Unos meses atrás hice pública una carta mía a Víctor Fowler, poeta, ensayista, periodista, polémico, quien fue mi vecino cuando viví en Infanta y Manglar. Desde hace un tiempo (especialmente desde que vive en Cojímar), el teléfono, el correo y Facebook son nuestras vías más frecuentes de comunicación.

“La trascendencia de Carlos Marx, cuyo bicentenario se cumplió el 5 de mayo de 2018, y de El capital, que llegó a 150 años en 2017, es inconmensurable”. Imagen: Internet

Mi exvecino me lanzó una pregunta: ¿Para qué sirve hoy Carlos Marx? Esta fue mi argumentación, pero antes empezaré por decir para qué no sirve Marx:

  1. No vale disfrazarse de marxista, como hicieron algunos de sus contemporáneos, lo cual él rechazó de cuajo. Federico Engels, el 27 de octubre de 1890, le escribía a Pablo Lafargue: “Ha habido revueltas de estudiantes; literatos y otros jóvenes burgueses desclasados se han lanzado al partido, han llegado a tiempo para ocupar la mayoría de los puestos de redactores en los nuevos periódicos que pululan y, como de costumbre, consideran la universidad burguesa como una escuela de Saint-Cyr socialista que les da derecho de entrar en las filas del partido con el título de oficial, si no de general. Estos señores practican todos el marxismo, pero de la especie que se conoce en Francia desde hace diez años, y del que Marx decía: ‘Todo lo que sé es que yo no soy marxista’. Y probablemente diría de estos señores lo que Heine decía de sus imitadores: ‘Sembré dragones y coseché pulgas’.
  2. Tampoco sirve como simple recetario en el que se diga: Con unos kilos de proletarios, otros de materialismo dialéctico y un grupo de seguidores “ilustrados” se puede destruir el capitalismo.
  3. No sirve para explicar de un plumazo lo que significa la enajenación, porque para llegar a ese difícil concepto primero habría que amasar desde los Manuscritos económicos y filosóficos de 1848 hasta lo que hay de él (el resto es de Engels) en el tercer tomo de El capital, donde la famosa mercancía circula.
  4. Marx no se puede usar como decálogo para construir el comunismo (él no habló de socialismo, en su época tenía muy poco prestigio).
  5. Los manuales sobre su obra han demostrado ser pura bazofia: al Moro hay que entrarle de frente, leerlo en su esencia, repetir la lectura sobre párrafos o páginas que una no entiende.

“La contradicción social más palpable: la mayor riqueza y la mayor pobreza de la tierra”.

“Se consideraba alemán y ciudadano del mundo”.

Marx sirve para:

  1. Entender el capitalismo: hizo su más completo desmontaje, un análisis no superado hasta hoy. Es tan bueno su estudio —centrado especialmente en El capital, aunque no solo ahí— que hoy sigue siendo texto obligado en Harvard, Oxford y casi todas las universidades del mundo. No se pueden entender los procesos sociales del siglo XXI sin los instrumentos que facilitó Marx en el XIX.
  2. Descubrir qué es la plusvalía fue uno de los aportes más importantes a las ciencias económicas y sociales en general. Sin comprender ese hecho no se puede explicar el tránsito de la comunidad primitiva hasta el capitalismo de Estado. Y me arriesgo a decir que de alguna manera explica la explotación del Sur por el Norte.
  3. Colocó el materialismo al derecho, hasta él estuvo al revés: el idealismo —especialmente por parte de Hegel— aportaba la dialéctica y el materialismo; Feuerbach, por ejemplo, contribuía con su materialismo, pero unos negaban a los otros como si fueran excluyentes. Marx y Engels, en un brillante movimiento cognitivo, pusieron la filosofía de pie.
  4. Si el descubrimiento de la plusvalía fue esencial, hacer entender lo que significaba la circulación mercantil (esbozado por Marx y desarrollado por Engels) en el tercer tomo de El capital fue un aporte medular para descubrir el mecanismo de enriquecimiento/empobrecimiento, y por tanto, de las clases sociales.
  5. Al desmontar la esencia del sistema capitalista, Marx, de hecho, dejó claro lo que no se puede hacer en el socialismo.
“Fue un hombre genial, extraordinario, trascendente, pero un hombre”. Foto: Tomada de Pixabay
“Marx y Engels, en un brillante movimiento cognitivo, pusieron la filosofía de pie”. Imagen: Internet.

La trascendencia de Carlos Marx, cuyo bicentenario se cumplió el 5 de mayo de 2018, y de El capital, que llegó a 150 años en 2017, es inconmensurable. En lo personal confieso que me acerco a los procesos que ha vivido (y vive) Cuba de una manera consciente gracias a Carlitos y a uno de sus más grandes discípulos, Fidel. En algún momento se reconocerá su concepto de Revolución como uno de los aportes vitales a las categorías marxistas.

Me permito un viaje en el tiempo. Con la caída de Napoleón en 1814 las fuerzas conservadoras feudales pensaban que el régimen burgués había fenecido. Nada más lejano de la realidad: su semilla estaba viva, y luego de la restauración monárquica de Luis XVIII, a quien le siguió Carlos X, para terminar con Luis Felipe en 1848, hubo un estallido revolucionario que depuso al Rey hasta hoy. La burguesía ganaba porque era mejor que el feudalismo y le había llegado su turno. Fueron solo 34 años, una vida para un ser humano, un destello apenas perceptible en la historia humana. Ese lapso fue un retroceso, pero en la vuelta en espiral a partir del 48 el capitalismo (que ya existía) se afianzó no solo en Francia, sino en toda Europa y más allá del Atlántico. Pongo este ejemplo porque no sé si lo que vendrá después del capitalismo será comunismo o socialismo, el nombre no me importa. Lo que sé es que el capitalismo no puede ser el fin de la sociedad humana, con toda su carga de odio, quizás sea el final por una explosión nuclear de dimensiones colosales, pero de lo contrario, la izquierda volverá a tener la fuerza que necesita para devenir rabo de nube que borre un sistema opresor per se.

“Solo puedes cambiar amor por amor”.

Estas líneas fueron solo una provocación. El marxismo, gracias a su concepción primigenia del judío alemán y de Engels, no es inamovible, al contrario, se enriquece con los aportes de estudiosos que hacen suyo ese bello deseo de “que el hombre sea hombre y que su relación con el mundo es humana: entonces solo puedes cambiar amor por amor”. Así pues, ¿Marx es o no otro misterio que nos acompaña?

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