ciudad de Trinidad, pues allí vivió hasta los cuatro años de edad. En aquel período, una de sus distracciones preferidas era subir la Loma de la Popa para visitar a su tío Frank Hart, quien descansaba en tan sugestivo sitio. Su abuela materna vivía con la familia y siempre le brindó todo su amor, cariño y comprensión.

En 1934 los Hart Dávalos se trasladaron a la ciudad de Sancti Spíritus; pero como él todavía era pequeño y fue breve el tiempo que residieron allí, conservó de ese lugar muy pocas vivencias. De su primera infancia lo que más recordaba, fueron los días que pasaron en la calle Diago no. 36 en el pueblo de Colón, porque en ese lugar por primera vez asistió a la escuela y aprendió a leer y escribir a la edad de cinco años con “Pepa”, su inolvidable maestra.

Dibujo escolar que se conserva en el Archivo Crónicas.
 

Debido a un cambio de la plaza de trabajo que su padre hizo con Manuel Urrutia Lleó, [1] se mudaron para la ciudad de Matanzas el 2 de agosto de 1936. En esa ciudad cursó el primer grado en el Colegio de los Catedráticos; [2] estudió del segundo al cuarto grado en el Colegio Presbiteriano Irene Toland y posteriormente ingresó en el Colegio La Luz[3], para hacer el quinto grado.

Muestras de la serie documental titulada “Notificaciones de exámenes y Bonos de buena conducta escolar”
(en este caso se muestran algunos de los bonos otorgados en el Colegio La Luz). Fotos: Cortesía de la autora

 

El ambiente en que comenzó a desarrollar su formación, desde el hogar y en esta primera etapa escolar, tuvo la decisiva impronta patriótica de profunda raíz martiana, que viene de los orígenes de la cubanía. El mismo Hart afirmó siempre que su pasión martiana y su vocación latinoamericana y revolucionaria, unido a todo aquello que signifique justicia, se le pierden en los recuerdos más remotos de la familia, la primera infancia y sobre todo en las enseñanzas éticas y patrióticas que recibió de sus padres y de los maestros cubanos desde la primera escuela a la que asistió.

Sin haber cursado el sexto grado y después de una preparación intensiva en el verano logró pasar con éxito los exámenes de escolaridad de ese curso, por lo que fue matriculado directamente en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas en 1942.[4] En este prestigioso plantel estudió hasta que culminó sus estudios de Bachiller en Letras con resultados notables y se graduó en 1947.[5]

 Serie de los certificados que acreditan cuatro de las matrículas efectuadas en
el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas.

 

Su hermana Martha siempre subrayó sus capacidades y las dotes de orador que tuvo desde muy niño, así como sus notables conocimientos sobre la vida y la obra de José Martí, al punto que habitualmente recordaba que en todas las escuelas donde su hermano estudió, sus maestros y compañeros de clase lo proponían para que fuera el alumno que en los actos escolares les hablara sobre el Apóstol cubano.

Ella también contaba que cuando Armando tenía nueve años de edad, sus hermanos observaban con asombro que él se quedara varias horas meditando sobre la necesidad futura de una revolución martiana en nuestra patria. Y con orgullo describía que en esas circunstancias, mientras él hablaba, hacía complicadas piruetas con un lápiz entre sus dedos, como hizo toda la vida, cuando soñaba despierto con sus innumerables y cercanas utopías.

Armando fue de un temperamento rebelde y explosivo, de tal manera que era capaz de comenzar una tremenda discusión con sus hermanos por cualquier asunto y no toleró la injusticia jamás.

Nunca le gustó bailar y la lectura fue su principal distracción, seguida de otros entretenimientos como los deportes; específicamente le gustaba nadar, montar bicicleta, jugar al tenis de mesa y el béisbol. Como en Matanzas vivieron frente al mar, allí pasaron sus mejores momentos, pues la playa fue siempre el lugar preferido por su familia.

Estudió fecundamente en la vasta biblioteca de su padre, cuyo acervo contenía diversas temáticas literarias; sin embargo, él buscaba en especial los textos de la Historia de Cuba, la Revolución Francesa, los Enciclopedistas, la Ilustración y Napoleón… También escuchó mucho la radio y leyó profusamente la prensa de la época.

Luego de vivir nueve años en Matanzas, en 1947 la familia se trasladó a Santiago de Cuba, ciudad donde su padre ocupó el cargo de magistrado. En ese mismo año, Armando se instaló en la casa de sus abuelos paternos, en la calle Heredia, en el reparto capitalino de La Víbora, para poder iniciar sus estudios universitarios. 

 Armando en 1948, ya matriculado en la facultad de Derecho de la UH.
 

La Historia, la Filosofía, la Sociología y la Cívica fueron invariablemente sus asignaturas y materias favoritas. Tuvo la pretensión de ejercer una Cátedra como Profesor universitario de Derecho Constitucional o de Teoría General del Estado, pero no lo llegó a concretar porque su espíritu rebelde y su sed de justicia lo llevaron directamente al servicio a la patria en la primera trinchera de la lucha insurreccional contra la dictadura de Fulgencio Batista, desde el mismo momento del golpe de Estado en marzo de 1952, cuando él aún se encontraba cursando el quinto año de su carrera.

Notas:

[1] Manuel Urrutia Lleó (1901–1981). Juez en el proceso celebrado en Santiago de Cuba contra los expedicionarios del Granma que resultaron capturados, públicamente criticó al régimen de Batista. Por iniciativa del Movimiento 26 de Julio devino presidente de Cuba el 5 de enero de 1959. Renunció el 17 de julio de 1959 ante una creciente oposición popular. Posteriormente partió hacia Estados Unidos.
[2] Colegio que pertenecía a Manuel Labra, tío de la poetisa cubana Carilda Oliver Labra, Premio Nacional de Literatura, 1997.
[3] Esta escuela estaba dirigida por la catedrática Delia Díaz. 
[4] Valiosa institución pública educacional, que realizó una loable labor educativa desde su inauguración en la época de la colonia en 1864. En sus aulas impartieron clases ilustres personalidades de la ciencia y las letras cubanas. El centro estaba dotado, entre otros importantes espacios, de una biblioteca, un laboratorio de Química, un Aula Magna y fue sede del prestigioso Museo de Historia Natural de Matanzas, considerado uno de los mejores del país.
[5] En el año 1939, se puso punto final en el país a los planes de estudio de acento positivista que, desde el año 1900, había elaborado y puesto en práctica el eminente y célebre humanista Enrique José Varona. El vasto programa fue conocido como el Plan Varona; y en este se puso gran acento en la instrucción de las Ciencias, lo que abarcó en lo fundamental a la reorganización de la enseñanza secundaria y universitaria. Aunque el Plan Varona fue muy novedoso para su época, fue sustituido por el Plan Remos, el cual se implantó en 1941, un año antes de que el joven Hart comenzara la decisiva etapa del bachillerato. Este Plan dio preponderancia a las Humanidades, porque en él se añadieron los estudios de Sociología, Sicología, Historia de Cuba, e, incluso, elementos de Filosofía, entre otros. Asimismo, aumentó los estudios a cinco años, los cuales se dividieron entre el Bachillerato Elemental por cuatro años y el Bachillerato Preuniversitario en Ciencias o en Letras en el quinto y último año.