De ayer y de hoy; de Santiago Alfonso y sus más de 60 años en la cultura

Thalía Fuentes Puebla
10/9/2019

“De ayer y de hoy”, de cultura, de música y de baile, de talento y corazón, y de mucho más, tuvieron las presentaciones del Grupo de Experimentación de Danza y Espectáculo Santiago Alfonso, que durante el pasado fin de semana acogió el Teatro Mella de esta capital, en celebración por los 80 años de vida del maestro Santiago Alfonso y los 15 años de fundada la compañía que él dirige.

Santiago Alfonso. Director artístico, bailarín, profesor y coreógrafo. Premio Nacional de Danza 2006.
Foto: Internet

 

La muestra de la noche incluyó obras representativas que jerarquizan y distinguen la identidad y el sabor cubano. Fue un homenaje a los 500 años de La Habana, con temas clásicos como “El cuarto de Tula”, “Chan Chan”, “La Habana quiere guarachar”, “Conga Pello el Afrokán”, y otras con coreografías más contemporáneas que aluden al erotismo como “Trío de Jazz”, “Dúo Atracción” y “Barco negrero”.

Invitados especiales de la noche fueron los miembros del Circo Nacional de Cuba, que entre acrobacias y malabares, mostraron cómo se unen estas dos manifestaciones artísticas, el arte circense y el baile, para enamorar a todo el público. Importante fue además, el homenaje al Bárbaro del Ritmo, Benny Moré, con la canción “Oh vida”, coreografía interpretada por jóvenes egresados de la Escuela Nacional de Arte.

El escenario del teatro Mella se engalanó con las coreografías de Santiago Alfonso Fernández, director artístico, bailarín, profesor y coreógrafo de vasta experiencia, Premio Nacional de Danza en el 2006 y director por excelencia del internacionalmente reconocido Show del Carabet Tropicana.

Música y color en el Teatro Mella. Foto: Thalia Fuentes
 

Minutos después de concluir el espectáculo, con aplausos y el entusiasmo del público, Santiago Alfonso conversó en exclusiva para La Jiribilla.

¿Cuál fue la concepción de la gala de esta noche?

La idea que siempre tuvimos fue hacer un recorrido por las distintas épocas de la compañía, con bailarines nuevos, muy jóvenes, recién salidos de las escuelas. Para ellos es una experiencia nueva tomar números que fueron símbolos de la compañía en distintos momentos de sus 15 años. Es un reto fuerte, salir de las escuelas y verse involucrados con la responsabilidad de bailar así.

Ha sido un gustazo y un trabajo muy fuerte. No es un mérito solo mío, sino fruto de un trabajo en equipo, que ha sido mi sistema la vida entera, de los sesenta años de vida artística.

¿Cuál es el mensaje que muestra Santiago Alfonso como bailarín y como director?

Primeramente, Cuba; demostrar lo que aportamos a la danza internacional, lo que aportamos desde nuestra cultura, desde nuestros conceptos, desde nuestra estética, a la estética internacional. Mostrar que ser bailarín cubano es algo serio, no es nada superficial. No se puede asumir la música cubana ni el baile cubano con “meneítos”, hay algo más, hasta menearse hay que saber hacerlo bien. Nuestra manera de movernos es muy elegante, siempre lo fue. No es ni vulgar ni grosera ni agresiva, al contrario, hay algo que sale de adentro con mucha insinuación. Esta es una cultura de cosas insinuadas, de cosas que se tiran pero con una distancia.

Así me lo enseñaron a mí, así lo aprendí de mis padres, de mi entorno social, y por eso siempre he tratado de proyectarlo, y así defender nuestra cultura.

A partir de Ramiro Guerra yo empecé a cambiar, a cambiar mis conceptos y mi visión de la vida, y a buscar en lo negro, en lo árabe, en todas esas cosas que forman el ajiaco de Fernando Ortiz y crear un lenguaje mío, una manera de moverse, cubana y mía.