Venezuela, 2011

Un par de horas en avión la colocaron lejos de casa. Cambió la tranquilidad de su natal Sancti Spíritus por las complejidades de vivir en un Estado como el de Miranda. La formación de instructora de arte llevó a Lillitsy Hernández Oliva, con poco más de 20 años, a integrar la misión Corazón Adentro. En ningún sentido Venezuela se parecía a Cuba, y ello suponía el principio de las adversidades.

Lillitsy viajó a Venezuela como parte de la misión Corazón Adentro al frente de un contingente de 50 instructores de arte.

Su misión de maestra en territorio bolivariano comenzó en una escuela de la alcaldía opositora, en el Estado donde siempre se postulaba Enrique Capriles. La revolución bolivariana no tenía más representación allí que la de los cubanos, por vía de la cultura.

En medio de las tensas situaciones sociales, donde los tiroteos entre las bandas callejeras eran habituales, la vida de los niños venezolanos transcurría en escenarios de mucha violencia. Un grupo de cuarto grado, con severas afectaciones en la comunicación, resultaron los aprendices de la joven. Horas y días le dedicó la instructora a las dramatizaciones de las leyendas locales.

En la presentación de esas clases fue evidente el adelanto de los alumnos respecto al habla. La directora de la escuela, opositora por naturaleza, no tuvo otra alternativa que reconocer el trabajo de los cubanos: “¿Cómo es posible que esos niños hablen así?”. 

Esta no sería la única vez en la que Lillitsy lograría, desde el arte, transformar ciertas realidades.

Todo comenzó en un pueblito llamado Cabaiguán

Lillitsy Hernández Oliva se graduó en el año 2005 como instructora de arte de teatro y se incorporó a la escuela primaria rural Pepito Tey, en la comunidad Punta Diamante, del municipio de Cabaiguán. Un año después se colocó al frente de la brigada de instructores del municipio y alternó la labor de dirección con la de magisterio.

Hicimos muchas actividades en el círculo social, en las cuales se convocaba a toda la localidad. En varias ocasiones llevamos a los niños a festivales, pues no tenían otros ejemplos cercanos, y visitamos el teatro La Caridad, en Santa Clara, para que tuvieran el referente de un gran coliseo.

En 2010 vine para La Habana como vicepresidenta nacional de la Brigada de Instructores de Arte José Martí y comencé a trabajar en la escuela Ángela Landa, en el centro histórico de la ciudad.

Evento regional Por la Ruta de Olga Alonso, en Gavilanes, comunidad del Escambray espirituano. Fotos: Cortesía de la entrevistada

La inquietud de Lillitsy por la comunidad siempre estuvo latente. Por ello el proyecto La Marioneta Azul fue su vía para atrapar a los capitalinos y canalizar algunos de sus sueños. Algún tiempo después viajó a Venezuela como parte de la misión Corazón Adentro, al frente de un contingente de 50 instructores de arte, para fortalecer las estructuras de las brigadas y apoyar la tarea en diversos municipios bolivarianos.

En uno de los Estados me interesé por un grupo de cuarto grado que tenía muchos problemas en el habla. En las escuelas cubanas nosotros tenemos logopedas; ahí eso no existe, es una responsabilidad de la familia. Yo entendí que el teatro, la lectura y la dramatización podían ayudar a superar ese trastorno. Dos años y unos meses permanecí en Venezuela, y éramos una familia que incluso hoy conservo y con la que mantengo un vínculo estrecho.

A su regreso a Cuba, Lillitsy asumió en Sancti Spíritus, entre otras tareas, la subdirección provincial de Enseñanza Artística.

Logramos llevar la formación general a la escuela. Mis estudiantes recibían música en el instituto, pero debían trasladarse a otras sedes de primaria y secundaria para la docencia. Se hicieron un conjunto de acciones con Educación y las autoridades de la localidad, y se logró llevar a cabo toda la preparación en un mismo centro.

Además, nos ocupamos de la formación danzaria en el territorio, pues se estudiaba en otros lugares alejados de la provincia espirituana. Se aprobó una formación de nivel elemental y se implementó en Sancti Spíritus.

Consejo Nacional celebrado por la Brigada de Instructores de Arte José Martí.

Como parte de una cantera de reserva del Ministerio de Cultura, asume el reto de venir a La Habana como vicepresidenta del Consejo Nacional de Artes Escénicas (CNAE).

He tratado de acercarme a los artistas para aprender de ellos y de sus momentos de creación. Siento que estoy en un constante aprendizaje, y eso me ha permitido conducir en colectividad, tratando de que las decisiones sean colegiadas y asesoradas por los especialistas que sí conocen más de esos procesos. Hace unos meses soy la presidenta del CNAE, que constituye un reto mayor. No es lo mismo estar en un segundo plano de dirección, que ser la responsable, aunque me siento acompañada.

Cara a cara con las artes escénicas cubanas

Las artes escénicas constituyen un mundo muy complejo que abarca varias manifestaciones artísticas, parecidas y desiguales al mismo tiempo.

¿Dialogan las artes escénicas con la realidad cubana?

El arte está obligado a dialogar con la realidad y el medio que lo rodea, ya sea con parte de su pasado, con su presente o su futuro; esa es una de las razones de ser de las manifestaciones artísticas.

En el caso particular del teatro, este busca y bebe de esa realidad para desarrollar cualquier proceso de creación y llevarlo a escena.

¿Qué papel juega el instructor de arte en las aulas y en la comunidad?

Si existe un profesional imprescindible en la educación cubana, ese es el instructor de arte, porque tiene la capacidad de formar valores e incitar a través de las manifestaciones artísticas al conocimiento de la historia y las raíces y al fomento de la cubanía y la identidad.

“El instructor trabaja en función de la transformación de los ciudadanos”.

En esa formación integral y en la perspectiva de hombre nuevo, el instructor de arte juega un papel fundamental. La escuela es una parte de esa sociedad, pero la comunidad es el espacio donde conviven diferentes grupos etarios. El instructor trabaja en función de la transformación de los ciudadanos, para dotarlos de mayores habilidades a la hora de enfrentar el mundo de una forma más completa.

¿Necesitan las artes escénicas de más espacios de difusión?

Claro, siempre tendrán que mirar a diversas formas de comunicación, y ello dependerá también de las diferentes formas del proceso creativo. Cuando hablamos, por ejemplo, de Teatro Escambray, no es funcional una promoción a través de las redes o la televisión; quizás lo más conveniente sea el uso de los medios más tradicionales: poner un cartel en la bodega, ir a las reuniones de los Comités de Defensa de la Revolución, involucrar al promotor cultural. Depende del lugar donde se encuentre la agrupación de artes escénicas y de su contexto, su espacio.

Hoy tenemos implementada una estrategia de comunicación que abarca desde los medios más tradicionales hasta la utilización de tecnologías y otras plataformas de comunicación; pero nunca son suficientes. Quizás hemos abandonado los canales de promoción más tradicionales: hacer lecturas dramatizadas, presentar un avance de lo que sucederá en el teatro, llevar un spot, realizar un conversatorio con estudiantes y trabajadores. Son vías que debemos explotar.

¿Qué papel juega la crítica especializada en la labor del CNAE?

La labor de los críticos es marcar el rumbo de lo que debe suceder o no en la creación. Hemos tratado desde los talleres de la crítica —un espacio por retomar— que los expertos confronten la labor de los territorios y sugieran la forma en que los procesos de creación pueden perfeccionarse.

Debe existir una relación muy directa para que ellos nos nutran. Hay acciones dentro de los festivales, como los encuentros teóricos, en los que se analizan determinadas tendencias, y la crítica nos ayuda.

También contamos con otros escenarios en los que damos participación a la crítica, como los boletines, las revistas digitales o la web Cubaescena, en donde se prepondera la crítica como un ejercicio útil para el trabajo de las artes escénicas y la creación.

Es una relación que debe fortalecerse, porque la mayoría de los críticos están en La Habana y hay provincias que no tienen una gran representación, por lo que es posible que en ese determinado territorio no exista un medidor constante de los procesos que se generan.

¿Cuáles son los retos de las artes escénicas?

Es preciso lograr que lo mejor del arte cubano se continúe preservando y manteniendo, a pesar de tomar los referentes culturales del mundo. De esta forma resulta necesario elevar la calidad de la programación cultural que ofrecemos a la población.

“Las artes escénicas tienen que estar presentes en toda Cuba”.

Además, tenemos que sostener los espacios y jornadas. Por tanto, hay que llevar los mejores referentes a los lugares en donde no todo el mundo puede asistir, porque no tenemos manifestaciones artísticas en todos los municipios.

Las artes escénicas tienen que estar presentes en toda Cuba. Hay eventos netamente comunitarios que son pensados para y desde la localidad, como la Cruzada Teatral Guantánamo–Baracoa; la Guerrilla de Teatreros, en Granma; Teatro de la Montaña, y Teatro Escambray.

Existe una serie de giras nacionales que se organizan desde el CNAE, las cuales deben ser aprovechadas, ya que conectan a las universidades con las comunidades para llevar el arte a públicos vulnerables.

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