“¿Qué es Cuba para mí?”

Respirar y sentir el oxígeno del recuerdo,

ese ayer que no abandona mi presente,

respeto a los ausentes que entregaron su vida,

la fe que mantiene viva la esperanza de un país,

el gran Don Fernando Ortiz en letras de cubanía,

la risa que no se pierde entre tanto sufrimiento,

el odio y el cruel lamento de aquellos que la deshonran,

una Habana enamorada que reconquista el aliento,

palmeras que al son del viento se despeinan de su enojo

para quedarse en tu alma cuando la miran tus ojos.

“Cuba es cada amanecer desde cualquier latitud”.

Ella es el orgullo paternal,

recuerdo del militar que se la llevó en sus sueños,

la dignidad y el empeño que se entrega día a día

las carencias que no matan la historia que se defiende,

la luz que siempre se enciende entre tanta adversidad,

la fuerza de la verdad para continuar luchando

contra el horrendo bloqueo que nos ha estado asfixiando.

Cuba es cada amanecer desde cualquier latitud,

el buchito de café que te inspira en la mañana,

esa comida cubana mezclada entre mil sabores,

el toque de los tambores para alimentar la fe,

cantar la “Guantanamera” con la lágrima que asoma,

sentirnos buenas personas cuando tendemos la mano,

es la esencia del cubano: ser cálido y solidario,

lo aprendimos a diario y es parte de nuestra historia.

Tal vez no te he dicho claro lo que es Cuba para mí

entre todo el frenesí que al hablar de ella me inspira,

mi patria es la que respira la vida que me sostiene,

la que tiene más razones que quedan por defender,

la que no puedo esconder cuando el orgullo me llena,

la que llora por la pena cuando recuerda a Fidel,

la necesidad de ser fiel al legado más preciado;

ese que todo me ha dado para encontrar el camino.

Las riendas de mi destino las tomé un día en mis manos,

qué importa qué tierra piso: me muero siendo cubana.

María Elena Mora, economista, poeta y Embajadora de la Paz por su trabajo en defensa de los derechos de la mujer. Foto: Cortesía de la autora

“Extranjera”

Extranjera en la verde esperanza,

allí donde danzan de noche los recuerdos ancestrales,

aquellos viejos vitrales como espejo de palmeras,

la rumba marcando el paso de una mulata cualquiera,

el cajón o dos cucharas son parte de sus caderas,

pero su pasaporte la hizo sentir extranjera.

“Te vas conmigo, caimán, en mi oscura travesía”.

Lleva en los hombros cargado el caimán de sus sueños,

como el verdadero dueño de toda la travesía.

Sueños, realidad, fantasía, palmeras que lleva el viento.

Su boca sin aliento a menudo repetía:

Te vas conmigo, caimán, en mi oscura travesía.

Solo tendremos la luz de mi humilde poesía,

sin métrica, burda y clara, como el caudal de aquel río

en que se le canta a ochún para entregar una ofrenda.

No tengas miedo, caimán, si por cargarte me ofenden,

tal vez algún día comprendan, en un momento cualquiera,

que con el verde caimán nunca carga una extranjera.


Datos de la autora: Economista y poeta. Representante de Timbalaye en América Latina. Embajadora de la Paz por su trabajo en defensa de los derechos de la mujer. Reside en México.