La gracia natural de José Ramón Brene

Mabiel Hidalgo Martínez
7/9/2020

La renovación del ambiente literario y cultural de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí luego de 1959, se debió en gran medida a la atinada dirección de la doctora María Teresa Freyre de Andrade y a su voluntad de aunar allí a intelectuales de prestigio como Cintio Vitier, Fina García Marruz, Cleva Solís, Eliseo Diego —miembros del Grupo Orígenes— y a otros consagrados de la historia, las artes y la literatura entre los que sobresalen Juan Pérez de la Riva, Renée Méndez Capote, Salvador Bueno y Argeliers León, quienes integraron el colectivo de trabajadores de la institución en los primeros años de la década del sesenta. A ello se suma una intensa agenda de conferencias, exposiciones, conciertos, visitas de extranjeros distinguidos y cursos especializados que colocaron a la mayor casa bibliográfica cubana en un lugar prominente dentro del contexto de transformaciones sociales que impulsaba la Revolución.

José Ramón Brene en conferencia en la Biblioteca Nacional el 16 noviembre de 1962.
Fotos: Fondos de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí
 

La Sala Teatro de la Biblioteca Nacional se convirtió en el principal espacio de las actividades. Reconocidos profesionales y jóvenes promesas ocuparon su tribuna. Desde otras geografías llegaron Pablo Neruda, Ezequiel Martínez Estrada, Roger Garaudy, Manuel Galich, María Luisa Ocampo; y por la parte nacional: Jorge Mañach, Elías Entralgo, Juan Marinello, Camila Henríquez Ureña, Alfredo Guevara, Manuel Moreno Fraginals, Fernando Portuondo, Alejo Carpentier, Vicentina Antuña, Roberto Fernández Retamar, Graziella Pogolotti, Jaime Sarusky, Samuel Feijóo y José Ramón Brene, por solo mencionar algunos.

En torno a cada charla o conferencia anunciada se creaba enorme expectación y entre los concurrentes podían distinguirse los rostros de importantes figuras del quehacer cultural de la nación entremezclados con los de una nueva generación de cubanos jóvenes y no tanto, para quienes el acercamiento a un encuentro de significación cultural resultaba un descubrimiento enriquecedor del espíritu y una experiencia para contar.

La presente evocación rinde tributo al joven dramaturgo José Ramón Brene desde su paso por la Biblioteca Nacional, a inicios de su carrera. Dentro de su prolífica producción para las tablas, Santa Camila de La Habana Vieja es la creación que rescata lo mejor de la línea vernácula y coloca a su autor en un lugar privilegiado de la escena teatral de la Isla. Actrices de la talla de Verónica Lynn, Daysi Granados, Susana Pérez y Luisa María Jiménez han encarnado el papel de Camila tanto en el teatro como en adaptaciones para la televisión.

En 1962, justo el año en que estrenó con éxito su Santa Camila de La Habana Vieja, José Ramón Brene ofreció una charla en la Sala Teatro de la Biblioteca Nacional con el título: “Personajes y ambientes de sus obras”. Sucedió el 16 de noviembre de 1962, día de San Cristóbal de La Habana, y qué mejor homenaje podía ofrecer a la ciudad que le abrió las puertas al talento del joven cardenense que poco antes se había formado en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional y nutrió su intelecto con estancias y viajes por Norteamérica.

El desenfado de Brene ante el auditorio puede apreciarse al paso de casi sesenta años gracias al testimonio fotográfico de ese encuentro que se conserva en los fondos de la Biblioteca Nacional. Durante la jornada no ocupó la tribuna ni la mesa de conferencias, prefirió sentarse al borde del estrado, para estar más cerca de su público —cual set de teatro— y así, contarles sus peripecias y ocurrencias a la hora de escribir una obra e idear personajes y ambientes.

José Ramón Brene en conferencia en la Biblioteca Nacional.
 

La década de los sesenta sería muy fructífera para Brene, entre una treintena de títulos destacan: Pasado a la criolla (1962), La viuda triste (1963), La fiebre negra (1964), Romeo y su prieta (1964), El gallo de San Isidro (1964), Chismes de carnaval (1966), Un gallo para la Ikú (1966), El corsario y la abadesa (1967). Más tarde vendrían Fray Sabino (premio en el concurso Uneac 1970), Los demonios de Remedios y El ingenioso criollo don Matías Pérez (1978), entre otras.

En todas sus creaciones mezcló lo popular con las esencias culturales del cubano. En opinión del crítico e investigador de teatro Rine Leal, “Brene sitúa su escena después de 1959, con una segura mano para el trazado de los personajes, y sus numerosas representaciones y versiones demuestran que es él un punto insoslayable de la creación del teatro revolucionario”.[1]

El dramaturgo y crítico de teatro Amado del Pino, quien fuera su discípulo, consideró a Brene como uno de los mejores dramaturgos cubanos de las últimas décadas. Sobre su maestro comentó:

Brene fue un personaje casi tan pintoresco como Matías Pérez. Buena parte de su juventud la gastó como marinero y a los 34 años —entusiasmado por la vida cultural de los primeros 60 en Cuba— se baja del barco y se enrola en el Seminario de Dramaturgia del Teatro Nacional. (…) Cuando su poco amor a los objetos lo dejó hasta sin máquina de escribir, creaba con unas teclas prestadas, en el taller de reparaciones de un amigo. Le daba gracia que un acto de su obra en proceso se escribiera en una máquina y otra en la siguiente —recién engrasada— de la mano de su compinche.[2]

La muerte le sorprendió el 27 de septiembre de 1990, a los 63 años, con un cúmulo de ideas sin llevar a escena y la avidez de un público que esperaba más de su creador. Al talento e ingenio de Brene le rinde tributo cada edición del Premio de las Artes Escénicas que lleva su nombre y que convoca la Uneac de Matanzas, su provincia natal, desde el año 2009. A tres décadas de la partida física de este autor, su producción teatral sigue siendo un referente dentro del teatro cubano y su Santa Camila, una obra de cimientos tan firmes como los de esta Habana que ya tiene cinco siglos.

Notas:
[1]Rine Leal. Breve historia del teatro cubano. La Habana: Editorial Félix Varela, 2004. p. 97.
[2]Amado del Pino. “Como Matías Pérez”. La Jiribilla, Año Vl, 2007.