Esta es la casa de Caturla

Mairyn Arteaga Díaz
17/12/2019

El Museo Casa Natal Alejandro García Caturla inaugurará próximamente una exposición con fotos inéditas del músico remediano.

Alejandrito, como lo conocían en Remedios, forma parte de la historia más sentida de la villa.
Fotos: Arelys María Echevarría Rodríguez

 

Las imágenes fueron donadas por Reina Bárbara Hernández Viva, nieta de la nana de Caturla, y  quien hoy nos guía por las salas del museo es Ibeth Torres Hernández, hija de Reina Bárbara, nieta de Bárbara Oristela González y bisnieta de Bárbara Sánchez, la nodriza negra de Alejandrito, como lo conocían en Remedios.

“El vínculo con esta vivienda nos viene desde siempre”, dice Ibeth. “Mi mamá cuenta que de pequeña corría por estos pasillos; incluso mi hogar aquí, en esta propia localidad villaclareña, es un regalo que hizo Laudelina, la abuela de Caturla, a mi abuela cuando se casó. Las escrituras originales de esa donación se guardan y en esa vivienda, las viejas (se refiere a Oristela y Bárbara Sánchez) permanecieron en ella casi hasta su muerte.

Ibeth Torres Hernández, especialista del Museo Casa Natal Alejandro García Caturla.
 

Hace poco más de tres meses que Ibeth figura como programadora en el Museo Casa Natal, por esas casualidades de la vida que mantienen atada a esta familia remediana a la historia del inmueble, donde viniera al mundo el artista cubano; a quien Alejo Carpentier definiera como el temperamento musical más rico y generoso de la Isla.

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Era siete de marzo de 1906 cuando nacía, en esta morada del centro de Remedios, Alejandro García Caturla, hijo de Silvino y Diana, quien llegaría a ser, junto a Amadeo Roldán, uno de los pioneros de la moderna melodía sinfónica en Cuba.

De la mano de su nana negra conoció primero los encantos de la música africana, también al compás de tambores que hoy permanecen en la casa. Más tarde llegarían las sonoridades clásicas. Dicen que muy pequeño, todavía sin alcanzar al piano, tocaba de oído las canciones que escuchaba sentado en las piernas de Bárbara; y que ya de joven no se perdía las fiestas rituales afrocubanas en la Villa de San Juan de los Remedios, lo que agrandó su panorama musical.

En 1923 comienza la carrera de Derecho Civil en la Universidad de La Habana y desde ahí no abandonaría ninguna de sus dos pasiones: la lucha por acercar la justicia hasta los menos favorecidos y la música, en esa condición de jurista-artista que lo acompañó hasta el final de sus días.

Un año después funda, con algunos de sus compañeros de clase, una agrupación con formato de jazz-band nombrada Caribe; por esa misma fecha ingresaba en la Orquesta Sinfónica Nacional. En Caibarién dejó el legado de la Banda de Conciertos Municipal y así anuncia sus extraordinarias capacidades para desempeñar cualquier tarea: profundiza conocimientos musicales, escribe crítica, canta en ocasiones y comparte con los intelectuales del Grupo Minorista.

Sus obras se insertaron en el ámbito sonoro de España, Francia, Alemania, Norteamérica y otras naciones; entre ellas sobresalen Son en fa, Bembé, Danza del tambor y Comparsa.

Consecuente con sus pensamientos desafió prejuicios raciales y se casó con una mujer negra, Manuela Rodríguez, a quien amó profundamente hasta el último instante.

El 12 de noviembre de 1940 Caturla caminaba rumbo a la farmacia local receta en mano. Ese mismo día había defendido en juicio un caso de abuso contra una mujer y el matón acusado le llevó la vida de un disparo. Ahora, en el museo se conservan el traje, la receta y un pedazo del marco donde se incrustó una de las balas, como testimonio de aquella fatídica jornada.

En Londres, la BBC dedicaba entonces un minuto de silencio a su memoria.

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En el Museo Casa Natal Alejandro García Caturla, se encuentran expuestas al público las partituras del maestro.
 

El inmueble se construyó en 1875, como propiedad privada que tuvo por último morador a Silvino García, el padre de Caturla. Luego del 12 de noviembre de 1940, Silvino se dedicó a recopilar cada documento, objeto, partitura que perteneciera a su hijo, además de las esquelas mortuorias que salían en los periódicos y cada mensaje de condolencia que le fuera enviado. La abuela de Ibeth, Bárbara Oristela, desempeñó también un rol fundamental en la conservación de los documentos y pertenencias de Alejandrito, el músico de Remedios.

Pertenencias de Alejandro García Caturla y su familia, se conservan en la casa-museo.
 

Con la muerte de Silvino la casa pasó de propiedad privada a propiedad patrimonial y para 1975, cien años después de edificada, la morada abrió sus puertas como museo, exactamente un 31 de mayo.

Quedaba coronada así la idea de María Antonieta Enríquez, quien insistió para darle tal fin a la vivienda de Alejandro García Caturla.

Silvino García, el padre de Caturla se dedico a recopilar  documentos, objetos, que pertenecieran a su hijo.
 

Hacia el 2014 el grado de deterioro de la edificación era palpable y se decidió cerrarla para acometer una reparación exhaustiva. Los trabajadores del museo fueron entonces quienes se encargaron de conservar cada pieza que hoy, un lustro después, vuelve a ser exhibida para beneplácito del público remediano y mundial.

Restauradores de la octava villa cubana tuvieron a su cargo las labores de reconstrucción. Esos trabajos cuidaron de mantener la estética original, se restauraron columnas y se mantuvieron los pisos, fundamentalmente el de la sala de recibo que es el primero con que contó la vivienda. Se pintaron fachadas e interiores, se renovó la jardinería y se llevó a cabo una labor de mantenimiento en lámparas y cristalería que hacen que ahora se muestre un espacio totalmente renovado.

El 20 de octubre de este 2019, dice Ibeth, se reinauguró con la presencia de más de 800 personas, tras cinco años de anhelos de los lugareños por ver resucitar una institución insignia de la cultura en la urbe.

Ahora nueve salas, dos de ellas transitorias, enseñan al visitante objetos pertenecientes a la familia García Caturla y otros relacionados con el panorama musical en la central región: está el vaso de Alejandrito, su cuna, su viola y su piano; el periódico donde primero apareció la noticia de su muerte, libros que atestiguan  la fundación de la Banda de Conciertos de Caibarién; y hay una sala dedicada a Agustín Jiménez Crespo, primer director de la Banda Municipal de Remedios.

La casa-museo de la familia Caturla mantiene su estética original para el beneplácito del público.
 

La casa-museo en la que trabaja Ibeth, por la que corrieron su madre, abuela y donde su bisabuela inició a Alejandro en los caminos de la música, abre todos los días desde las ocho y media de la mañana. Ibeth sabe que el local ha ganado y ha rescatado el público que tenía, pero aún queda bastante por hacer.

Cualquiera que visite la institución recibirá de entrada una frase certera: esta, es la casa de Caturla.

(ACN)