Desplazamiento al margen: fenomenología del dolor y discurso de resistencia en la lírica de Caridad Atencio

Yanetsy Pino Reina
19/3/2019

“Creían que yo era surrealista, pero no lo era.
Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad”

Frida Khalo

 

Los estudios actuales sobre cognición, percepción y emociones, sin dudas, han sido influenciados por serias y profundas indagaciones filosóficas en torno a cuestiones relacionadas con la fenomenología (1) de la corporeidad. Esta última examina la naturaleza de la existencia corpórea y sus múltiples relaciones con la realidad y las subjetividades implicadas; y tiene vínculos estrechos con los enfoques sicologistas acerca del dolor, como caso paradigmático y expresión multilateral del sujeto en el cuerpo.

Cubierta del libro: Desplazamiento al margen. Foto: UNEAC
 

La poesía constituye un discurso en el cual catarsis y emotividad originan la aparición de caminos y leyes intersubjetivos de la experiencia del dolor. Lo fenomenológico se implica no solo en el lenguaje, sino en los posicionamientos (visual, auditivo, imaginal, etc.) del sujeto lírico. Dicho sujeto puede o no advertirnos su marca de género. Lo cierto es que desde su condición consigue definiciones, declara (u oculta), afirma (o niega) acciones, expresiones, conductas o fragmentos de su identidad (2), signada por significativos y profundos corrimientos intersticiales o proyecciones del ser en relación con el dolor.

El libro Desplazamiento al margen (ed. Extramuros, La Habana, 2018), de la cubana Caridad Atencio, acusa tales consideraciones. Con un eficaz diseño de cubierta y una prolija ilustración de Cirenaica Moreira, este cuaderno muestra 59 textos (58 en prosa y uno final en verso que cierra con excelencia los universos explorados en el libro) y un preámbulo que insiste en el deseo mayoritario de indagar —o desandar el camino contrario—. Se trata de un margen iniciático donde el sujeto lírico —mayormente presentado como femenino pero simulado con múltiples experiencias fenomenológicas que bien pueden corresponderse con identidades queer— exhibe lo que ha sido dable presentar, lo posible, lo vívido, aun cuando se vaya palpando desde lo imposible o irreal.

Estos textos, desde los planos más recónditos hasta las huellas más visibles, nos muestran márgenes, experiencias, identidades bordadas y entretejidas con el dolor, cuerpos supliciados que intersubjetivan la maternidad; rutinas, escapes, uniones y distanciamientos con el Otro a través de la muerte;  fragmentaciones vivenciales; mutilación del cuerpo-conciencia mediante las visiones oblicuas del sujeto sufriente. Todo con la intención de acusar un poder interno, oculto: “Si mis heridas son de la misma fuente que mi poder” (p. 35); a la vez develado en la cadena sufrimiento/mutilación/expiación/alivio:

“El precio de ser cruel. ¿Por qué tu cuerpo sufre, se queda ahí estático, sin destrucción abrupta? Soportar el peso de su mundo, virarlo de cabeza. Si todos los caminos conducen al silencio. El collar estrenaba las grietas de mi carne. Cómo gozaba el párpado en el hielo pudriéndose. Me queda la cabeza como un sol. Los fragmentos se unen en mí con su propia música. ¿Florecerá la boca como una herida? El dolor reinstaura el poder de la forma. Conservar una forma que se crea” (p. 42).

El cuerpo aparece construido, afirmado y negado, cual objeto constituido por la conciencia; pero también como fondo existencial de la conciencia, condición de posibilidad existencial y cognoscitiva del mundo. Cuerpo y realidad, entonces, se traducen como fragmentos de una misma carnalidad o experiencia concreta de ser, continuamente transformada, capaz de adquirir una substancia permanente con los fluidos subjetivos en continuo escape:

“Germino como una semilla a un son desmesurado y en mi interior no hay nada, solo la tierra y los tallos gruesos de mi infinita floración. Tendida sobre el peso mínimo de una almohada enseño mis raíces que salen sin temor de cada rama inundándolo todo con su color de sangre sobre un suelo agrietado”. (p. 44)

Corporalidad, realidad e intersubjetividad se van implicando, de esta forma, en un discurso de resistencia ante el orden y la perfección que reinan en las lógicas de todo sistema. Un discurso que va deconstruyendo circunstancias opresoras; hace emerger la autoridad (el deber ser); y a la vez propicia actos liberadores:

“Del cielo cuelgan mis amados trajes por un hilo encarnado: de niña y de muchacha. Se puede desterrar al corazón y construir con ellos una triada deforme. Les he prestado mis brazos que me anudan. Con un pie navegar, pisar mi propia sangre con el otro”. (p. 47)

El principal aporte de este poemario al discurso plural y heterogéneo de la lírica cubana con autoría femenina, es la captación del dolor como pathos y como logos, desdibujando los límites —reales y de la representación— entre cuerpo, Yo y realidad. Se trata de motivar un recorrido discursivo, mediante el empleo de la primera persona, por  diversas experiencias del dolor, la mutilación, la transformación carnal en disímiles substancias que permiten resistir la condición vital, oprimida y encadenada por lógicas de poder, exclusión y sumisión. De esa forma no solo se superan las experiencias del Yo a través de la multisensorialidad del dolor, sino también se implica al Otro en sus ambiguas y sufrientes esclavitudes, para llevarlo, resistencia mediante, a sus consecuentes libertades.

Caridad Atencio. Foto: Periódico Trabajadores
 

Celebremos, entonces,  la llegada de este libro-mirada a la historia humana; un libro-manifiesto de cómo el ciclo opresión-castigo-reclusión-sujeción-liberación-renacimiento señala lo que hemos sido, somos y seremos en el polifónico (des)concierto de la existencia.

Crezcamos con tales aprendizajes. Será, sin dudas, una fiesta innombrable: más allá del nacimiento, de la muerte, del ser y de su huella inmarcesible en cada circunstancia.

Notas al pie
(1) La fenomenología es un término utilizado desde el siglo XVIII en distintas situaciones. Para Jean-Henri Lambert es la teoría de la apariencia como fundamento de todo saber empírico. El filósofo alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel la concibe como la descripción de los fenómenos o figuras por los que pasa la conciencia hasta llegar al saber absoluto. Pero a partir de otro alemán, Edmund Gustav Albrecht Husserl, la fenomenología se convierte en una de las corrientes filosóficas más importantes del siglo XX. Para este filósofo era necesario ir a las cosas mismas (de ahí el nombre fenomenología) tal como se representan o reflejan en la conciencia. En la actualidad, la fenomenología no da explicaciones acerca de los fenómenos y sus causas, sino que brinda descripciones con pretensión de fundar su certeza en leyes intersubjetivas. Se ocupa de las leyes intersubjetivas de la experiencia dolorosa (logra una objetividad fundada en la intersubjetividad); Porque al no identificar estados emocionales ni juicios objetivos acerca de tales experien­cias, encuentra lo invariante de la experiencia subjetiva misma, en primera persona, aquello que el dolor es en cuanto núcleo de sen­tido de todas sus posibles experiencias. (Díaz Romero, 2015, p. 98).
(2) Esta ambigüedad de la existencia corporal es la que Maurice Mer­leau-Ponty describe en Fenomenología de la percepción, retomando la distinción husserliana entre Leib (cuerpo vivido) y Körper (cuerpo objetivo), para desarrollar una fenomenología del cuerpo vivido.