Quienes se enfrenten a la muestra personal de Luis Arturo Aguiar Palacios, o simplemente Palacios, como le gusta a él firmar su obra, nunca lleguemos a tener noción certera de cuáles serán sus otras aficiones. Más, lo que constataremos, una vez disfrutada la muestra, es su enorme pasión por un arte, para nada menor, que comienza a ser revisitado en la isla con una expresión creativa poderosa, dúctil y sobre todo poseedora de una cualidad rara en los medios artísticos, la capacidad de hibridación de su lenguaje, abierto siempre a los intercambios con los otros medios expresivos.

Precisamente la novena afición de Palacios —que trabaja en los Estudios de Animación del Icaic como director de artes— lo sitúa en el intersticio creativo que mejor él domina: el de ser un artista medial que despliega los saberes académicos aprehendidos a lo largo de su corta pero fructífera carrera como creador visual. Y precisamente la muestra apunta a proyectas tales saberes hacia el espectador.

Tomando como núcleo referencial el llamado arte secuencial —de ahí el título de la expo, Novena aficción— y partiendo de la historieta como lenguaje base de la propuesta, Palacios nos invita al disfrute de su cargado, hedonista y movido estilo. A través de diversos soportes formales nos permite conformar una visión de su credo creativo múltiple. Ilustraciones, historietas y audiovisuales de diverso carácter formal, discurren en una praxis aglutinadora con sello propio y a la vez llena de incógnitas para el público.
 

Con esta exposición Palacios invita al mundo de la historieta.
 

Las obras —El viaje, IV Armageddon y la segunda parte de Zoe— saltan desde viñetas de línea precisa y formalidad académica, a veces muy cargadas de color, a piezas animadas en estilo comic animation —premonición segura del arte que vendrá—, que apuestan por una transición mediática más congruente con los presupuestos estéticos del creador y las apetencias receptivas de sus públicos.

Se trata de una estética caracterizada por alimentar en cada producto artístico el horror vacui, el cuidado anatómico y, finalmente, el detallismo y la exuberancia por los ambientes. En el campo gráfico y en especial en el de la historieta, pudiera ser Palacios un vivo ejemplo de aquello que el teórico y crítico de arte español José Luis Brea conceptualizó como “neobarroco”. El reciclaje sin fin de las formas en una espiral de ascenso y construcción, de negación y destrucción de sí mismas, en una infinita evolución de autogénesis; resultan altamente funcionales para cumplir los requerimientos morfológicos e ideoestéticos que se ha propuesto el creador, presentes en cada vuelta de su espiral creativa.

Quedamos entonces a la expectativa del asombro, del goce y del conocimiento que nos proporcionará adentrarnos en la novena afición de Palacios. Afición compartida por muchos seguidores, expertos y novatos, que agradeceremos, sin dudas, esta incursión en lo ignoto de nuestra propia fantasía que el joven artista nos propone.