Santiago de Cuba (505): te pienso desde La Habana

Elaine Caballero Sabugueiro
24/7/2020

De niña siempre escuché hablar de Santiago de Cuba, como es lógico, pero al fin y al cabo quedaba muy lejos de la capital, decían que el calor allí era insoportable, que sucedían muchos temblores de tierra y que “La Habana era La Habana”, lo demás podía quedar para un después. Así crecí pensando en la Ciudad Héroe demasiado lejana para mí.

Como el cambio es inherente al hombre, un día nació la oportunidad de visitar Santiago y la ciudad me recibió como una hija más, como si me estuviera esperando, como si nos hubiésemos conocido de siempre. Quedé sorprendida con la vida que palpita allí, ese algo inexplicable que se percibe hasta en el aire. Se trata de una sensación diferente de libertad al caminar su boulevard, al dejarte quemar por el inevitable sol persistente durante el día.

Monumento a José Martí en el cementerio de Santa Ifigenia. Fotos: Cortesía de la autora
 

Las calles de la primera capital de Cuba, fundada el 25 de julio en 1515, hace 505 años, se vislumbran elegantes ante la mirada de terceros. Arterias amplias llenas de colores, limpias, donde la arquitectura clásica armoniza con las construcciones modernas, de manera perfecta y hasta coqueta. Al fondo, en el horizonte, una impresionante vista permite contemplar un mar de montañas, consideradas centinelas de la región y sus secretos. En Santiago escuché decir que sus mujeres y ciudadanos en general, casi siempre cuentan con piernas tonificadas debido al sistema montañoso manifestado en los altos y bajos de las avenidas.

Para celebrar el esperado aniversario, el slogan escogido ha sido Superando sueños, en sintonía con la etapa de recuperación y la nueva normalidad del país. Ese día puedo augurar una magia diferente en la región que vio nacer a Sindo Garay, Miguel Matamoros y Compay Segundo.

El Santuario El Cobre.
 

Cuna y pan Santiago, la tierra del son y la trova, la urbe que amanece temprano y que no se resiste a la rumba, a las trompetas chinas, a un buen ron y a bailar hasta el amanecer, si es preciso. Durante mi estancia pude ver el Desfile de la Serpiente en el Festival del Caribe del 2019, un momento mágico donde los colores y la buena vibra no faltaron en las largas horas de espectáculo y donde las personas parecían recobrar fuerzas con la música de los tambores. Una presentación envidiable de cualquier carnaval habanero.

Santiago embellece con el tiempo, la pienso como una señora antigua de 505 años bien cuidada por la Oficina del Conservador, dirigida por el historiador Omar López y su equipo del plan maestro, junto a otras direcciones vinculadas al patrimonio, porque lo que no se restaura con amor y conciencia le pertenece al olvido. Esos profesionales han sabido preservar sus seis paisajes culturales de exquisita belleza. Hablo del Castillo del Morro San Pedro de la Roca, El Santuario El Cobre, el Centro Histórico con sus tres anillos fundacionales, así como el Paisaje Arqueológico Cafetalero de las primeras plantaciones del sudeste de Cuba, el Parque Arqueológico Batalla Naval 1898 y el cementerio patrimonial de Santa Ifigenia.

Castillo del Morro San Pedro de la Roca.
 

Velar por mantener vivas las tradiciones y el patrimonio construido significa gran responsabilidad con el presente y el futuro inmediato. Gracias a su trabajo meritorio, Santiago de Cuba puede hablar de buenas prácticas en la preservación de edificaciones históricas con valor para la cultura insular. Cada año abren los debates a la manera más eficaz de proteger el tesoro material e inmaterial de las ciudades, con la realización de Encuentros de Expertos en Paisajes Culturales, una cita para aprender a velar lo que el hombre y la naturaleza construyeron juntos y por separado.

Su emblemática catedral, ubicada en un lugar emblemático, resalta su esplendor y viveza. La construcción invita, una vez parada delante de su estructura, a descifrar cada detalle, cada elemento con ese halo enigmático para el intelecto humano.

La catedral de Santiago de Cuba.
 

Los santiagueros afirman que su ron es el mejor, nunca podrías ganar esa discusión con ellos; viven orgullos de su ciudad donde viajar en motocicletas es el equivalente a los carros antiguos (almendrones) en La Habana. Hablar de su hospitalidad es casi un deber, porque siempre parecen dispuestos a darte la mejor de las explicaciones sin esperar un gracias a cambio. Así van dejando un imaginario cultural maravilloso y admirable.

Si Santiago fuera un color sería el rojo, si tuviera que definirla como sentimiento apostaría por la bondad y si algún día, el destino lo permite, volveré a inundarme con sus encantos, tal y como la primera vez.