Haydée Milanés: melodías para el corazón


19/8/2019

Lluvia, más lluvia, 23 y N, Haydée Milanés. Melodías para el corazón. Ese pudo llamarse quizás el resumen de la tarde noche para los osados que, en medio del mar de gotas que ahogaba al Vedado, se llegaron al Pabellón Cuba a escucharla, a observarla, a alimentar el corazón con sus canciones, las de Pablo y las de otros entrañables artistas.

Cantante, arreglista y productora Haydée Milanés. Fotos: Internet
 

La velada fue también un homenaje a su padre, un tributo a ella misma y a su público, que la aplaudió y la aplaudió sin parar, tras cada canción, tras cada pausa, tras cada acierto, tras cada suspiro. Pero la tarde noche devino más que ese resumen: fue magistral.

A los asistentes regaló su habitual repertorio de emblemáticas canciones y temas de su más reciente disco Amor, edición de luz; ofreció además las letras de Descemer Bueno, Marta Valdés, Kelvis Ochoa y otros.

Así, el desborde creativo de la artista, arreglista y productora se dejó ver en la presentación, soberbia pero siempre cercana al público, su público, que la tarareaba a más no poder, que le lanzaba laureles y cumplidos de amor. “¡Te amamos, Haydée!”, resonaba entre las melodías, entre pausa y pausa, entre clamor y clamor. “Yo también los amo”, devolvía con el mismo cariño Haydée, porque “caballero, ustedes son el mejor público del mundo”.

Una amplia carrera como cantante atesora quien como vocalista inició su carrera artística en el cuarteto del pianista y compositor Ernán López-Nussa.

Mucho de la música popular, del bolero, el son y el filin se sentía en esos títulos que entregó, que atesoran la interpretación de una experiencia colectiva, cronican un poco la medida del tiempo transcurrido, y son eterno y merecido homenaje a su padre.

Sobre la influencia de este en sus creaciones Haydée Milanés ha dicho: “Mi padre es para mí la música misma, he aprendido muchísimo de él, desde pequeña escucho sus canciones, las canto y las admiro. Él es mi orgullo y mi compromiso de ser cada día mejor”. El concierto simbolizó un espejo de ello.

Haydée acumula en su reconocida trayectoria, por mérito propio, la grabación durante sus comienzos del disco From Havana to, acompañada de Tata Güines, entre otros músicos; asimismo se destaca en discos junto a Manuel Argudín y Polito Ibáñez, y ha compartido el escenario con Roberto Carcassés y su proyecto Interactivo, entre otros.

En esta ocasión lo hizo con otro grande, Enrique Plá, maestro de la batería cubana. Y lo demostró sobre el escenario, y también fue aplaudido, muchísimo.

Trabajó con el grupo de música folklórica Yoruba Andabo y muy importante fue su colaboración con Descemer Bueno, de quien interpreta una buena parte de sus canciones.

Haydée junto a su padre revive todo un movimiento y lo evoca, a él, a ese cantautor fundador del movimiento de la Nueva Trova, a ese creador e intérprete que ha explotado casi todos los géneros de la música popular cubana y la de casi todos los otros países de América Latina. “Yolanda” y “Para vivir”, temas tan conocidos internacionalmente de Pablo Milanés, no podían faltar en el Pabellón.

En la claridad de sus líneas melódicas, de los giros inesperados, la originalidad de sus
progresiones armónicas y el perfecto acorde, hay mucho de su padre.
 

En su lenguaje musical, Haydée canta y comunica. Hace rememorar recuerdos, experiencias, viejos y nuevos amores. En su línea melódica hay un sello personal; su verso narra, dialoga, desliza la ironía, obliga a reflexionar; repasa inevitablemente al de su papá, aplastante en la utilización de la armonía.

En la claridad de los giros inesperados, la originalidad de sus progresiones armónicas y el perfecto acorde, hay mucho de su padre. Pero ella, muy particular y espontánea, produce en el oyente la sensación de una tonalidad de constante fluir de los estribillos e inspiraciones.

Él, legítimo poeta, Pablo Milanés, representa un cantautor casi inevitable, que se ha movido con maestría en el “modo” de su arte.

Ambos hacen textos embebidos en poesía, poemas para ser cantados, oídos. Convierten al poema en una entidad para ser cantada, lo que implica unirlo raigalmente a la más popular de las artes cubanas, donde está, ya para siempre, la poesía de Pablo Milanés. Con esa simbiosis entre sentimiento y recursos vocales, se vuelve protagonista de su época, traducida por el cantor a una convicción existencial: lo humano no va a morir. Hay oficio, obra artística, melodías para el corazón y trabajo espiritual. Ahondar, tocar, cantar.

“Creo que cuando un artista sale del escenario, después de ese aplauso, es que debe cuestionarse si lo hizo bien, si está haciendo un hecho de verdad artístico, si lo que está haciendo es facilismo”, expresó una vez Pablo.

Aplausos y más aplausos, y más aplausos para Haydée, desde el Pabellón.