Estudios Areito: ¡Silencio!… grabando

Thalía Fuentes Puebla
19/11/2019

Por los Estudios Areito de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem) han pasado artistas y agrupaciones de la talla de Dámaso Pérez Prado, el Conjunto Matamoros, Barbarito Diez, Adolfo Guzmán, Omara Portuondo, Moraima Secada, Rosita Fornés, Los Van Van, Beatriz Márquez, Irakere, Silvio Rodríguez, Buena Fe, La Revé, entre muchos otros.

Estudios Areito de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem). Fotos: Ariel Cecilio Lemus
 

Buena parte de la memoria musical de Cuba está resguardada en su archivo fonográfico. Allí se guardan decenas de miles de pistas de audio con las que se podría reconstruir la identidad sonora de la Mayor de las Antillas, tanto por lo que nace de ella, como mediante las influyentes personalidades internacionales que, antes y después del triunfo de la Revolución, grabaron en los estudios.

Después de un proceso de restauración, que acometió la Egrem y el Ministerio de Cultura de Cuba, con la colaboración de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), el Estudio 102 de Areito abrió nuevamente sus puertas, para seguir siendo el lugar en donde todos los músicos quieren grabar. No es solo fama lo de Areito, dicen que en esas paredes el sonido se escucha como en ningún otro estudio, complementado con el capacitado capital humano que allí labora. 

El resultado final fue gracias a la donación de una consola de tecnología muy moderna, SSL, de última generación, con todos sus componentes, que garantiza la máxima calidad en la grabación. Además, complementos como el cambio del piso y del techo mantienen la acústica que inicialmente tenía el local. “Hoy es el equipo más moderno que tenemos en el país, y posiblemente el más moderno en muchos países de América Latina”, aseguró Juan Quintela, director de Areito. 

Y agregó: “Arrancar el estudio era un sueño que parecía inalcanzable, la tecnología es muy costosa, logramos obtenerla a través de una donación de la ONUDI, que trabajó conjuntamente con el Ministerio de Cultura, y el sueño se ha hecho realidad.

“Ahora contamos con la tecnología de punta que va a servir para revitalizar un estudio que se ha caracterizado por grabar a orquestas de primer nivel. Además de ofrecer una mejor calidad del servicio a grabaciones propias, también va a mejorar la calidad del servicio que damos a terceros, siendo de la preferencia de muchos artistas que tenemos en el país, tanto jóvenes, como orquestas reconocidas como Van Van y Revé”.

El directivo señaló que en estas nuevas instalaciones también se les dará oportunidades a los jóvenes, para así “seguir enriqueciendo nuestro patrimonio intangible nacional, que es custodiado en este mismo centro”.

Sobre el salón en sí, Quintela dijo: “Fue remodelado con recursos propios, principalmente el alfombrado, que estaba en muy mal estado, el entablillado de la escalera y algunas cuestiones acústicas del estudio, que es lo que hace que se escuche tan bien”.

 

Un poco de historia

En 1944 se fundó el estudio Panart 4 (Arte Panamericano), primer estudio de propiedad privada cubana donde se fabricaron los discos de artistas y agrupaciones como Miguelito Valdés, la Orquesta América, el Conjunto Casino, Barbarito Diez…

Después del triunfo de la Revolución, específicamente en 1960, se empezó un proceso de nacionalización de todas las empresas en Cuba y, entre los años 1962-1964, surgió la Imprenta Nacional, bajo la marca INC (Imprenta Nacional de Cuba), dándole paso así a la creación de la Editora Nacional de Música y la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales, que a la postre sería conocida por el acrónimo Egrem.

La empresa fue fundada el 31 de marzo de 1964, utilizando como primera sede e infraestructura la del estudio Panart, en la calle San Miguel 410, entre Campanario y Lealtad, de la capital cubana, hoy Estudios Areito. 

Por allí pasaron Barbarito Diez, Merceditas Valdés, Celia Cruz, la Sonora Matancera con Daniel Santos, el célebre Nat King Cole. Asimismo, otros muchos artistas extranjeros de gran renombre internacional vinieron hasta Cuba para grabar, como el venezolano Alfredo Sadel, Josephine Baker, el maestro Vicente Garrido, de México, Harry Belafonte, Los Cinco Latinos, Miriam Makeba, Fito Páez.

Otros, entonces jóvenes, se hicieron grandes referentes de la música cubana desde aquellos salones: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Irakere, Los Van Van, entre otros, que reúnen cerca de 70 000 canciones. Y desde que se empezó a grabar en los años 90 en formato de CD se cuenta con unos 1 036 volúmenes.

Precisamente para la preservación de todo este tesoro, la EGREM ha diseñado novedosos proyectos que buscan mostrar la historia de la discografía en Cuba, en el inmueble que marcó su comienzo, mediante una relación interactiva con el público, que mantenga la dinámica entre tradición, nuevas producciones, mercado y tecnologías futuras.

 

Los estudios

El corazón de Areito es el Estudio 101, la gran sala de arriba que, con 175 metros cuadrados, puede acomodar grandes conjuntos. Curiosamente, tiene una reverberación comparativamente corta para su tamaño, y también suena bastante especial. La sala suena menos exuberante, rica y cálida de lo que cabría esperar de un espacio de este tamaño, pero este entorno acústico parece ser particularmente adecuado para la música de percusión, y su carácter distintivo, posiblemente, ha jugado un papel fundamental en la configuración del sonido de la música cubana a lo largo de las décadas.

La mayor parte de la superficie de la pared está cubierta con paneles de madera que actúan como difusores y absorbentes, y Estudio 101 también cuenta con tres cabinas de aislamiento opuestas al lado de la sala de control.

En la planta baja, debajo de la gran sala, Areito ofrece una segunda sala, Estudio 102. Con 77 metros cuadrados, su sala en vivo aún es bastante grande, pero sus propiedades acústicas fueron concebidas con objetivos completamente diferentes en mente. Casi todas las superficies, incluidas las paredes enteras y el techo, están cubiertas con paneles absorbentes, y también hay alfombra en el piso, lo que produce una atmósfera bastante seca y controlada acústicamente.

En combinación con el espacio de piso más pequeño, esta configuración es ideal para conjuntos más íntimos, para grabación de voz, o, simplemente, cualquier fuente de sonido que no requiera el carácter vibrante y brillante de Estudio 101.