Pacho Alonso, noventa en la memoria

Fiorella Franco Duany
10/9/2018

Lo que primero fue solo una mujer pilando café, la que al pegarse la melcocha del café tuviera que dar unos ligeros golpes, para muchos pasaría desapercibido o sería algo normal, pero para un compositor, sería simplemente música para sus oídos. Y así surge el pilón, de Enrique Bonne, del sonido que salía de las lomas de Piloto del Medio en Segundo Frente mientras una mujer pilaba café. El pilón, ritmo que atraparía a miles de cubanos décadas atrás, pero debido a los dotes de otro músico, justamente del que les quiero hablar. Otro que nació en la cuna del son, pero no fue precisamente el son el que hizo que con menos de treinta años ya fuera de los intérpretes más populares durante la década de los 60 y 70. Fueron las guarachas, los boleros y el pilón de Bonne quienes lanzaron de una vez y por todas a Pacho Alonso al estrellato.


El pilón, ritmo popularizado por Pacho Alonso. Foto: Internet

 

Pascacio Alonso Fajardo, nombrado solo como Pacho Alonso, es reconocido tanto por su impecable tono de voz como por el sentimiento que ponía en cada interpretación. Logró popularizar diversos temas, en su mayoría de Enrique Bonne. Pero no solo en Cuba, también logra posicionarse en las listas de muchos países, como Colombia, Francia y Rumania.

Santiago de Cuba, famosa por dar a luz a disímiles compositores e intérpretes que han hecho de la música cubana una de las más escuchadas alrededor del mundo y orgullosa de sus frutos, también vio a Pacho Alonso hacer de la música popular cubana su vida.

Músicos de su ciudad natal lo recuerdan desde muy joven. Alejandro Almenares, a quien llaman el último trovador de Santiago, a los siete años fabricara su primera guitarrita y uno de los treseros más importantes de nuestro país, que construyó guitarras a trovadores del mundo entero, como él mismo constata, en la Casa de la Trova de nuestro Santiago, me cuenta que la vida de Pacho Alonso fue preciosa. Eran amigos y compañeros de música, pero también de la infancia, del barrio.

“La influencia que ha dejado su música en los santiagueros ha sido inmensa, aquí fue grandioso y en La Habana creció. Se fue a la capital con sus Bocucos, y triunfó”.

Los Bocucos fue el nombre que le daría Pacho Alonso al conjunto musical que creó, pero que primero se llamó Los Modernistas, con el que actuara en cabarets y sitios nocturnos de toda la Isla.

Almenares afirma no conocer ninguna composición de Pacho Alonso, aunque se dice que hizo alguna que otra pieza.

“Él tenía un estilo propio, nunca imitó a nadie y eso lo hizo brillante”.

Son muchos los santiagueros que recuerdan a Pacho Alonso con aprecio y cariño. Y no solo los del gremio de la música.

“Sí, cómo no, él popularizó muchas de las guarachas compuestas por Bonne, el también conocido como Rey del Pilón”.

Así me cuenta Fátima Patterson, reconocida actriz santiaguera que tuvo el placer de conocer bien de cerca a Pacho Alonso.

Fátima, hija de músico, recuerda su casa llena de los amigos de su padre, aquellos tiempos bohemios donde se hacía acompañar por grandes de la música cubana, Mario Patterson, padre de la Premio Nacional de Teatro, tocaba trompeta en la orquesta de Mariano Mercerón, donde también cantaba Pacho Alonso y de donde surge la entrañable amistad con Enrique Bonne, también miembro de la orquesta. Contaba a su hija las anécdotas de sus andanzas con Pacho y Fernando Álvarez, también cantante de Mercerón. Decía que siempre vio el camino que tenía Pacho por delante, donde vislumbró su fama creciente. La actriz dice recordarle como un hombre emprendedor, le maravillaba la aceptación del público santiaguero cuando llegaba a la ciudad.

“Solía ir a tocar a Santa Rita, calle santiaguera cercana a la casa de Pacho y una de las zonas principales del Carnaval Santiaguero, adonde siempre llagaba para darle de probar a su pueblo un poco de su música”.

Marino Wilson Jay también tuvo el gusto de compartir con él.

“Bájate, que esta no es guagua de pueblo”. Así le ordena Pacho Alonso, por allá por junio del 67 en el Club Janoy en Guantánamo, a Marino Wilson, poeta guantanamero, aunque ya hoy es más santiaguero que otra cosa, pues desde muy joven se mudó a la Ciudad Héroe. Marino también conoció a Pacho, y de qué manera. Al pedirle una entrevista para que me hablara un poco del músico, me dijo que solo podía hacerme una anécdota que recordaba.

Cuando el poeta era un muchachito, al terminarse uno de los conciertos de Pacho en El Guaso, decidido a regresar a su casa, tomó la primera guagua que vio en el camino, y resulta que era la guagua de los músicos y Pacho, al verlo, sin pensarlo dos veces exclamó “Bájate, que esta no es guagua de pueblo”, a lo que Marino respondió: “Algún día te voy a recordar esto”.

Y como se sabe, el mundo es redondo y da vueltas. Pasaron los años y una mañana en la CMKC, emisora radial de Santiago, en la oficina de Rodulfo Vaillant, actual presidente de la filial santiaguera de la UNEAC, donde se encontraba Marino, llega el señor Pacho Alonso y enseguida volvió a su memoria aquel momento en Guantánamo, donde Pacho lo expulsó de su guagua. Allí, sale a relucir en boca de Pacho la figura de Manuel Galich, destacado ensayista e historiador guatemalteco, y según cuenta Marino, Pacho hablaba como si los presentes no conocieran la figura de Galich, quien también fuera director del Departamento de Teatro de la Casa de las Américas, y así, entre disputas, arte y teatro latinoamericano, el poeta guantanamero dice haber olvidado aquel malentendido entre el músico y él. Cuenta que era un hombre duro, pero a la vez agradable y culto, que siempre tenía anécdotas para contar y te hacía olvidarte de todo.

Y quién iba a pensar en aquel tiempo que ese muchachito al que Pacho echó de la guagua un día, viviría cerca de su casa en la urbe santiaguera, en Santa Rita, calle de los Carnavales donde también bailaría al compás de las guarachas que popularizó Pacho Alonso, y quién iba a pensar que ese mismo muchachito, quien fuera asesor literario en Teleturquino, sería el asesor del último programa de televisión que se le hiciera en Santiago de Cuba, poco antes de su partida física, al Gran Pacho Alonso.

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