Dale Dan Den…

Emir García Meralla
22/5/2020

La primera noticia de la existencia del músico Juan Carlos Alfonso la tuvieron los bailadores cubanos a comienzos de 1983. Todo comenzó en la transmisión de la Serie Nacional de Pelota. Durante el cambio de inning se empezó a difundir la música que para ese entonces proponía la orquesta del percusionista Elio Revé, donde militaba Juan Carlos. El guantanamero Revé había logrado recuperar y poner a punto su orquesta tras algún tiempo de silencio. Y es que parte importante de sus anteriores músicos habían decidido unirse en otro proyecto interesante que recibió el nombre de La 440.

Juan Carlos Alfonso. Fotos: Internet
 

Revé le había confiado la dirección musical, la composición y además los arreglos de los temas que pondría a disposición de los bailadores. Era una apuesta complicada, pues el gusto del público en ese instante estaba en función de los temas que promovían Adalberto Álvarez y el Conjunto Son 14; las propuestas de Formell con los Van Van, donde Israel Sardiñas y Pedrito Calvo eran los cantantes principales; la arrolladora popularidad del grupo Irakere y ―lo más novedoso― los temas que difundía la radio del cantante venezolano Oscar de León.

Este es, a grandes rasgos, el panorama musical que abrazaban los bailadores cubanos en el mismo momento en que el musicalizador de la televisión Mariano Suárez del Villar propone y difunde en las transmisiones de los juegos de pelota los temas de la orquesta de su amigo Elio Revé.

Alfonso, desde el piano, no solo modifica y renueva el estilo de la orquesta en función de los intereses de su director, sino que, además, apuesta a proponer sus solos de piano ―conocidos como tumbaos— poseedores de una riqueza tímbrica impresionante y un derroche de imaginación pianística, amén de plantear una forma poco ortodoxa de armonizar los trombones dentro de la música cubana de estos tiempos. Con esos elementos, su nombre comenzó a circular de boca en boca entre los músicos y los bailadores del momento.

Por cinco años, Alfonso fue la cabeza musical de una orquesta que no dejó de pegar temas entre los bailadores. Una orquesta que retomó, en la manera de combinar las voces de sus cantantes en el momento de ejecutar los coros, el decir que había instaurado la Sonora Matancera ―orquesta desconocida para ese entonces por la gran mayoría de los bailadores cubanos, pues todos sus integrantes habían emigrado a comienzos de los años sesenta y su música no se radiaba―, que poseía el mejor trío de voces soneras del momento (Alfonsito, Valentín y “el Padrino”) y que, por momentos, relegó en la popularidad a sus competidores.

Pero Alfonso quería más, y la oportunidad se la brindó la revista Opina, en especial uno de los miembros de su staff: Armando López, que apostó todas sus cartas ―y las de la revista misma— a un proyecto musical que proponía una música a medio camino entre la salsa y lo que para ese entonces se comenzaba a generalizar en Cuba y que recibirá el nombre de Timba. Nacía el grupo Dan Den.

 

La creación, la estructura musical y el modo de proyectarse en escena de Dan Den se debe en lo fundamental al pensamiento publicitario y al ingenio de Armando López, lo cual no demerita el papel jugado por el pianista Juan Carlos Alfonso. Sin embargo, él aportaba la materia prima fundamental y su “socio” los complementos adecuados para que nada quedara fuera de orden. Estaba todo pensado meticulosamente.

López había estudiado el mercado de la música, no solo el cubano, sino el contexto continental, donde se modificaba el gusto por la música salsa ―era el comienzo de la llamada “salsa romántica”—, se imponían nuevos patrones y valores, y comenzaba a destacar una orquesta colombiana que serviría de patrón a la cubana: el grupo Niche, que dirigía Jairo Varela. También apostó por desarrollar e imponer una marca musical, algo que hasta ese instante no era práctica en la música cubana, y como soporte promocional estaba la revista Opina, el medio de mayor alcance e influencia del momento en Cuba.

Juan Carlos, como novedad musical, y para distanciarse del trabajo hecho con Revé, regresó a sus raíces y tomó prestado de las Charangas de Bejucal el golpe de la batería de campanas (dan/den) utilizadas por la formación del mismo nombre que emiten un sonido muy peculiar. A niveles de difusión y disfrute de la música cubana en las décadas precedentes, las Charangas de Bejucal eran conocidas por ser los músicos que acompañaban a la comparsa los Guaracheros de Regla, sobre todo en las fiestas del Carnaval y que amenizaban las fiestas tradicionales del habanero poblado del mismo nombre.

 

El formato sonoro del conjunto lo completaban una cuerda de tres trombones y las voces de Alfonsito, el Padrino y un desconocido entonces llamado Pablo Fernández Gallo, que antes había trabajado como utilero de la orquesta de Adalberto Álvarez cuando este se estableció en La Habana, y después sustituyó como cantante a Issac Delgado en el grupo Galaxia.

Solo quedaba ajustar el repertorio ―pulirlo, para decirlo en otras palabras— y lanzar la orquesta. Pero el lanzamiento debía ser por todo lo alto, y qué mejor momento que la entrega de los premios Girasol, en diciembre de 1987, cuando toda Cuba estaba frente a la TV y seguía con interés las palabras de la gran Consuelo Vidal, maestra de ceremonia oficial de esos premios. Solo tres temas bastaron para que la moda Dan Den entrara en el gusto de los cubanos todos: Siempre hay un ojo, El chico Súchel y Ceniza y colillas, y convirtieran la voz de Pablito en una de las más novedosas del momento.

Después vendrían la grabación de un disco (LP) y las giras por el país que ya había planificado y coordinado Armando López. Como cierre de tal campaña fueron la orquesta anfitriona del Cabaret Opina, el sitio por excelencia más selecto de la música cubana y la farándula habanera del momento, y que trascendía los días de carnavales, pues aunque las fiestas terminaban el último domingo de julio, el cabaret de la revista permanecía abierto todo el mes de agosto.

Dan Den no solo impuso su música, también impuso un modo de vestir, pues los diseñadores de moda del momento respondieron al llamado de la revista y pusieron su talento en función de la nueva orquesta. Lo mismo ocurrió con la portada de su primer disco titulado Siempre hay un ojo, que fue una apuesta novedosa en materia de diseño al romper la tradición de una foto identificativa, se utilizó un fragmento de una obra de Aldo Menéndez que representaba un ojo en primer plano, pero, en su trasfondo estaban reflejadas las siluetas de los músicos y las pestañas conformaban las teclas del piano.

 

En menos de tres años, el Dan Den se convirtió en una orquesta reclamada por todos en Cuba. A pesar de que dos de sus cantantes principales la abandonaron en los primeros años, ello no mermó su popularidad y, para el momento en que realizaron su primera gran gira internacional, Alfonso preparó un repertorio capaz de complacer al público de Centroamérica y llamar la atención sobre una interesante forma de hacer la música venida de Cuba, logrando colocar un tema entre los más populares en esa región: Mi cuerpo no está hecho de metal.

Si en los años cincuenta un periódico mexicano anunciaba que las familias buscaban domésticas que no cantaran Vereda tropical, medio siglo después un fenómeno parecido ocurría a lo largo de 1991 y 1992 con el tema de esta agrupación cubana que, durante ese tiempo, haría de Ciudad México su base de trabajo, compitiendo en popularidad con sus compatriotas del conjunto Son 14.

La única piedra musical que encontraron en el camino Juan Carlos Alfonso y Armando López la puso un grupo de músicos liderados por Germán Velazco y José Luis Cortés al fundar Nueva Generación: la Banda, un proyecto musical de vanguardia que ya había presentado credenciales musicales con la serie de discos titulados Abriendo el ciclo y A través del ciclo, en los que reunieron a los más importantes músicos de su generación y a otros afines para dar un nuevo norte a la música popular bailable cubana y a lo que era conocido como música popular de concierto.

Dan Den se iría apagando musicalmente en la medida en que avanzara la década siguiente con la llegada de nuevos actores. Pero eso será una historia que contaremos más adelante.