Con ese apetito voraz conque opera la poesía, en la tarde del jueves 7 de septiembre se dejaron escuchar las voces, y las voces líricas, de los poetas Caridad Atencio, Antonio Armenteros, Dolores Labarcena, Ismael González Castañer, Julio Moracén, Rito Ramón Aroche y Julio Mitjans, en un recital ofrecido en la sala Manuel Galich de Casa de las Américas y bautizado como Oralidad y poesía, dedicado al poeta, folklorista y Premio Nacional de Literatura Rogelio Martínez Furé, allí presente. Roberto Fernández Retamar, Nancy Morejón y Georgina Herrera, presidían las varias filas de “masivo y selecto público” asistente, calificado así por Caridad Atencio en su presentación de la lectura, roll que aprovechó además para dar gracias a la institución anfitriona.


El Palenque en Casa. Lectura homenaje a Rogelio Martínez Furé.
Fotos: Racso Morejón
 

Así como es de común el recelo humano, es de inconforme la poesía, carga a la cual se suma el gesto performático de su enunciación y su denodado afán por traslucir y (re)construir con vehemencia el espacio psicológico originario de cada poema y su contexto. Así presupuestan su quehacer estos autores, denominados negros galantes por Julio Mitjans y merecedores ya de espacio propio en el panorama literario nacional. Decir palenque, en Cuba, equivale a decir rebeldía, cimarronaje, sin dejar de aludir a un espacio físico condicionado por otro de construcción social, donde el ser humano atiza su espíritu libertario, especialmente mediante el lenguaje, esa sempiterna manía de nombrar las cosas con las palabras que se tienen a mano o con aquellas que generamos a partir de las que se han consumido y resultan insuficientes. Entonces subvertir se vuelve poética de la tenacidad y el hallazgo. En una palabra: resistencia. Y justamente eso encontró el público de este recital, breve para mi gusto, pero con ese discurso desestructurado a que nos tienen acostumbrados los poetas del mencionado grupo.

“Dicen que somos El Palenque —continuó diciendo Caridad Atencio—, aludiendo a los presupuestos plurales e ideo estéticos de Ismael González Castañer, Rito Ramón Aroche, Antonio Armenteros, Julio Mitjans, y otros. Hay que asumirlo pues, en verdad, quizás sea este uno de los motivos decisivos para existir. Somos negros (algo a lo que no le habíamos dado ni la más mínima importancia), diferentes, bastante exigentes a la hora de asumir el hecho poético, algo rebeldes cuando nos quieren vincular con otras poéticas menos rigurosas, muy concentrados en nuestros propios proyectos escriturales y, por extensión, muy cubanos; como parte de una metáfora que solo dejó volar su nido aquí, en cuanto a presupuestos, anhelos e intenciones. Y sí, parece que debemos asumir este sobrenombre, para nuestro total orgullo”.


Caridad Atencio: “Dicen que somos El Palenque…”
 

Acaso observados de soslayo ayer, impares e indiscutibles escritores hoy, los (auto)reconocidos poetas del Palenque, con su poesía delirante, formal y conceptualmente hablando, sus temáticas mundanas y su interés por hurgar en eso que Caridad Atencio llama “la problematización del lenguaje, el deseo de reflexionar sobre el acto/hecho de la escritura”; ofrecieron una lectura que ayuda a visualizar una zona de la poesía cubana contemporánea que se ha venido imponiendo a fuerza de obra, premios, reconocimiento nacional e internacional y, sobre todo, por su perseverante manera de decir y sus guiños a la poesía de la oralidad y su tradición, todo esto con un vocabulario y una construcción sintáctica que manifiestan esa ansiedad de reescritura que caracteriza a los poetas consecuentes.

Siempre me han parecido, y así he preferido leerlos a toda costa, individuos atentos, implicados en sus respectivas realidades, en no pocas ocasiones marginales y periféricas, urgidos de distanciarse de todo matiz idealizador a la hora de descifrar, leer y traducir(nos) el acontecer que les impele, “la isla que fundamos en aquel solar nos sostiene”, como nos recuerda Armenteros en uno de los poemas allí leídos. De este modo aluden a zonas que algunos reconocen ya parte esencial de nuestra historia más reciente y de paso se adueñan de esa escritura que propone, desde la angustia y el conocimiento de causa, una poesía de la vida real. Ismael González Castañer lo caracterizó alguna vez como “el esfuerzo, sacrificio y coraje que desplegamos para alcanzar humanidad, dignidad o respeto”, algo que confirmaron con creces los aplausos y la presencia nutrida a esta convocatoria de la sala Galich.


Julio Mitjans: “cuida que no te falte ese fuego”
 

Celebro pues la estética de estos poetas y esa “otra manera de decir nuestro nombre”, como comenzara reconociendo González Castañer: “Ser del Palenque es, más que un gesto performático, un convivio que podría certificar nuestra asociación y que estaría en una palabra legada por el tiempo, una palabra que hemos manipulado para nuestra vida y nuestra obra hasta darle aproximadamente este concepto metanga, naturaleza, asuntos, intríngulis y hasta tipo de bebida, de personas de una misma calaña, provenientes de ámbitos culturales resistentes que simbolizan el lenguaje del margen”.

Celebro además esa manipulación de la palabra, su lenguaje al borde del riesgo y la poesía y de una vez les comparto el citado poema de Julio:

Los negros galantes
Julio Mitjans

El tumulto solitario, lo que ves
son los negros galantes
esa puñalada arde y no sabemos dónde.
La vida más breve que ellos
es una garra que los atraviesa:
negros del puerto, lumbres en la noche, negros
en la esquina miran
y lo saben todo.

El gesto infinito de sus músculos
enhebra, acecha el deseo de cada quien,
velan los sueños de su amante, desesperados
como si no encontraran la madre o lago remoto
esa es el arma la impudicia.

En el mercado, en la fe, en autopista
bajo el sol: negros, el jornal les ocupa, dan la espalda
queda un espacio escurridizo.
Árbol perenne, negros
juntos caen de sus ramas sombras y pensamiento
acaso no puedes o no quieres entenderlos
cuida que no te falte ese fuego
aunque sólo sea la encrucijada
no hay más remedio.